Profundamente Dormidos
      Olvido su clave?  

 

Alarma, Detección, Notificación & Señalización

Profundamente Dormidos

Por Shelley Reese

Se requiere investigación para determinar porque los niños duermen mientras las alarmas de incendio están activas.



Marci Douglas todavía llora cada vez que ve el video.

“No lo puedo evitar”, dice. “Es tan duro de ver. Si hubiera sido un incendio real...”. Su voz se desvanece. Si piensa en los “Si”, vuelve a llorar. Si hubiese sido un incendio real, su hijo estaría muerto.

El video al que Douglas hace referencia es un documental de noticias del 2001 que muestra la respuesta de niños dormidos a las alarmas de humo, el cual fue producido por la cadena WCCO-TV en Miniápolis con la ayuda del Departamento de Incendios de Bloomington, Minnesota. El hijo de Marci, Mitchell, que en ese entonces tenía 10 años, fue uno de los 4 niños estudiados por WCCO para ver como responderían a una alarma de humo durante la noche. Los resultados son escalofriantes. Uno de los chicos corrió a través del humo, en lugar de utilizar la salida secundaria. Una niña se despertó, pero no reconoció el sonido de la alarma. Un tercer niño no se despertó, y pese a que su madre lo zamarreó para que escapara, simplemente permaneció inmóvil.

Aún así, el sólo ver a Mitchell le llena a su madre los ojos de lágrimas.

“No pensé mucho en eso antes de la prueba”, dice Douglas. “Mitchell es un chico astuto. Pensé que saltaría de la cama. Pensé que había un chance de que saliera de la habitación en medio del humo, pero nunca se me ocurrió que no se iba a despertar”.

No fue así. Al menos no durante casi 15 minutos.

Desde que WCCO realizó su trabajo, programas similares se pusieron en el aire en todo el país, tanto en Columbus, Ohio; Des Moines, Iowa; Milwaukee, Wisconsin; and Jackson, Mississippi. Aunque estos programas no alcanzan los requisitos y las especificaciones requeridas para una investigación, han, de cualquier manera, revelado un problema a las claras: los niños pueden seguir durmiendo aún cuando las alarmas de incendio se activan.

Según informes publicados, los investigadores han sabido largamente que los niños y los adultos tienen patrones de sueño diferentes, y que su sueño es especialmente profundo en las horas inmediatas al primer sueño. Cuanto más chico el niño, más durará la fase de sueño profundo.

El modo en el que esto se vincula con la efectividad de las alarmas contra humo sólo ha sido reconocido ampliamente de manera reciente, y aún así, la cantidad de programas televisivos de noticias ayudaron a conscientizar a cerca de la existencia de estudios formales preexistentes. Dado que los niños de 5 años y menos y aquellos adultos de 65 años y más, para quienes la efectividad de las alarmas de incendio puede también ser un problema, son doblemente proclives que el resto de la población a morir en incendios hogareños, la investigación concentró la atención de todos aquellos interesados en la seguridad contra incendios en el hogar.

Lanzamiento de estudios
El pasado enero, la Comisión de Seguridad de Productos para el Consumidor de EE.UU. lanzó un estudio de 2 años de duración entre niños y adultos de la tercera edad para investigar la efectividad de las alarmas contra incendios cuando se trata de despertarse, y la Fundación de Investigaciones contra Incendios está considerando seriamente realizar un estudio acerca de la dificultad de los niños para despertarse, de acuerdo con el presidente de la Fundación Rick Mulhaupt. Para lograr que los miembros de la NFPA aceleren el tema, la NFPA también invitó a la mundialmente reconocida líder en este campo de investigación, la doctora Dorothy Bruck de Australia, a participar en su Conferencia y Exposición Mundial sobre Seguridad ™ que se llevó a cabo en Dallas el pasado Mayo.

Además, los Laboratorios Underwriters (UL) consideraron este tema como el central en el encuentro del Panel Técnico de Normas sobre Alarmas de Incendios que se desarrolló el 7 de Marzo de 2003 en Northbrook, Illinois, estableciendo 2 grupos de tareas para estudiar el tema en detalle.

El primer grupo, compuesto por pediatras expertos en sueño, ingenieros en seguridad, funcionarios de gobierno, y fabricantes, fue encargado de recolectar información y proponer futuras investigaciones para una mejor comprensión de los aspectos técnicos y psicológicos del tema. Tal investigación podría llevar a cambios en el modo en que las alarmas de incendio son operadas, y en como son instaladas y utilizadas. El segundo grupo, compuesto por personal de UL, especialistas en prevención y educación contra incendios, y fabricantes, está trabajando para informar fehacientemente al público sobre temas relacionados con alarmas de incendio y seguridad contra incendios.

Estas investigaciones y debates son bienvenidas, dice la doctora Rita Fahy, gerente de sistemas y bases de datos de incendios de la NFPA, quién habló acerca del tema en el Simposio de Aplicación e Investigación para la Detección y Erradicación de los Incendios que se llevó a cabo en Orlando, Florida el pasado Enero, ya que la información disponible hasta el momento “genera más preguntas que respuestas”.

Los estudios generan preocupación
Menos cargadas de emoción que las imágenes televisadas de niños durmiendo entre alarmas, los estudios científicos publicados sobre el tema son quizás más alarmantes, ya que confirman que este problema no sucede por casualidad ni por la invención irreal de las condiciones dadas en las pruebas.

Bruck, un psicoanalista de la Universidad de Victoria en Australia, fue la primera en identificar el problema. En su estudio publicado en la publicación de Seguridad contra Incendios en 1999, Bruck puso a prueba a 20 niños en Australia, de entre 6 y 17 años para determinar su respuesta al sonido de una alarma de 60 decibeles colocada al nivel de las almohadas. Ella realizó la prueba 2 veces y encontró que 17 de los chicos permanecieron dormidos durante uno o ambos ensayos. 2 de los 3 que se despertaron tenían 16 y 17 años, de entre los mayores incluidos en la prueba. Ciertamente, para los niños de 15 y menos de edad, el porcentaje confiable de personas despiertas fue de sólo un 5.6 por ciento. Contrariamente, Bruck descubrió que todos los padres sí se despertaron cuando escucharon las alarmas.

En investigaciones subsiguientes, Bruck notó que acercar el sonido a la zona de la cabeza del niño sólo generaba una pequeña diferencia positiva. En una presentación en el 4to Simposio de Asia y Oceanía para la Tecnología y Ciencia en Incendios que tuvo lugar en 2000, Bruck y una compañera investigadora Angela Bliss informaron los resultados de un estudio sobre 28 niños de entre 6 y 15 años. En 2 pruebas, los chicos fueron expuestos a una alarma de 89 decibeles; la mitad permanecieron dormidos durante una o ambas pruebas. Entre los de 6 y 10 años, el porcentaje subió a un 71 por ciento. Cuando los chicos se despertaron, permanecieron en un estado de somnolencia por varios minutos, un hecho que podría afectar su habilidad para tomar decisiones de carácter vital en una verdadera emergencia. Aumentar el volumen de las alarmas o acercarlas a las cabezas no parece resolver el problema.

En tanto que los adultos y algunos expertos en protección contra incendios podrían sorprenderse por los resultados, los más pequeños no.

Derrick Ethridge, un funcionario para la prevención de incendios para el servicio de emergencias de Loyalist Township en Ontario, Canada, decidió estudiar el tema cuando los chicos de las escuelas que visitaba le dijeron que no creían que fueran a escuchar una alarma si sonara.

“Ellos seguían diciéndome, ‘No creo que la escuche,’ o ´ Yo duermo con la puerta cerrada,´ o ´ No creo que me vaya a despertar,´ recuerda. “Creí que había un problema en lo que los chicos me estaban diciendo, y quise descubrir si era cierto”.

Con la ayuda del profesor Alistair MacLean del laboratorio para la investigación del sueño de la Universidad de Queens, la Sociedad de Audición Canadiense, y los directivos de las escuelas de Limestone y Algonquin, y los padres de 222 alumnos de 6to grado de Loyalist Township, Ethridge decidieron realizar una prueba. Se les pidió a los padres que activaran las alarmas que estaban fuera de las habitaciones de los niños entre las 9 y las 11 p.m. en dos ocasiones separadas en abril de 2002 y que tomaran el tiempo que les llevaba a los niños el despertarse. Las pruebas se realizaron una vez con las puertas cerradas y otra con las puertas abiertas.

Los chicos sabían que iban a ser evaluados pero no sabían cuándo.

El equipo encontró que el 31 por ciento de los chicos no se despertó en lo absoluto cuando se activaron las alarmas, y un 53 por ciento no reaccionaron dentro del primer minuto.

Ethridge los sometió, más tarde, a pruebas de audición en 22 hogares al azar. Chequeando una vez con la puerta del dormitorio abierta y nuevamente con la puerta cerrada, descubrió que el nivel del sonido a veces bajaba hasta alcanzar los 64 decibeles.

“Algunos padres contestaron por carta, ´Bajé la maldita alarma hasta la cabeza de mi hijo y ni siquiera se movió.’ O comentaron que las alarmas sonaron hasta agotar sus baterías, y que el chico nunca se despertó,´ dijo. “Verdaderamente se veían preocupados”.

Tan desconcertante como pueda parecer la investigación de Bruck y Ethridge, no debe dejar de considerarse, debido a la abrumadora cantidad de información que demuestra que las alarmas de incendio son beneficiosas. Desde los albores de 1970, cuando estas alarmas se hicieron necesarias en todos los hogares, las muertes por incendio en zonas residenciales se redujeron a la mitad. Las casas provistas con alarmas de humo, se sepa o no si son operacionales, tienen un promedio de muertes de entre 40 y 50 por ciento más bajo que aquellas que no las poseen, dice la Doctora Fahy.

Hoy, la inmensa mayoría de las fatalidades ocurren en hogares que no están equipados con alarmas, o en casas donde el equipo está descompuesto, desmantelado, o tiene alguna batería faltante. La mitad de las personas que mueren en incendios hogareños cada año, lo hacen en un 5 por ciento de las casas que no poseen alarmas de humo. De las muertes que efectivamente ocurren en hogares equipados con alarmas, la mitad suceden en una tercera parte de los casos en los que dichas alarmas no suenan.

La necesidad de más investigación 
El hecho de que los chicos permanezcan durmiendo cuando las alarmas son activadas, debe ser estudiado en dicho contexto, dice Fahy, y la magnitud del problema no puede ser evaluada sin antes investigar más profundamente.

“De todas las muertes en incendios hogareños, estamos hablando de un subgrupo de un 25 por ciento que sucede en hogares con alarmas funcionando”, dice, “ y necesitamos saber más a cerca de estos casos”.

¿Por ejemplo, cómo es la gente alertada ante un incendio nocturno? ¿Despiertan las alarmas a los padres quienes luego arrastran a sus hijos fuera de la casa? ¿Si este es el caso, cumplen las alarmas su objetivo en alertar a los padres y posibilitar que la familia implemente un plan de escape?

En tanto los medios se concentran en niños durmiendo en medio de alarmas, ¿que pasa con los más ancianos quienes probablemente sufran de problemas de audición, y vivan solos o con otros mayores? ¿Podrían otro tipo de alarmas, como las alertas de voz o las de baja frecuencia, alcanzar mejores resultados? ¿Podrían alarmas interconectadas tal como esta establecido para las nuevas construcciones por la NFPA 101, Código de Seguridad Humana, generar una mejora substancial?

Sin al menos algo de esta información, es imposible sacar conclusiones practicables de estudios ya existentes, demostraciones, y nuevos informes, dice Fahy.

John Drengenberg, gerente del área de asuntos del consumidor de UL y moderador del panel de discusión sobre el tema en Marzo, expresó la misma opinión.

“Basándose en lo expresado por los pediatras expertos en sueño y los funcionarios para la prevención de incendios, no parece haber una sola respuesta para este complicado asunto”, expresó. 

La práctica es todavía la mejor solución
En tanto los funcionarios estudian el tema y tratan de establecer la mejor manera de abordarlo, el presidente de la NFPA, Jim Shannon, enfatiza que los padres no deberían permitir que este problema los distrajera del mayor problema que es la seguridad contra incendios.

“Si los padres, basándose en las demostraciones, deciden que no necesitan de la protección de las alarmas, estarán ciertamente errados”, dice Shannon. El hecho es que, en realidad, las alarmas contra icendios sí funcionan”. Lo que todavía queda por verse es si podremos desarrollar una mejor tecnología y usarla más efectivamente”.

Lee Richardson, personal de enlace de NFPA para el NFPA 72, Código Nacional de Alarmas contra Incendios, advierte que “no debemos confundir los tantos”.

“La gente no debería mirar en una sola dirección”, dice Richardson. Por el contrario, deben concentrarse en mantener y chequear sus alarmas de incendio y ensayar sus planes de escape doméstico.

NFPA 72 contiene los requisitos para el tipo de patrón de sonido que una alarma emite y que tan fuerte debe escucharse en toda la casa y especialmente en las áreas para dormir. Pese a que la ubicación de las alarmas en las comunidades de los Estados Unidos está establecida por códigos de construcción locales, NFPA 72 incluye requisitos para la ubicación idénticos a los incluidos en estos códigos.

En tanto que la cobertura mediática reciente ayudó a una mayor conscientización, el Comité Técnico de la NFPA no está considerando todavía cambiar dichos códigos, dice Richardson. La próxima edición del Código Nacional de Alarmas contra Incendios está arreglada para ser publicada en 2006. Algunos cambios podrían avecinarse, si las investigaciones identifican áreas en las que puedan ser hechas mejoras significativas.

Tal como Shannon resalta, aún así, la efectividad de las alarmas contra incendios tiene tanto que ver con prácticas hogareñas como con los códigos y normas.

“En tanto grupos de seguridad, incluyendo NFPA, exploran el problema, hay todavía buenas razones para confiar en el rol que las alarmas de incendio desempeñan en los sistemas de seguridad contra incendios del hogar”, afirma. “En el corto plazo, la lección que los padres deben aprender de las noticias puestas en el aire es que no pueden prever como reaccionarán sus hijos a las alarmas hasta que hayan probado su reacción a ellas. “Es esencial practicar simulacros de incendio en el hogar”.

La evidencia muestra que la familiaridad con el sonido de la alarma y la práctica de simulacros son prometedores. Bruck cita investigaciones que indican que sujetos adultos que fueron entrenados, se despertaron en el 90 por ciento de las ocasiones. Aquellos que no, sólo despertaron en un 25 por ciento de las veces.

A pesar de que no fue un proyecto de investigación, aquellas familias que participaron en la emisión de WCCO tuvieron una experiencia similar. Luego de que los 4 chicos fallaron las pruebas iniciales, sus padres les hablaron a cerca de la seguridad contra incendios. Hasta desarrollaron planes de escape de la casa y los practicaron. Marci Douglas discutió la seguridad en contra de incendios con Mitchell, luego activó la alarma con el mango de una escoba para que sus hijos pudieran reconocer su sonido durante una emergencia.

Cuando WCCO repitió el ensayo unas cuantas semanas después, todos los chicos se despertaron y llevaron a cabo el simulacro al pie de la letra.

Alentando a las familias para que se preparen 
Judy Comoletti, vicepresidente de la división de educación pública de NFPA, no sólo enfatiza la importancia de desarrollar y practicar planes de escape hogareños, sino también sugiere que ésta es una mejor manera de probar las reacciones de todos los habitantes de la casa. Los chicos y los mayores no son los únicos puestos en riesgo por el sueño en una emergencia, resalta. Los estudiantes universitarios que duermen poco, los trabajadores por turnos rotativos, los adolescentes, aquellos incapacitados auditivos, y cualquiera bajo los efectos de medicación sedante, alcohol o individuos disminuidos por abuso de drogas, podrán ser también afectados considerablemente.

“Toda familia debería saber quién sí y quién no se despertará al sonido de la alarma de modo de poder hacer arreglos especiales”, acota. Si a alguno le resulta difícil levantarse, Comoletti sugiere la instalación adicional de alarmas integradas interconectadas en cada dormitorio. Si esto no resulta, ella aconseja a las familias que implementen un plan de escape que asigne a un adulto que se despierte fácilmente, a despertar a los de sueño pesado.

“Todos creemos que conocemos a nuestros hijos muy bien, y creemos saber como reaccionarán a A, B, o C”, dice Douglas. “Creemos que son sumamente inteligentes y que sabrán exactamente qué hacer. Aún así, la verdad es que no lo sabemos hasta que algo sucede. Usted tiene que practicar. Es como ayudar a su hijo a prepararse para un dictado. Lo debe entrenar”.

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