En Mi Opinión Muy Personal sobre el Caso Ycuá Bolaños
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En Mi Opinión Muy Personal sobre el Caso Ycuá Bolaños

Por Jaime Moncada-Pérez , CEPI, SFPE

Durante mi carrera en seguridad contra incendios, la cual ya lleva muchos años, con tristeza he visto que América Latina ha sido uno de los más grandes proveedores de incendios catastróficos. 

Basta recordar el Bleve en San Juan de Ixhuatepec, México (498 muertos en 1984), el incendio de un circo en Niteroi, Brasil (323 muertos en 1961), el incendio en un expendio de fuegos artificiales en Lima, Perú (274 muertos en el 2001), la ebullición desbordante del tanque en Tacoa, Venezuela (220 muertos en 1982), el incendio en el rascacielos Joelma en San Paulo, Brasil (180 muertos en 1974), el incendio en una prisión en San Pedro Sula, Honduras (103 muertos, 2004) o el incendio de un hotel de cinco estrellas en San Juan, Puerto Rico (96 muertos, 1986). Recuerdo hace muchos años haber leído del incendio en la Iglesia de la Concepción en Chile, donde en 1863 murieron 2.500 personas o en el 2001 haber sentido gran tristeza al ver el hundimiento de la plataforma costa afuera más grande del mundo en Brasil, la que era un gran logro de nuestra ingeniería Latinoamericana, luego de una explosión y un incendio. 



Al iniciar este mes de Agosto del 2004 aparece un nuevo campeón con el incendio en el supermercado Ycuá Bolaños en Asunción, Paraguay, donde más de 420 seres humanos perdieron la vida, 40 siguen en estado crítico y 132 niños han quedado huérfanos. Lo que inicialmente más me impactó es que era un edificio moderno, recién construido, en una época donde la tecnología disponible es adecuada para evitar esta tragedia. Una estructura agradable a la vista y aparentemente segura para todos los clientes que acostumbraban visitarlo, quienes ajenos a los peligros, a las amenazas escondidas en su interior, en su construcción vulnerable, acudían a ver, a admirar, a comprar, a comer y a llenar sus necesidades cotidianas. 

Los arquitectos e ingenieros que diseñaron el edificio, los propietarios del supermercado, los constructores, los auditores de la construcción, los corredores y compañías de seguros, los cuerpos de bomberos, la autoridad competente, inclusive los encargados de protegerlo con sistemas de protección contra incendio, todos ellos fallaron en detectar, definir el riesgo, advertir los potenciales problemas y las serias amenazas presentes en el sitio, en su estructura, en sus servicios, en su contenido, en su operación cotidiana.

Los edificios se construyen y se adecuan para vivir, para trabajar, para divertirse en ellos y no para morir a causa de un incendio. El derecho a la vida es sagrado y la ignorancia de la ley no justifica que ella se viole, los derechos humanos claman a los cuatro vientos por ese principio.

No podemos ser mercaderes de la muerte diseñando, construyendo, vendiendo y suministrando elementos y servicios no adecuados. Construyendo “sitios para morir” en lugar de “sitios para vivir”. El manejo del espacio, de la luz y del color no puede ser ajeno a la seguridad humana. El confort y la seguridad física no pueden reñir con la seguridad contra incendios. 

¿Por qué nos suceden este tipo de tragedias? ¿Por qué estas noticias se vuelven cotidianas? ¿Por qué tenemos la sensación que mañana volveremos a oír lo mismo o peor? ¿Por qué la reacción de las Autoridades es la misma? Rasgarse las vestiduras, mesarse los cabellos y manifestar: "Esta tragedia se investigará hasta encontrar los culpables y se castigará con todo el peso de la ley". Posiblemente semanas después todo se olvida y solo los deudos, los padres, los hermanos y los huérfanos lo recuerdan y se preguntan. ¿Quién fue el culpable? ¿A quién castigaron? ¿Qué se remedio? También se preguntan: ¿Será posible que esto también me pase a mí cuando ingrese a un edificio? 

Debo mencionar que hasta ahora en Latinoamérica, la protección contra incendios es ajena a la aplicación de sanas prácticas de ingeniería de incendios, quizás más por desconocimiento que por otra cosa. La protección contra incendios se ha ejercido por medio de la venta de equipos en lugar de sistemas, ignorando que buenos equipos no hacen buenos sistemas de protección (aunque buenos sistemas si requieren buenos equipos). Todavía es común que el vendedor de equipos contra incendios sea quien diseña la estrategia de seguridad contra incendios, ajustando la protección al equipo pero no al sistema y mirando al problema puntualmente pero no globalmente. Por ello la protección se hace ignorando la identificación y la corrección del riesgo, adquiriendo equipos contra incendios como armas para la guerra contra enemigos que no conocemos pues están ocultos en las características del edificio o estructura, en sus contenidos y en la ignorancia de la gente que los usa o que paradójicamente están para cuidarlos y protegerlos.

La comunidad especializada en protección contra incendio que ya existe en Latinoamérica y que en su mayoría sigue las normas y guías de la NFPA, tiene una inmensa responsabilidad y debe levantar su mano, dejar oír sus voces, hacerse presente, hacer gala de todos los principios aprendidos y demandar la atención de los gobiernos y autoridades que indolentemente miran y buscan los culpables inmediatos olvidando las reales causas de estas tragedias. Esos que dirigen la atención hacia la búsqueda de "la paja en el ojo ajeno ignorando las vigas en sus propios ojos". 

El Ing. Jaime Moncada-Pérez , CEPI, SFPE, es Miembro de la Junta Directiva de la NFPA

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