Debíamos hacerlo bien
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Alarma, Detección, Notificación & Señalización

Debíamos hacerlo bien

Por Kenneth Lauziere

El ex Jefe del Cuerpo de Bomberos del Capitolio de los EE.UU. recuerda el arduo proceso de pruebas de aceptación para el Centro para Visitantes del Capitolio

—cuyo costo ascendió a $621 millones de dólares— y la experiencia de tener al Congreso observando todos sus movimientos

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En todos los años en los que trabajé en protección de incendios con la Oficina del Arquitecto del Capitolio (AOC, por sus siglas en inglés) en Washington, D.C., ningún proyecto del que haya participado resultó tan arduo o políticamente intenso como los pasos finales de la construcción del Centro para Visitantes del Capitolio (CVC, por sus siglas en inglés) de los EE.UU., el cual abrió al público en diciembre de 2008. Durante la construcción y equipamiento del CVC —una estructura de más de medio millón de pies cuadrados y tres niveles ubicados por completo bajo tierra— se llevaron a cabo innumerables negociaciones y reuniones entre diseñadores, contratistas y comités del Congreso para decidir sobre los materiales, medios y métodos a utilizarse para dar lugar al CVC y sus sistemas contra incendio y de seguridad humana.  A lo largo de varios años, solicitaron mi presencia los Comités de gastos de la Cámara de Diputados y de Senadores, el Comité del Poder Judicial del Senado, el Comité de Administración de la Cámara, la Comisión de Conservación del Capitolio, el Consejo de la Policía del Capitolio de los Estados Unidos, y otros más para explicar mi posición sobre cómo deberían configurarse, programarse y probarse los sistemas de alarmas y de detección de incendios, y solicitar mi apoyo.  Mi intención era configurar dichos sistemas en total cumplimiento con los requisitos de NFPA 72®, Código Nacional de Alarmas de Incendio y Señalización, y poder satisfacer las singulares necesidades del proceso deliberativo del Congreso.  Por ejemplo, no podrían tolerarse activaciones de alarmas innecesarias, ya que podrían interrumpir las actividades del Congreso, y mi objetivo era prevenir las interrupciones poniendo a prueba los límites de los sistemas.

Para entonces, había estado en Capitol Hill por un período prolongado. Antes de ser nombrado Jefe del Cuerpo de Bomberos en mayo de 2001, había trabajado 22 años en ingeniería para

capitol safety 200x175Los visitantes ahora ingresan al Capitolio a través del Centro de Visitantes del Capitolio de los EE.UU., ubicado debajo del jardín este de Capitol Hill.

capitol safety 200x175x3El autor en Emancipation Hall. Lauziere tuvo que enfrentar una intensa presión por parte del Congreso durante la fase de pruebas de aceptación del proyecto del Centro de Visitantes.

capitol safety 200x175x4Estudiantes con un modelo a escala del campus del Capitolio en Exhibition Hall.

 

capitol safety 200x175x5Emancipation Hall, con un modelo de yeso de la Estatua de la Libertad.

capitol safety 200x175x6El Teatro Virtual. Fotos: John Harrington

 

 

la protección contra incendios para la AOC.  También había sido bombero voluntario durante 30 años en el Condado de Prince George, Maryland, tenía décadas de experiencia como instructor de campo para el Instituto para Incendios y Rescate de Maryland, y me encontraba activo en una larga lista de asociaciones profesionales, como NFPA.  En mi función de ingeniero para la protección contra incendios en el Capitolio, había diseñado y supervisado la instalación de numerosos sistemas de detección, alarmas y rociadores de incendio en la mayor parte de los edificios que constituyen el complejo, desde el Capitolio y los edificios de la Corte Suprema hasta las guarderías y una planta de energía. Mis diseños incluyeron el primer sistema de alarmas de incendio que se instaló en el Capitolio, el enorme sistema de rociadores que protege las estanterías de la Biblioteca del Congreso, y el primer sistema de detección de agentes químicos utilizados como arma instalado fuera de las Cámaras de Diputados y de Senadores (además de otros lugares que no puedo revelar) antes de la primera guerra con Irak. En la década del 80, después de un incendio en las oficinas privadas de James Wright (de Texas), Presidente de la Cámara de Diputados, me dediqué a elaborar un complejo modelo de seguridad contra incendios en el Capitolio; como parte de ese esfuerzo, se equiparon 14 edificios históricos con más de 50.000 detectores de incendio y sistemas de alarma de aviso por voz, mientras que en 13 de esos edificios se retroinstalaron sistemas de rociadores automáticos. Puse en práctica toda esa experiencia para mi trabajo en el CVC. Mi intención era crear un centro para visitantes que pudiera soportar el paso del tiempo después de la finalización de las pruebas de aceptación requeridas por la División del Jefe de Bomberos.

A comienzos de 2008, el CVC distaba mucho de estar finalizado. Todavía debían efectuarse las pruebas finales de aceptación antes de que yo pudiera emitir un Certificado de Ocupación. Para complicar las cosas, los diseñadores y estimadores de precios del proyecto no habían incluido el tiempo necesario para las pruebas de aceptación. Había una resistencia generalizada a la idea de que este paso podría ser algo más que una rápida formalidad; algunos grupos, incluido el personal del comité del Congreso e ingenieros de la AOC, objetaron el tiempo y los costos asociados con el nivel de pruebas. Un miembro del Congreso, deseoso de ver el edificio inaugurado, me sugirió que podíamos terminar esta tarea final “en un par de semanas”. Pero era crucial que las pruebas se realizaran bien. No sabíamos a ciencia cierta cuánto tiempo tomaría el proceso hasta que creamos un plan abarcador de las pruebas de aceptación, que incluía todos los aspectos del edificio —sistemas de protección de incendio, sub-sistemas, componentes del edificio interrelacionados— con miles de detalles. Cuando leímos la lista, calculamos que las pruebas tardarían tres meses si las cosas salían bien, y el doble si nos topábamos con problemas. Se contrataron inspectores adicionales para complementar el personal de inspección integrado por ocho miembros de la División del Jefe de Bomberos, y se establecieron secuencias de pruebas específicas para contar con un tiempo de inactividad a fin de que los contratistas resolvieran los problemas si se detectaban anomalías.  

Comenzamos las pruebas de aceptación en abril de 2008. Respiré profundamente y deseé con fervor que pudiéramos terminarlas en tres meses.

Puesta a prueba
Aunque el CVC se encuentra conectado con el Capitolio como un agregado subterránea, en realidad es un edificio separado con barreras resistentes al fuego y su propio conjunto de componentes de egreso. El edificio está diseñado para servir como una entrada pública segura al Capitolio, y para brindar espacio de oficinas y otras instalaciones para miembros del Congreso, sus empleados y comités del Congreso. Ubicado debajo del jardín este de Capitol Hill, el CVC finalizado abarca más de 580.000 pies cuadrados (53.882 metros cuadrados) —de esos, 170.000 pies cuadrados (15.793 metros cuadrados) son para uso del Congreso— e incluye servicios tales como dos teatros de orientación, un hall de exhibición, un auditorio para 450 personas, 26 baños públicos y un restaurante para 530 comensales.  La ocupación total permitida del centro es de 6.000 personas, de las cuales alrededor de 4.000 son visitantes. Un promedio de 8.000 personas visitan el CVC diariamente, lo que representa más de 2,4 millones de visitantes anuales. 

El diseño del edificio se terminó en 2000, y la innovadora ceremonia se llevó a cabo el 20 de junio de ese año. La pre-construcción comenzó en el otoño de 2001, y la construcción en sí se inició en agosto de 2002 con un presupuesto de $265 millones de dólares. Para el momento en que comenzamos las pruebas de aceptación, casi seis años después y cientos de millones de dólares más tarde, la mayor parte de los miembros del Congreso estaban extremadamente ansiosos por ver el proyecto finalizado; acuciado por demoras en la construcción, cambios de diseño y monumentales excesos en los costos, el CVC se había vuelto, para las legiones de críticos, un símbolo nacional del gasto gubernamental excesivo, con una cifra final que ascendió a los $621 millones de dólares. Todos querían verlo finalizado ayer, y no resultaba difícil entenderlos. 

Fue en medio de este telón de fondo, políticamente cargado, que comenzamos nuestras pruebas de aceptación.  El plan de pruebas incorporó todos los requerimientos incluidos en las secciones aplicables de una amplia gama de códigos de NFPA, además de requerimientos con especificaciones que excedían los códigos mínimos de incendio y de construcción. Las pruebas en sí presentaban una gran cantidad de desafíos. Por ejemplo, dado que el CVC se encuentra conectado al Capitolio, no podían registrarse ruidos provenientes del sistema de señalización de alarmas de incendio mientras la Cámara de Diputados o de Senadores se encontraran en sesión. Como resultado, casi todas las pruebas que generaban ruido o tenían la posibilidad de provocarlo se realizaron durante la noche. Durante las sesiones nocturnas del Congreso, o durante eventos tales como el discurso del Estado de la Nación, las pruebas se suspendieron.  

De las aproximadamente 300 discretas pruebas o inspecciones que llevamos a cabo como parte del proceso de pruebas de aceptación, más de 250 revelaron alguna clase de problema que debía corregirse. La siguiente es una breve selección que sugiere la variedad de los problemas detectados mediante las pruebas.  

Soportes de las tuberías de los rociadores
Debido a que el CVC basa su seguridad en gran medida en los sistemas de rociadores automáticos, todos los componentes debieron inspeccionarse, ponerse a prueba y verificarse de acuerdo con la norma NFPA 13, Instalación de sistemas de rociadores.  Entre esos componentes se encontraban los soportes de las tuberías de rociadores —varillas roscadas sujetas a la estructura que se conecta a la tubería del rociador, 12 pulgadas dentro del mismo— diseñadas para evitar el movimiento del sistema de tuberías durante la activación.  Para la inspección en el lugar de estos conjuntos de montaje en los cuales no podíamos quitar el cielorraso —tales como las áreas en las que el cielorraso estaba hecho de yeso o vidrio, u otras áreas que, debido a una necesidad arquitectónica, no contaban con paneles de acceso— recurrimos al uso de un boroscopio articulado con capacidad videográfica. Comúnmente utilizado para inspeccionar soldaduras dentro de las tuberías o para poder ver dentro de motores, el pequeño boroscopio permitió a nuestros inspectores e ingenieros visualizar las condiciones superiores al cielorraso mediante aberturas adyacentes a los rociadores automáticos; todo lo que debían hacer era quitar las placas protectoras seleccionadas de los rociadores. Las inspecciones sólo se llevaron a cabo en el extremo de las líneas de derivación del sistema de rociadores, las que verían el movimiento potencial cuando se activara el sistema; un movimiento suficiente como para que el rociador se desplace en el cielorraso, lo que evitaría que descargara agua sobre un incendio. 

Se inspeccionaron alrededor de dos mil ubicaciones, y el proceso detectó cientos de ubicaciones en donde los soportes para los rociadores requeridos por NFPA no eran aceptables. En muchos casos la solución involucraba sólo la instalación de un gancho de soporte para evitar el movimiento del rociador, y a pesar de que no era una reparación especialmente cara —los ganchos costaban alrededor de 15 centavos la unidad— resultó costosa en cuanto a tiempo y mano de obra. Pero el trabajo sirvió para terminar un sistema de rociadores en total cumplimiento con las normas.

Cableado y circuitos del sistema de alarma de incendio
Dado que las activaciones innecesarias de las alarmas forzarían la evacuación de una gran cantidad de personas —incluidas ambas Cámaras del Congreso y su personal asociado— mi intención era minimizar al máximo las alarmas injustificadas garantizando que el sistema cumpliera en su totalidad con el NFPA 72, Código Nacional de Alarmas de Incendio y Señalización.  Desempeñé un papel decisivo en introducir en las especificaciones de construcción un requisito para poner a prueba la integridad del cableado del sistema de alarma de incendio en casos de circuitos abiertos, con cortos o con conexión a tierra mediante un megahómetro con anterioridad a la conexión del cable a aproximadamente 10.000 dispositivos de campo —alarmas de incendio, detectores de calor, detectores de humo, interruptores de flujo de agua, y más— ubicados a través del CVC. 

Los megahómetros comúnmente se utilizan en el campo de generación de energía, o para probar la efectividad del bobinado de un motor, y consideré que iban a constituir una prueba ideal para el cableado del sistema de alarmas de incendio del CVC.  Durante las numerosas discusiones que tuvieron lugar antes del comienzo de las pruebas, los escépticos insistían en que las pruebas eran innecesarias, o peor aún, que iban a dañar el cableado. En un esfuerzo final para convencer al equipo de que esta prueba se encontraba justificada y no era destructiva, llevé un megahómetro a una de nuestras reuniones de proyecto semanales. Tomé un rollo de cable, lo conecté al megahómetro y realicé la medición. Luego hice un corte en el cable y la nueva lectura demostró que no estaba en condiciones, en comparación con el otro cable. En el sistema real, todo lo que los trabajadores deberían hacer era levantar los conductores de las placas del circuito de los paneles de control, conectar el medidor al circuito y a tierra, presionar el botón "TEST" (prueba), y leer el resultado; cualquier clase de problema saltaría a la vista de inmediato.  Muy pronto, el instalador del sistema de alarmas de incendio había comprado un megahómetro y había comenzado a probar todos los cableados de campo del sistema de alarmas de incendio. 

De las miles de ubicaciones que se pusieron a prueba, alrededor de 150 arrojaron aberturas, cortos o conexiones a tierra, lo que significó que si el sistema de alarmas se hubiera disparado, ciertas partes no habrían funcionado y se habrían dañado. Los cortos se localizaron y el cableado estropeado se reemplazó, comúnmente 500-700 pies por vez. 

El NFPA 72, además del NFPA 70, Código Eléctrico Nacional, resultaron decisivos cuando solicité la prueba de condiciones de falla durante el funcionamiento del sistema de alarmas de incendio. Quería estar seguro de que permanecía en actividad en las condiciones más difíciles, como en el corte accidental de un cable o en la caída de un edificio. Para realizar la prueba, quitamos los dispositivos de la caja de conexiones, colocamos un puente para producir un corto o inducir una conexión a tierra mientras observábamos el panel de la alarma de incendio. 

A pesar de que el fabricante, el equipo de proyecto y el personal de la agencia nos aseguraron que la arquitectura y la instalación del sistema de alarmas eran robustas y resistían las fallas, nuestra prueba descubrió importantes problemas que debían corregirse. En algunos casos, una falla inducida en el circuito de alarmas de incendio generó problemas que indicaron que cientos de dispositivos se hallaban afectados, una clara violación del NFPA 72. Las acciones correctivas incluyeron cambios de estilo para seleccionar circuitos y un aumento en la cantidad de dispositivos conectados a un circuito o módulos determinados. En algunos casos, los circuitos Clase B tuvieron que reconfigurarse para convertirlos en Clase A, lo que significa que una falla no podría inutilizar grandes partes del sistema.  El proceso llevó varios meses, y resultó la parte más complicada y que llevó más tiempo del proceso global de pruebas de aceptación, principalmente debido a la arquitectura operacional específica del programa del sistema de alarma. Sin embargo, estos tipos de situaciones dejaron en claro la necesidad y el valor de poner a prueba cualquier sistema de alarmas de incendio de reciente instalación. 

Sensibilidad del detector de humo
Adicionalmente, verificar el nivel de sensibilidad de cada uno de los miles de detectores de humo, en cumplimiento con NFPA 72, resultó vital para alcanzar la confiabilidad total del sistema y una menor susceptibilidad a las falsas alarmas, en especial si se tiene en cuenta la proximidad del CVC al Capitolio.  Recordé una reunión que tuve años atrás con un Juez Asociado de la Corte Suprema y el Supervisor de Tribunales mientras me encontraba diseñando el nuevo sistema de señalización de alarmas de incendio para el edificio de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Durante la reunión, el Juez me advirtió que si el sistema de alarmas de incendio se activaba debido a una alarma falsa o innecesaria, me iba a citar por desacato al tribunal. No pude olvidar esa advertencia durante años las veces en que me encontré en circunstancias similares. 

El fabricante y otras personas afirmaban que las pruebas no eran necesarias, ya que el panel de control de la alarma de incendio indicaría el nivel de sensibilidad de cada detector de humo. En realidad, yo sabía que el panel de control de la alarma de incendio no podía brindar tal información; lo que podía ofrecer era un valor que representaba el porcentaje en que el detector se humo se encontraba por fuera de un rango de sensibilidad preestablecido. Es por eso que también quería garantizar que los niveles de sensibilidad de los detectores estuvieran en el rango correcto, dentro de los criterios de listado UL; utilizamos los criterios y equipamiento de pruebas publicados por el fabricante para que nuestras pruebas brindaran la configuración de sensibilidad de nivel base de cada detector de humo. 

Las pruebas demostraron que algunos de los detectores de humo se encontraban fuera del rango de sensibilidad requerido, y debían ajustarse. En algunos casos, los detectores no pudieron llevarse al rango listado de UL y tuvieron que ser reemplazados. El ajuste en sí o el reemplazo sólo tomaron unos minutos para cada dispositivo, pero realmente valió la pena porque brindaron un nivel muy alto de confianza para todo el sistema. 

El uso de un generador de partículas de humo específico y calibrado (según lo requiere el listado UL) se convirtió en una fuente de discusión, ya que algunos de los ingenieros e instaladores querían utilizar humo en lata. El listado UL sólo permitía un generador de partículas, y yo seguía defendiendo su uso. Finalmente, adquirimos tres generadores de partículas de humo para utilizar en las pruebas y éstos se mantienen en funcionamiento para pruebas adicionales. 

Extinción gaseosa de incendios
Algunas áreas del CVC que exhiben o almacenan artefactos históricos se encuentran protegidos mediante agentes de extinción gaseosa de incendios y sistemas de rociadores automáticos.  Ciertos agentes gaseosos como FM-200 o NOVEC 1230 se envían por tuberías dentro de cuartos de almacenamiento, espacios de exhibición y vitrinas para brindar una capacidad inicial de extinción de incendio al tiempo que se preservan elementos importantes y a menudo irreemplazables, como la primera copia de la Resolución Conjunta del Senado 119, adoptada por la Cámara y el Senado el 11 de diciembre de 1941, en la que se declara la guerra a Alemania, y el martillo original utilizado por George Washington cuando colocó la piedra fundamental en el Capitolio de los EE.UU. 

Dado que la extinción gaseosa de incendios se basa en concentraciones específicas mínimas de un agente a fin de cumplir con la norma NFPA 2001, Sistemas de extinción de incendios mediante agentes limpios, la integridad de la habitación, recinto o gabinete resulta vital para la extinción y supresión exitosa de cualquier incendio que pueda ocurrir. Para estar seguros de que el espacio protegido puede mantener la concentración requerida por el tiempo necesario para lograr la extinción, los ocho espacios protegidos mediante el sistema gaseoso del CVC fueron sometidos a una prueba de integridad del recinto utilizando aparatos de presión de ventilador, y en los ocho se encontraron pérdidas. Algunos espacios eran relativamente pequeños, lo que significa que aún las tasas de pérdidas pequeñas fueron consideradas fallas porque las concentraciones del agente caerían rápidamente debajo de los niveles necesarios. Se identificaron y sellaron todos los puntos en los que había pérdidas. Sin embargo, pruebas subsiguientes continuaron revelando tasas de pérdidas intolerables, que requerían enfoques alternativos para sellar los espacios. Se aplicaron en el lugar rellenos no combustibles adicionales, como enmasillado y material de espuma retardante de fuego de marca registrada. El proceso de prueba y de sellado llevó cerca de dos meses.  

Un resultado positivo de este material de extra sellado fue que reducía el volumen del espacio protegido, lo que significó que la cantidad de agente gaseoso necesario en los cilindros de almacenamiento duales terminó siendo dos veces la cantidad necesaria para proteger los espacios. Esta cantidad adicional nos permitió liberar en forma secuencial todo el agente durante un período controlado, lo que significó concentración del agente y un “tiempo de inmersión" extendido necesario para la extinción. 

Sistema de control de humo
Dado que todo el CVC se halla bajo tierra, el sistema de control de humo del edificio recibió la misma clase de análisis minucioso que los otros sistemas de seguridad humana a fin de garantizar el cumplimiento con el NFPA 101, Código de Seguridad Humana. Mediante el uso de un manómetro Magnehelic calibrado —esencialmente, un medidor digital del diferencial de presión— para medir las diferenciales de presión entre las zonas de humo adyacentes, se detectó que los motores de algunos ventiladores no contaban con los caballos suficientes para alcanzar los requerimientos de diseño mínimos. Durante las pruebas, no pudimos obtener las diferencias de presión que necesitábamos entre algunos de los espacios, lo que significaba que, en caso de incendio, podría haber un desplazamiento de humo de un área del edificio a otra. Se quitaron tres motores de ventiladores y se colocaron unos más grandes y potentes, de 35 hasta 65 a 70 caballos de fuerza. Mientras que este proceso provocó algo de tensión —el proyecto de un mes de duración le costó al contratista miles de dólares, y resultó difícil conseguir nuevos motores— podían continuarse otras pruebas para que el programa de ocupación final no se viera afectado. 

Bajo presión
A lo largo de esta fase final, tuve que hacer frente a presión por parte del Congreso y de las organizaciones para finalizar las pruebas y emitir un Certificado de Ocupación lo más rápido posible. Mi renuencia a emitir un Certificado de Ocupación me convirtió en objeto de críticas por parte de un gran número de partes interesadas, desde el equipo de construcción y el personal de la AOC hasta los miembros y los comités del Congreso. A medida que las críticas del proyecto se elevaban —la Diputada Deborah Wasserman Schultz (de Florida), quien presidió una sesión de Diputados sobre el progreso del centro, describió al CVC como un “hermoso desastre”— una gran cantidad de veces solicitaron mi presencia frente a miembros del Congreso para “analizar” el tema de las pruebas y el Certificado de Ocupación; mientras que la mayoría reconoció la importancia de nuestros esfuerzos, algunos seguían convencidos de que yo podía acortar el cronograma de pruebas o posponer algunas de las mismas hasta después de la inauguración formal del CVC. En una ocasión, un miembro del Congreso me dijo que yo estaba siendo “muy quisquilloso” y que debería “dejar de ser tan intenso”. Durante una reunión con el equipo de construcción, relacionado con mi plan de pruebas para los sistemas de seguridad humana del edificio, unos de los asistentes, un funcionario senior de administración, se retiró de la reunión y me llamó al teléfono celular. Esta persona me dijo que si no podía llegar a la decisión “correcta”, entonces ellos encontrarían a alguien que lo hiciera. Aún así, debo reconocer que, especialmente teniendo en cuenta cuánto deseaban ver finalizado el proyecto, ningún miembro del Congreso o el Arquitecto del Capitolio me presionaron para forzar la inauguración del CVC antes de finalizar las pruebas. 

Finalmente, las pruebas tomaron seis meses. Pero dejaron a la luz, y sirvieron para reparar, una gran cantidad de problemas que de otra manera habrían puesto en peligro las complejas redes de los sistemas de incendio y de seguridad humana del CVC.  También levantaron la última barrera para la emisión del Certificado de Ocupación final, que firmé el 9 de octubre de 2008, en una breve ceremonia organizada en el Emancipation Hall del centro.  Dos meses más tarde, el CVC abrió sus puertas oficialmente, y por primera vez el público pudo experimentar esta magnífica estructura; una estructura que, me consta, no podría ser más segura.  

Kenneth Lauziere, se desempeñó como Jefe del Cuerpo de Bomberos de la Oficina del Arquitecto del Capitolio de Washington, D.C. En la actualidad es experto en la materia para Cabezon Group de Columbia, Maryland.

Una decisión más firme
Una perspectiva histórica sobre cómo se generó el CVC, y cómo los eventos del 11 de septiembre y los ataques con ántrax le fueron dando forma.

Considerada como la adición más ambiciosa al Capitolio de los Estados Unidos desde la construcción del icónico domo de hierro fundido de 1863, el Centro de Visitantes se encuentra junto a otras construcciones significativas e hitos de expansión del Capitolio, como la adición de las alas del Senado y de la Cámara de Diputados (en 1800 y 1811, respectivamente) y la reconstrucción total del Capitolio después de que los ingleses lo incendiaran en 1814. 

La necesidad de un centro de visitantes se identificó a mediados de la década del 70 en el plan maestro del Complejo del Capitolio desarrollado por George White, el noveno Arquitecto delcapitol safety 200x175x2Capitol Hill, 2001: Trabajadores en trajes para material biológico peligroso se preparan para ingresar a las oficinas del Congreso después de que una prueba indicara que se hallaban contaminadas con ántrax. Capitolio, pero el concepto quedó archivado por muchos años. Pero eso cambió en 24 de julio de 1998, cuando un hombre armado ingresó a la fuerza por la Puerta de los Documentos del Capitolio (ahora denominada la Puerta del Monumento), asesinó a Jacob (J.J.) Chestnut, Oficial de Policía del Capitolio de los EE.UU., antes de dirigirse a las oficinas del jefe de la bancada mayoritaria, en donde el Detective John Gibson, oficial de Policía del Capitolio de los EE.UU., repelió el ataque e hirió al agresor durante un tiroteo. Gibson también resultó herido, y falleció más tarde. El ataque puso de manifiesto la necesidad de una instalación en donde los visitantes pudieran ser registrados antes de admitirlos dentro del Capitolio. A las semanas del tiroteo, el Congreso ordenó que el proyecto del centro de visitantes se acelerara y que se tomaran medidas apropiadas con el fin de evitar incidentes catastróficos similares. En deferencia a la solicitud de John Paul Stevens, Juez Asociado de la Corte Suprema, y para preservar los paseos del frente este del Capitolio, el CVC se diseñó como una estructura subterránea. (Resulta interesante que durante una remodelación anterior del Capitolio, Frederick Law Olmsted requirió que se mantenga en su lugar una cisterna de 121.000 galones para protección de incendio durante el siglo XIX; la cisterna se quitó como parte de la construcción del CVC).  El diseño del edificio se finalizó en 2000. 

Luego vino el 11 de septiembre y, al mes siguiente, los ataques con ántrax en el Capitolio, los que se combinaron para tener un profundo impacto en el proyecto de CVC.  El 11 de septiembre nos hizo dar cuenta de que debíamos construir el CVC de modo que pudiera evacuarse por completo, al igual que todos los otros edificios del Complejo de Capitolio, en caso de un ataque terrorista. En un incendio, las personas pueden trasladarse a otra parte del edificio o a otra parte del complejo; en un ataque, las personas tienen que poder salir de cada estructura y del complejo mismo, y esa es una cuestión completamente diferente.  Los ataques con ántrax cambiaron la dinámica de cómo brindar calefacción y refrigeración, además del movimiento de personas durante una emergencia.  En conjunto, dichos eventos cambiaron los materiales, métodos y sistemas de construcción del CVC: absolutamente todo. Esos cambios probablemente agregaron dos años a la construcción del CVC, sin mencionar cientos de millones de dólares extra al costo. 

Tuve mucho tiempo para pensar sobre eso una noche durante el ataque con ántrax, cuando por casi ocho horas fui la única persona en el edificio del Capitolio. La última vez que se había desalojado el Capitolio fue durante la Guerra de 1812, y nunca voy a olvidar la experiencia de ser la única persona en el edificio, especialmente teniendo en cuenta la circunstancias. Con un traje protector de materiales peligrosos de nivel B, fui de oficina en oficina recolectando documentos clasificados de los Comités de Inteligencia y colocándolos en bolsas para incineración a fin de lograr una eliminación segura. Tuve que realizar esta tarea porque contaba con capacitación y certificación en operaciones con materiales peligrosos, tenía un conocimiento total del plano del Capitolio, y poseía una autorización de seguridad secreta: las tres calificaciones consideradas indispensables para la operación.   Después de los acontecimientos de esa noche, pasé todo el año siguiente tomando antibióticos potentes como precaución contra un posible contagio del ántrax. 

Fue una instancia más durante ese período raro e inquietante que afianzó mi decisión de hacer el CVC lo más seguro posible; debíamos hacerlo bien.

 

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