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Por Lucian Deaton

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Considerando las necesidades de los ancianos y de las personas con discapacidad en la evacuación de incendios forestales

Durante una serie de incendios forestales que se propagaron por todo California en el mes de junio,  recurrió un doloroso tema:  residentes muriendo en sus hogares o en sus propiedades. En el incendio de Erskine, tal como lo informó  Los Angeles Times y luego el Washington Post, una pareja de ancianos, Byron y Gladys McKaig, fue encontrada muerta en una esquina de su patio, sus cuerpos entrelazados, uno en brazos del otro. La pareja sucumbió a la inhalación de humo mientras Byron, de 81 años, sacerdote retirado, y  Gladys, de 90, la organista de la iglesia intentaban evacuar el lugar.   

En un incendio forestal, la  evacuación presenta características únicas dado que, a diferencia de los huracanes que pasan o de las inundaciones que finalmente cesan, los incendios forestales pueden  volverse sobre sí mismos,  arder, lanzar brasas o humear lejos de la fuente  en desplazamiento. En estos eventos no siempre es claro en qué momento se está fuera de peligro. A pesar de no conocer las particularidades de cómo y por qué los McKaig dejaron su hogar cuando lo hicieron, el hecho me hizo considerar  cómo la dificultad y la confusión de la evacuación durante un incendio puede agravarse cuando se trata de adultos mayores y de personas con discapacidad.

El Comité Asesor y Revisor del Acceso de Personas con Discapacidad de la NFPA o DARAC, recientemente publicó la segunda edición de la “Guía de Planificación de la Evacuación de Emergencia  para Personas con Discapacidad” (nfpa.org/disabilities), documento que ofrece  una valiosa perspectiva sobre este desafío.

La guía revisa las categorías generales de la discapacidad y los elementos de evacuación, tales como la notificación, la asistencia y la posibilidad de encontrar las salidas, elementos para los cuales los ocupantes deben estar preparados en una emergencia.   Además de la confección de la guía, el comité asesor explora las estadísticas en torno a la discapacidad, e intenta influir tanto en el desarrollo de la promoción como en el desarrollo de las normas para reflejar de manera más exacta las necesidades de todos los residentes.

Las estadísticas recopiladas por el DARAC incluyen poblaciones y circunstancias más complejas  de lo que inicialmente se consideraba una “discapacidad,” y me di cuenta de   los enormes desafíos  con que se enfrentan estas poblaciones. En base al Censo de los EEUU del año 2010, de los 313 millones de personas que constituyen la población del país,  56 millones tienen al menos una discapacidad, física o intelectual. Esto incluye personas con discapacidades que no  siempre son visibles;  por  ejemplo: aun pudiendo parecer  físicamente sana para  una persona con un problema cardíaco,  salir rápida e inesperadamente de un lugar podría resultarle  muy difícil. . Asimismo, existen aproximadamente 38 millones de personas de más de 65 años y 5 millones de más de 85, así como  unos 50 millones de menos de 14. Tomando en cuenta todos estos datos,  casi la mitad de la población de los EEUU cae en alguno de estos grupos en los que, ya sea por la edad o por alguna discapacidad,  la evacuación durante un incendio forestal podría ser particularmente desafiante. Y esto ni siquiera incluye a los indigentes  ni a aquellos en  hospitales e instituciones.   

La consideración de todas estas cuestiones genera una cantidad de preguntas. ¿Cuántos de estos residentes vulnerables son propietarios de automóviles, dependen del transporte público o cuentan con alguien que los lleve?  Conozco el nivel de planificación necesario cuando se tiene familiares mayores, y se trata de algo tan simple como hacer las compras. ¿Qué tipo de planificación sería necesaria  para evacuarlos de manera segura cuando hay humo en el aire?

Las poblaciones de adultos mayores y de personas con discapacidad no son grupos marginales. Todos sabemos que existe una buena posibilidad de que pertenezcamos  a por lo menos uno de esos grupos en algún momento de nuestras vidas, una situación inevitable que   atraviesa todos los estratos sociales  y socio económicos. En un incendio forestal, también sabemos que no podemos asumir que un camión cisterna se estacionará frente a cada vivienda. La responsabilidad  es de cada individuo, pero también de la sociedad, en tanto al modo en que colaboramos con nuestras poblaciones más vulnerables brindando educación y planificación para asegurar que nadie pierda la vida en un incendio forestal.

LUCIAN DEATON es gerente de proyecto en la División de Operaciones contra Incendios Forestales de NFPA. Fotografía: Reuters

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