El alma de la fiesta
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Lugares de Reunión Pública, Discotecas & Egreso

El alma de la fiesta

Por Jesse Roman

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Lugares seguros. Servicios de salud mental. Instalaciones de análisis de drogas.

Bienvenido al nuevo y valiente mundo de reducción de daños, la última herramienta para la seguridad humana de la floreciente industria global de los festivales.

En las primeras horas del domingo 29 de mayo, Nancy Bermudez recibió un estremecedor llamado de un trabajador social del Hospital St. Joseph de Tampa, Florida. Katie, la hija de 21 años de Bermudez, estaba en el hospital y el panorama era desesperante. Cuando Bermudez llegó, según el Tampa Bay Times, encontró a su hija inconsciente y aferrada a la vida con la ayuda de intubados y máquinas. “Katie, tienes que pelear”, le susurró Bermudez. Al día siguiente, Katie murió.

La medicatura forense aún debía determinar la causa de la muerte de Katie Bermudez y de Alex Haynes, de 22 años, ambos fallecidos durante el fin de semana del día de Conmemoración de los Caídos, después de haber sido llevados de urgencia al hospital desde el Festival SunsetMusic, una fiesta de música electrónica (electronic dance music o EDM) que se estaba llevando a cabo en el Estadio Raymond James de Tampa. Otros 57 asistentes también fueron trasladados al hospital durante el fin de semana por diversas dolencias, y 25 personas más fueron acusadas de delitos graves, actividades que rigurosamente demandan la participación de los socorristas locales. Ni la policía de Tampa ni el alcalde Bob Buckhorn esperaron los informes toxicológicos para hacer sus evaluaciones sobre lo que había sucedido. “Festivales de esta clase atraen este tipo de consumo de drogas y estos tipos de drogas. Si se combina eso con el calor que impera en el estadio, realmente se crea el ámbito perfecto para que sucedan este tipo de hechos indeseables”, dijo el alcalde en su declaración a los medios informativos locales poco después del festival Sunset, que atrajo a alrededor de 30,000 personas. “Claramente se trata de un evento que nosotros, como comunidad, debemos reconsiderar”.

No es fácil obtener información pormenorizada sobre heridos y muertes ocurridas durante festivales, pero sí sabemos que cada año mueren una gran cantidad de personas y otros cientos sufren heridas en festivales de música en todo el mundo. Generalmente, entre las víctimas fatales encontramos el consumo de drogas siguiendo un patrón similar que se repite: hay alguien que consume una gran cantidad de la droga equivocada o una combinación de drogas, se deshidrata o sobrehidrata, o sufre un acaloramiento excesivo, y posteriormente se pierde la conciencia. Después de la muerte de una joven de 20 años de edad en el Carnaval Margarita Electrónica (Electric Daisy Carnaval o EDC), en Las Vegas, ocurrida en junio, el padre de la joven reconoció la presencia de drogas en el sistema orgánico de su hija y que en gran parte fueron las drogas las que la llevaron a su muerte. “Pero no fueron solamente las drogas las que la mataron”, dijo a Associated Press. “Estuvo en el EDC de Las Vegas durante los tres días bajo un calor récord. Eso solamente podría matar a cualquiera”.

Las drogas y las condiciones climáticas no son los únicos peligros. En mayo murió un hombre después de haber sido fatalmente agredido en un festival en California. Las aglomeraciones de multitudes pueden matar a muchas personas, como en el caso de las 21 personas que murieron en 2010 en el festival de música electrónica Desfile de Amor (Love Parade), que tuvo lugar en Alemania. Además, hay casos verdaderamente desafortunados, como el de la mujer de 28 años de edad que murió cuando un rayo impactó en su carpa, en un festival de música realizado en Louisiana, en marzo.

Cuando hay presencia de drogas, los incidentes en festivales provocan una especial e intensa reacción del público, el foco de los medios, siendo la causa del cierre de los festivales más importantes del mundo, desde Los Angeles hasta Kuala Lumpur.

En el Condado de Los Angeles en dos oportunidades prohibieron temporalmente las raves—grandes fiestas de música electrónica—luego de incidentes en los que murieron personas; el primero cuando una joven murió por una sobredosis en el EDC, en 2010, y nuevamente el año pasado después de que dos jóvenes mujeres de 18 y 19 años, murieron en el Hard Summer Music Festival en Pomona.

Sin embargo, el impacto de las tragedias de tan alto perfil pueden impedir que se tome en cuenta el hecho de que la gran mayoría de los festivales ocurren sin que se produzcan incidentes, gracias, en parte, a una serie de nuevas y emergentes medidas que los festivales y las organizaciones sin fines de lucro aplican para mejorar la seguridad de la multitud. Algunas de esas acciones entran en la categoría de “reducción de daños” e incluyen estrategias tales como equipos de asistencia en sitio conformados por voluntarios, espacios de seguridad exclusivos para mujeres y personas que necesitan escapar de la multitud y laboratorios en sitio donde los asistentes pueden llevar sus drogas para que se analicen y así verificar si están adulteradas. Mientras tanto, los socorristas en sitio, los responsables del manejo de multitudes, los servicios médicos y de emergencia resultan ser hoy cada vez más sólidos y sofisticados. Las medidas complementan la evaluación de la seguridad humana y es uno de los aspectos de NFPA 101®, Código de Seguridad Humana, que se aplica a los eventos de reunión pública, tales como festivales, para garantizar que se cuente con los elementos necesarios para proteger la seguridad de los asistentes. Todos estos pasos se han tornado cada vez más importantes a medida que los festivales toman mayor envergadura, cada vez más multitudinarios y complejos, y generalmente situados en entornos aislados que requieren de un alto grado de autosuficiencia.

“En comparación con lo observado diez años atrás, en la actualidad es mayor la cantidad de eventos mejor organizados, con más requisitos y mayor supervisión y en los que se demuestra una mejor planificación y coordinación con las agencias locales”, expresó Joseph Pred, quien fue jefe de operaciones de los servicios de emergencia en el festival Burning Man (Hombre Ardiente) durante dieciocho años y es ahora dueño de Mutual Aid Response Services, una empresa de consultoría que trabaja con festivales en todo el mundo. “Tan pronto como te alejas del entorno de un festival urbano y ya no puedes confiar en los recursos fijos, entras en una categoría diferente de festival. El enorme crecimiento del mercado de los festivales ha llevado a que se realicen más eventos en lugares más remotos, y los festivales están tomando conciencia de que [para alcanzar el más alto grado de seguridad humana], necesitan ese alto nivel de sofisticación”.

Demandas de la industria

Pred no exagera sobre la dinámica del mercado de los festivales—en todo el mundo los festivales de música están gozando de niveles de popularidad y rentabilidad sin precedentes. De acuerdo con un informe realizado en el 2015 por la empresa de datos de los consumidores Nielsen, alrededor de 32 millones de personas asisten al menos a un festival de música en los Estados Unidos cada año, y un tercio de los fans asisten a más de uno. El estudio también mostró que quienes asisten a un festival son apasionados y viajan en promedio 903 millas para llegar al lugar del evento. Musicfestivalwizard.com enumeró 17 de los principales festivales de música que tuvieron lugar en los Estados Unidos solo en el fin de semana del día de Conmemoración de los Caídos y en el sitio se mencionan 174 festivales anuales en los Estados Unidos, probablemente una cantidad mucho menor que la real. En Europa, la manía de los festivales ha aumentado en cantidades aún mayores. Un artículo del LA Weekly, publicado en 2013, menciona que la cantidad de festivales anuales que se llevan a cabo en el continente es de entre 2,500 y 3,000, de los cuales 670 tienen lugar en Inglaterra solamente, un aumento del 73 por ciento entre los años 2003 y 2013.

El crecimiento se ve determinado por la cultura y la economía. Mientras las ventas de discos descienden de manera significativa en la era digital, la industria de la música y los artistas confían cada vez más en los eventos en vivo para compensar la diferencia. En parte debido a la intensa competencia en las reservas de actuaciones estelares, los intérpretes principales perciben hasta US$ 4 millones por festival, según se menciona en la revista Rolling Stone, y las actuaciones de artistas de menor renombre pueden convocar más público y tener una exposición mayor a la que tendrían trabajando en presentaciones en discotecas. Los promotores y ciudades anfitrionas también obtendrán ganancias, con clientes dispuestos a desembolsar US$300 o más por entrada. De acuerdo con Forbes, las ventas de entradas en los cinco festivales principales de mayor audiencia en los Estados Unidos sumaron en conjunto US$183 millones en 2014, eso sin tomar en cuenta los considerables ingresos por patrocinios de empresas y las ventas de comida, bebidas alcohólicas y artículos de promoción. Un estudio realizado en 2015 por Beacon Economics, solventado por Insomniac, uno de los principales promotores de festivales EDM de música electrónica del mundo, determinó que los 48 eventos que Insomniac celebró desde 2010 hasta 2014 generaron más de US$ 3billones para la economía de los Estados Unidos y crearon más de 25,000 puestos de empleo. Solo el Carnaval Electric Daisy de Insomniac, realizado en Las Vegas, mejoró la economía local de Nevada en US$1.7 billones durante ese período, determinó el estudio, teniendo en cuenta impuestos y lo que los asistentes gastaron en hoteles, comidas, transporte y otros rubros.

La potencial ganancia económica es tan solo una de las motivaciones por la cual los promotores y las ciudades anfitrionas de los festivales se ven presionados a mantener la industria en movimiento sin detenerse y a su vez lograr que los asistentes se encuentren felices y sanos. Los devotos fans de la música, atraídos por las experiencias sociales compartidas y la camaradería que promueve la cultura de los festivales, también están interesados en que la música continúe y se ofrecen como voluntarios, en grandes cantidades, para colaborar en programas de reducción de daños en festivales. Como resultado, toda una industria artesanal, con y sin fines de lucro, ha crecido al unísono con la asistencia a los festivales, construida en torno a la seguridad en los festivales y caracterizada por nuevas e innovadoras estrategias y una sofisticación en constante crecimiento.

No siempre fue así, según Andrew Bazos, un cirujano que comenzó a trabajar en grandes festivales de música en la Ciudad de Nueva York a principios de la década de los 90. En aquel entonces, los promotores estaban obsesionados con los lineups (o listados de artistas), la reproducción del sonido y la seguridad—los aspectos médicos generalmente quedaban en un segundo plano, dijo. “En esos día el promotor llamaba a una ambulancia de una empresa local y de manera arbitraria solicitaba a los aficionados que vinieran, instalaran una carpa cerca del escenario y que trajeran todos los suministros que considerasen apropiados. No se hacía mucho más que eso”, expresó.

Bazos es ahora presidente de CrowdRx, uno de los proveedores médicos para eventos más importante de la industria. El año pasado, CrowdRx estuvo a cargo de los servicios médicos en una gran cantidad de eventos diversos, entre ellos Lollapalooza, Coachella, Bonnaroo, Burning Man y en varios festivales de música electrónica como Mysteryland y Electric Zoo. Cada evento presenta una serie de consideraciones y desafíos únicos, dijo Bazos, y la planificación médica va mucho más allá de tomar un rollo de gasa y salir al ruedo. “La información es ahora quien conduce todo lo que hacemos”, sostuvo. “Usamos los datos para predecir tanto el volumen como los tipos de incidentes que vamos a enfrentar, de manera que podamos estar preparados para dar respuesta desde la demanda de cada instancia. En este momento ya podemos identificar el probable índice de transportes [hacia el hospital] basados en cuatro o cinco diferentes datos clave”. Variables tales como el género musical, si se permite o no acampar, si se venderán bebidas alcohólicas, la cantidad y demografía de los asistentes previstas, la ubicación geográfica y la proximidad con los hospitales pueden, todos ellos, en gran medida, condicionar los suministros, equipos y personal requeridos para un evento, dijo Bazos.

La demografía de la multitud podría ser el factor más importante de todos, según expresa Steve Adelman, un experto en seguridad en eventos y miembro fundador de la Alianza para la Seguridad en Eventos (Event Safety Alliance), una asociación comercial sin fines de lucro conformada por profesionales de la industria de eventos en vivo. “Los hinchas de los clubes de fútbol ingleses van a ser muy diferentes, respecto de la actividad previsible, a los asistentes al Festival Newport Folk, y muy diferentes a los fans de Jimmy Buffet”, expresó.

Entre los expertos de la seguridad en eventos se sabe que, los festivales de música country se destacan por el alto consumo de bebidas alcohólicas, de manera que se instalan más estaciones de suministro intravenoso de fluidos. Los eventos de música electrónica tienen más problemas con las drogas sintéticas, tales como MDMA, comúnmente conocida como “éxtasis” o “Molly”, y su serie de productos químicos de la familia, y los doctores deben estar preparados con la medicación y los planes de tratamiento específicos para esas sustancias. Los eventos al aire libre en desiertos, con altas temperaturas y exposición al sol, requieren más camas de enfriamiento. Muchos de los medios de protección son intuitivos, pero nada tiene que llevar a una tragedia por haber sido ignorado. La planificación normalmente se inicia con un año o más de anticipación.

Antes del festival, se celebran reuniones con las partes interesadas para revisar la logística y los planes de respuesta, que generalmente incluyen ejercicios prácticos de simulación. La cooperación y las líneas de comunicación abiertas son esenciales antes y durante un evento, dijo Connor Fitzpatrick, director de operaciones de CrowdRx. “Nada se hace por cuenta propia, y todo es interdisciplinario”, dijo. Protección contra incendios, servicios médicos, seguridad, operaciones, todas las partes interesadas tienen que involucrarse porque todo afecta a todo lo demás. Si el promotor cobra US$10 el agua, por ejemplo, ello tendrá impacto en el área médica.

La osamenta de la que depende gran parte de la planificación y la seguridad humana deriva de la evaluación de la seguridad humana incluida en NFPA 101. El código exije que se lleve a cabo una extensa evaluación y revisión para todos los eventos de reunión pública con más de 6,000 personas e incluye una detallada consideración de todos los aspectos, desde la densidad de la multitud y el traslado hacia los asientos, las características y el comportamiento de la multitud, el consumo de bebidas alcohólicas y los posibles conflictos grupales, e incluso contempla las relaciones entre la administración de las instalaciones, los participantes del evento, las agencias de respuesta a emergencias y más aún. NFPA 101 también exije que se designe al menos un responsable del manejo de multitudes, debidamente capacitado—las personas que usan vestimentas con la inscripción “Servicios de asistencia” —por cada 250 asistentes. Generalmente, las autoridades competentes son quienes llevan a cabo la evaluación a partir de la información suministrada por el promotor, y son ellos los que le indican al organizador del festival cuáles son las medidas y precauciones que deben cumplirse para que se le otorgue el permiso. En la mayoría de los casos, también se aplican además, muchas otras reglamentaciones y ordenanzas locales.

Si bien NFPA 101 puede garantizar los requisitos mínimos, algunos festivales tienen necesidades tan diferentes y sus ubicaciones son tan austeras y remotas que requieren su propia infraestructura y procedimientos especiales. Burning Man, por ejemplo, se celebra todos los años en septiembre, en un paraje remoto del Desierto de Black Rock, en Nevada, donde todos los años, más de 70,000 personas caminan hacia allí para erigir y vivir en una ciudad temporal, emplazar grandes piezas de arte experimental, bailar y quemar una gran figura de madera que representa a un hombre. Para mantener a todos seguros, toda una sofisticada red de socorristas con capacidades mayores a las que se encuentran en algunas ciudades pequeñas debe ser montada en el medio del desierto. En sus casi dos décadas como jefe de operaciones de los servicios de emergencia de Burning Man, Joseph Pred pudo ver y constatar cómo los equipos para la seguridad del festival crecían; desde una informal red de seguridad y servicios médicos hasta alcanzar a tener un cuerpo altamente estructurado con bomberos, servicios médicos de emergencia, de salud mental y comunicaciones de emergencia, todos coordinados a través de una estructura de comando unificada y un modelo de respuesta de alto rendimiento, construido con la guía de no menos de 60 códigos y normas de NFPA. Pred introdujo el uso de un software de envío asistido por computadora al estilo del servicio 911, con el fin de administrar los recursos y el manejo de incidentes, y de crear un registro definitivo en tiempo real. El cuerpo de bomberos del festival opera con un único comando, con tres estaciones y nueve vehículos. Habiendo dicho todo esto, cuando Pred se fue del festival en 2013, el cuerpo de operaciones de emergencia de Burning Man contaba con 18 jefes principales y subjefes, cada uno con su propio comando, junto con aproximadamente 80 oficiales y más de 750 socorristas. Aunque no todos los festivales pueden presumir de ese nivel de sofisticación en la respuesta, Pred dijo, la brecha se está cerrando cada vez más.

Las capacidades médicas han seguido una tendencia similar, expresó Bazos. El año pasado, por primera vez, CrowdRx obtuvo la adjudicación para la provisión de servicios médicos en Burning Man. Las instalaciones en sitio incluían una sala de emergencias totalmente equipada, dotada de médicos, enfermeras, técnicos médicos para emergencias, ambulancias, servicios de transporte aéreo y un helicóptero. Los médicos de las instalaciones del festival tenían acceso a máquinas de rayos X, ultrasonido, monitores cardíacos, un laboratorio y una farmacia.

Reducción de daños: Ir al encuentro de la gente desde la realidad

Mientras las estrategias y sistemas de respuesta evolucionan para garantizar mejores resultados para quienes asisten a un festival si algo malo ocurre, un ejército de voluntarios y organizaciones sin fines de lucro aboga la implementación de denodadas acciones para evitar, en primer lugar, que algo malo ocurra.

“No se puede tener solamente servicios médicos y policía—esas son estrategias reactivas”, dijo Stefanie Jones de la Alianza de Política Antidrogas (Drug Policy Alliance), agrupación en defensa de la reforma de la ley de control de drogas. “Se puede tener a todos los policías y a todas las pesquisas que se desea y aún así habrá drogas en un festival. Es por ese motivo que lo que promovemos son más recursos, más educación y servicios para la reducción de daños”.

La reducción de daños, como les gusta decir a quienes la defienden, es la práctica de “ir al encuentro de la gente desde la realidad”. Es el reconocimiento de que ningún festival puede tener la esperanza de evitar que las personas elijan hacer algo riesgoso, como consumir drogas, de manera que el festival pueda también hacer todo lo que esté a su alcance para mitigar el daño. De esa manera, la reducción de daños toma diversos formatos, desde el controversial —como es ofrecer agua gratis y tapones para los oídos o un lugar seguro para mujeres que se sientan amenazadas o que hayan sido agredidas— hasta prácticas que causan estupor, como el ofrecimiento de servicios de análisis de drogas para que los asistentes sepan si las pastillas que van a consumir son realmente las drogas que ellos piensan que son.

El patrón oro en la reducción de daños, según muchos de quienes están en el mundo de los festivales, es el Festival Shambhala Music de British Columbia, Canadá. Todos los otoños, durante cinco días y cinco noches, Shambhala transforma el bucólico Salmo River Ranch, una finca situada en el sudeste de British Columbia, en la ciudad más grande de la región de West Kootenays. Más de 10,000 fans de la música electrónica acuden en tropeles al sitio para bailar en los seis escenarios y el campo situados a la orilla del río. El año pasado, cinco de esos asistentes fueron trasladados al hospital; el año anterior habían sido trece. En el festival ha habido una víctima fatal en sus 19 años de historia.

Lo que contribuye al récord de seguridad en el festival es la prohibición de consumo de alcohol en el lugar, en vigencia desde hace largo tiempo, aunque otros factores, como la duración del festival, la ubicación remota, la orientación a la música electrónica y la posibilidad de acampar llevarían a pensar en un perfil de riesgo más alto. El principal motivo de que no haya más incidentes en la finca, dicen los organizadores, es la implementación extensiva de programas y estrategias para la reducción de daños en Shambhala. Esos programas y estrategias incluyen una carpa refugio con 26 camas a la que los visitantes acuden para alejarse de la multitud y conversar con consejeros de salud mental; un espacio seguro para mujeres; un equipo de asistencia que patrulla el lugar las 24 horas del día y que actúa como los ojos y oídos de los equipos médicos y de seguridad; provisión de agua sin costo; una plétora de bibliografía sobre reducción de daños; entrega de productos gratis para la salud sexual; un sector para acampar separado y exclusivo para “sobrios”; e instalaciones para el análisis de drogas [ver “Amigo, ¿qué tiene esta pastilla?”].

Mientras que los principales festivales de Canadá y Europa se han acogido a los principios de reducción de daños, en los Estados Unidos la mayoría de los festivales se mantienen reacios a la idea, en especial en lo relacionado con las drogas. Parte de la resistencia es legal y otra parte es cultural, dijo Jones, de Drug Policy Alliance. “Muchos de los organismos locales de las fuerzas de seguridad y la salud pública todavía creen que la principal prioridad es evitar que las personas consuman drogas y no les interesa otra cosa que no sean las estrategias de aplicación de la ley”, dijo. “La mentalidad de los organizadores de festivales es más abierta, aunque tienen que lidiar con la realidad de que el evento tiene que estar permitido y aprobado. No quieren dar lugar a nada que pueda poner en riesgo la realización del evento”.

Gran parte de los miedos de los promotores, dicen los defensores, surge de la Ley de Antiproliferación de Drogas Ilícitas, una ley de los Estados Unidos del año 2003, más conocida como Ley RAVE. Promulgada en pleno auge de la repercusión de la MDMA en los Estados Unidos, la ley responsabiliza penal y civilmente a los productores de eventos si se descubre que “a sabiendas” trabajan para un “establecimiento involucrado con drogas”. Es un sentimiento ampliamente extendido entre los promotores que solo al permitir a las organizaciones que distribuyan información sobre drogas o al proporcionar un “espacio de relajación” para los asistentes, podría interpretarse como que están a sabiendas conduciendo un evento donde se tolera el consumo de drogas. La ley rara vez, si acaso, ha sido aplicada, pero su sombra persiste. Pred la asemeja al juego de terror llamado “the boogie man” (el hombre del saco) y Cameron Bowman, abogado y aficionado a los festivales, quien con frecuencia se pronuncia en contra de la Ley RAVE, la describió en una reciente entrevista como “el Keyser Soze de las leyes —todos le temen, pero nadie recuerda que alguna vez haya sido realmente aplicada”.

Sea la Ley RAVE, la resistencia de la comunidad o las preocupaciones sobre la obtención de permisos, en muchos eventos celebrados en los Estados Unidos han afablemente dejado de permitir que agrupaciones como DanceSafe, una de las primeras y más conocida organización para la reducción de daños, preste servicios en festivales. “En realidad he trabajado con DanceSafe en nuestros eventos hace ya tiempo, pero cuando la sede, las autoridades locales y los aseguradores se oponen, esa ciudad o ubicación deja de ser una opción”, escribió Pasquele Rotella, CEO de Insomniac Events, en su página de Reddit Pregúntame lo que quieras (“Ask Me Anything”) el año pasado en su explicación de por qué no está permitida la participación de DanceSafe en los eventos de Insomniac, tales como el Carnaval de Electric Daisy. “Ya es bastante difícil encontrar lugares donde pueda organizar eventos. Lamentablemente, algunas personas creen que asociarse con DanceSafe avala el consumo de drogas en lugar de mantener a las personas seguras y que puede evitar que los productores consigan las sedes y organicen eventos”.

Sin embargo, sus defensores concuerdan en que esas actitudes pueden estar cambiando en los Estados Unidos, debido en parte a tragedias como las muertes de Katie Bermudez y Alex Haynes, ocurridas en mayo en Tampa. Tras dos fatalidades relacionadas con el consumo de drogas ocurridas el año pasado, el Condado de Los Angeles creó un grupo de tareas para festivales de música electrónica y en marzo la junta de supervisión del condado aceptó de manera unánime las recomendaciones de la agrupación, que incluían algunas estrategias para la reducción de daños. Seattle también ha sido anfitriona de varias cumbres para la seguridad en festivales de música con el fin de reunir a las partes interesadas en el diseño de soluciones más innovadoras para la seguridad de las personas en los eventos de festivales.

“Más muertes ocurren, mayor es la apertura de las personas a diferentes estrategias”, sostuvo Jones. “Hay una apertura cada vez mayor a la educación sobre el consumo de drogas y a la reducción de daños, de manera lenta, pero segura”.

“Aunque se salve una sola vida”, agregó Pred, “vale la pena”.

Jesse Roman es editor adjunto de NFPA Journal.

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Amigo, ¿qué tiene esta pastilla?

Un festival de British Columbia pionero en la práctica del análisis de las drogas en pro de la seguridad humana de los asistentes.

festival safety securitydude whats in this pillUn voluntario analiza una muestra de droga provista por uno de los asistentes a Shambhala. Cerca de un tercio de las sustancias analizadas en el festival no son lo que se promocionan.
Los expertos en festivales consideran que el Shambhala Music Festival, un jamboree anual de música electrónica que dura cinco días, que se celebra en los bosques de British Columbia, es el patrón oro para la eficacia de la reducción de daños en América del Norte. La oferta del festival es amplia, desde agua sin costo hasta asesoramiento especializado en salud mental y un grupo especial de campamento exclusivo para “sobrios”, todas estas ofertas han contribuido a minimizar la cantidad de muertes, lesionados y hospitalizaciones en los 19 años de historia que lleva este evento.

Una de las más importantes —y controversiales— acciones para la reducción de daños en Shambhala es la carpa de análisis de drogas. En ella se analizan las drogas de los asistentes sin formular interrogantes y se brinda información relevante sobre seguridad y uso. Situada en la zona de salud y bienestar, al lado del sector de primeros auxilios y en el corazón de la villa del festival, la carpa está abierta 17 horas por día y está a cargo de una organización sin fines de lucro llamada Sociedad de Asistencia y Apoyo de la Red SIDA de Kootenay (AIDS Network Kootenay Outreach and Support Society o ANKORS). Tiene una dotación de 45 voluntarios y tres remunerados. Entre los voluntarios se incluyen enfermeras, consejeros y hasta funcionarios gubernamentales —el coordinador de reducción de daños de la Autoridad Sanitaria Interior de British Columbia se ha ofrecido como voluntario, y este año lo hará un empleado del Ministerio de Salud de la provincia. Los voluntarios son capacitados en sitio sobre los protocolos para análisis, registro de datos, manejo de reactivos, seguridad y eliminación de drogas. También participan en la revisión de los descargos de responsabilidad, en los materiales de educación y prevención y en otros servicios disponibles para la reducción de daños, y en cómo manejar las situaciones de emergencia, tales como una agresión o el desvanecimiento de un asistente en la carpa.

La carpa de análisis de drogas contiene seis estaciones de análisis y por momentos, la fila para analizar las drogas puede ser de más de 60 personas, con esperas de dos horas o más. Después de cada análisis, los voluntarios informan a la persona que trajo la sustancia sobre cuál es su componente principal —a menos que el análisis quede inconcluso— y en algunos casos también podrán informar qué otras sustancias o productos químicos están presentes. También se les suministra a los visitantes información detallada sobre la droga, tal como el modo en que reacciona con otras drogas, información de la dosis y signos de sobredosis. El voluntario registra los resultados del laboratorio en una base de datos a la que se la hará un seguimiento para determinar las tendencias y será enviada al equipo médico presente en el lugar. Si surge un patrón —si se comprueba que las pastillas de color verde marcadas con el logo del Conejito de Playboy que se venden como ketamina son en realidad la droga disociativa de mayor potencia metoxetamina, por ejemplo— el personal puede alertar a los servicios médicos y a los asistentes al festival.

El proceso permite una transparencia que es fundamental, tanto para los asistentes al festival como para el personal médico, dijo Stacey Lock, directora de reducción de daños en Shambhala. “Si alguien se presenta en la carpa medica en un estado de alteración, podemos sacarle todo lo que tiene en sus bolsillos y hacerlo analizar”, expresó. “Al brindarle el mejor servicio médico a esa persona, la estamos ayudando. Realmente no conozco ningún otro festival donde se haga esto”. El uso del servicio ha aumentado 25 por ciento o más cada año desde su lanzamiento en 2002. El año pasado, se analizaron 3,224 pastillas y polvos en sitio. Ha habido una muerte relacionada con el consumo de drogas en los 19 años del festival, en 2012, según menciona Lock. Un informe toxicológico del fallecido encontró morfina, diazepam, cocaína, MDMA y GHB en el organismo del hombre

festival safety securityfest techCrowdRx brinda servicios médicos en una gran cantidad de eventos, como el festival Mysteryland USA, un evento de música electrónica organizado por el promotor holandés ID&T.

La carpa es ampliamente avalada por la comunidad y el gobierno de British Columbia —la provincia recientemente donó a ANKORS US$25,000 para la creación de un manual que contribuya a que en otros eventos se repliquen las prácticas de análisis de las drogas. Aún así, Chloe Sage, directora del programa de reducción de daños en festivales de ANKORS, ha oído de muchos escépticos que cuestionan si su organización fomenta el consumo de drogas y si se le está dando a la gente un falso sentido de seguridad.

Ninguno de los interrogantes se enfoca en lo central, dijo. “El hecho es que a estos servicios tienen acceso las personas que ya han tomado la decisión de consumir drogas antes de encontrarse con nosotros”. Estamos allí para ir a su encuentro en la realidad que se presente —no incitamos las personas y tampoco las juzgamos”, expresó Sage, mencionando que todos los visitantes deben leer un descargo de responsabilidad en el que están resaltados en negrita los riesgos de las drogas. También se les entrega a los visitantes materiales informativos. “Cada contacto que hacemos es una oportunidad de debatir con alguien que considera consumir drogas antes de pensar en cómo pueden mantenerse más seguros”, dijo Sage. “Si tuviéramos solamente una mesa con un montón de folletos, nunca tendríamos la clase de contactos que tenemos, pero estamos ofreciendo un servicio que la gente quiere”.

El motivo principal por el que el análisis de drogas es tan importante, sostienen sus defensores, es el auge de adulteraciones y sustancias psicoactivas nuevas que han surgido durante la última década. Al hacer alteraciones químicas en solo unos minutos, los fabricantes y distribuidores (dealers) pueden adelantarse a las leyes, vendiendo sustancias potencialmente poderosas que técnicamente no están en la lista de las drogas fiscalizadas. De acuerdo con los datos sobre análisis de drogas recopilados por ANKORS en Shambhala, alrededor del 30 por ciento de las sustancias que traen las personas no son lo que habían pensado. Las infracciones más graves se ven en las pastillas; en el 45 por ciento de las pastillas analizadas, el componente principal había sido falsificado. A cerca del 90 ciento de la cocaína analizada el año pasado se le había agregado algún adulterante y casi un cuarto de las muestras estaban cortadas con levamisol, un antiparasitario para ganado.

Según los datos suministrados por ANKORS, en los análisis que revelan una sustancia desconocida o excesivamente peligrosa, o algo diferente de lo que se pensaba, alrededor de un tercio de los asistentes arrojan la droga en los cubos para desechos de la carpa. Sage dijo que sospecha que muchas más drogas son descartadas después de que los visitantes salen de la carpa, o son devueltas a los distribuidores.

“Si no estuviéramos ahí, la gente no tendría ninguna información sobre las sustancias que consumen”, expresó Sage. “La gente piensa que quienes consumen drogas no tienen cerebro, pero las personas que consumen droga y vienen a nuestra carpa conocen bien los riesgos y desean recibir información para mantenerse seguros. Son muy agradecidos, amables y colaborativos. Recibimos mucho cariño de los invitados a un festival” —J.R.

Un voluntario analiza una muestra de droga provista por uno de los asistentes a Shambhala. Cerca de un tercio de las sustancias analizadas en el festival no son lo que se promocionan.

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Tecnología Fest

Nueva tecnología para el manejo de multitudes y los “beneficios en cascada” de enfrentar incidentes de manera temprana

No son solamente las personas que organizan los festivales resultan ser quienes hacen que sean más seguros para los asistentes. Cada vez hay más herramientas de alta sofisticación que usan o están desarrollando los responsables del manejo de emergencias y las autoridades para que los ayuden a observar lo que está sucediendo y a responder con mayor rapidez y de manera efectiva en una emergencia.

Sistemas de cámaras de seguridad avanzados

En los festivales, cada vez más se están utilizado cámaras estratégicamente ubicadas a los fines de la seguridad y el orden público, y los sistemas y aplicaciones son cada vez más avanzados. El año pasado, en el Festival Download de Donington, Reino Unido, por ejemplo, la policía utilizó cámaras de reconocimiento facial para escanear a los asistentes en las puertas de ingreso. Las imágenes se cotejaban con una base de datos de imágenes de personas sospechadas de delitos de toda Europa para la captura de delincuentes buscados. En los Estados Unidos, la ciudad de Boston subscribió un polémico contrato con IBM para el análisis del software de vigilancia situacional durante el festival de música de Boston Calling 2013, celebrado en el centro de la ciudad. Esto les permitía a las autoridades obtener imágenes en vivo y detalladas de asistentes a conciertos, peatones y vehículos en y en los alrededores del evento, sin su conocimiento. Un software asociado podía analizar videos y emitir alertas automáticas si alguien ingresaba en un área protegida, por ejemplo, y podía incluso programarse para hacer el seguimiento de personas sospechosas en los alrededores del lugar. La ciudad mantuvo en secreto esta vigilancia experimental, pero la polémica surgió después, cuando un periódico local publicó detalles, lo que llevó al repudio generalizado de los defensores de los derechos civiles que reclamaban que la privacidad de los asistentes había sido violada.

El festival Rock in Rio en Rio de Janeiro, Brasil, ha utilizado, desde no hace muchos años, lo que tal vez sea el más grande y más sofisticado sistema de cámaras de seguridad en festivales de todo el mundo. El año pasado, se usaron 61 cámaras en el festival, entre las que se incluían 44 cámaras de alta definición colocadas en todos los predios, 2 cámaras de 360 grados, 14 cámaras móviles de alta definición y una cámara de imágenes térmicas, todas conectadas a dos estaciones de comando de monitoreo.

Sistemas de manejo de multitudes

Aunque en su mayoría todavía están en desarrollo, las cámaras infrarrojas, los drones y otros sensores diversos tienen un alto potencial de uso en festivales, como herramientas para el manejo de las multitudes. Pueden todas ellas ofrecerle a las autoridades una mejor visión sobre el movimiento de la multitud, la densidad de personas en una determinada ubicación y sobre cómo puede mejorar la dinámica de la multitud. Por ejemplo, investigadores de la Universidad Rutgers están desarrollando un algoritmo de computadora que se alimenta con datos en tiempo real provenientes de cámaras estratégicamente ubicadas, que puede cuantificar el estado actual de la multitud y emitir sugerencias sobre cómo mejorar el flujo de la multitud o alterarlo según fuera necesario, como en el caso de requerirse una evacuación en masa. Los drones aéreos también están siendo cada vez más utilizados para que los responsables del manejo de las multitudes reciban una vista aérea del movimiento de la multitud en el festival y les permiten ver puntos de atasco, tales como un contenedor de residuos ubicado en un lugar inadecuado y hacer alteraciones prácticamente en tiempo real.

“Las aglomeraciones son un verdadero peligro y los datos de estos sensores nos permiten tomar mejores decisiones al poder suministrarle a los organizadores una mejor inteligencia sobre cuál es el motivo por el que está ocurriendo un problema”, dijo Joseph Pred, consultor en seguridad para reuniones multitudinarias temporales. “Creo que a medida que la tecnología se desarrolla, vamos a constatar como todas estas posibilidades se convertiran en norma”.

Pulseras de seguimiento y aplicaciones

Las aplicaciones móviles de festivales y las pulseras inteligentes de admisión que utilizan chips de identificación por radiofrecuencia (radio frequency identification o RFID) se utilizan cada vez más en grandes eventos como Coachella, el festival anual de música y arte de Southern California. Estas aplicaciones y las pulseras permiten a los organizadores hacer un seguimiento bastante preciso de los movimientos de los asistentes por los predios del festival, enviar a los asistentes información basada en su geolocalización —mensajes comerciales o mensajes de emergencia, tales como sobre una tormenta inminente, por ejemplo— así como la mejor administración del acceso a los predios del festival al establecer restricciones si hay demasiadas personas en un área o al restringir ciertas áreas a los asistentes con pulseras específicas. Las pulseras RFID están vinculadas a una cuenta online donde los asistentes pueden registrar su tarjeta de crédito para abonar alimentos y bebidas con la pulsera. En algunos casos, los asistentes pueden también registrar digitalmente información médica en las pulseras, a las que un médico que se encuentra en la sede puede acceder simplemente escaneando la pulsera ante una emergencia.

Sistemas 911 de mensajes de texto

En muchos estadios deportivos y a su vez cada vez más en festivales, se han instalado sistemas para brindar a los asistentes una línea de comunicación directa por texto con las oficinas de manejo de incidentes. Los expertos en seguridad han notado que los asistentes no se van a desviar de su ruta para ir en busca de un miembro del personal con el fin de informarle algo, pero que el envío de mensajes de texto es una manera rápida y sencilla de cambiar esa actitud. El número al que debe enviarse el mensaje se exhibe de manera notoria en todos los lugares y se incita a los asistentes al festival a que lo utilicen —y muchos lo hacen, según menciona Pred.

“Si en un evento hay 25,000 personas y 250 miembros del personal de seguridad, aún si solo el 20 por ciento de las personas conocen y utilizan el sistema de mensajes de texto, se logra un efecto multiplicador y aumenta masivamente la velocidad en que los incidentes pueden ser informados”, dijo Pred. “Eso es fundamental porque los incidentes que se informan con celeridad son más fáciles de resolver que los que han ido escalando, sea un incendio, un problema médico o una pelea. Si se lo trata en su etapa inicial, se obtienen todos estos beneficios en cascada”.

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