Impulsado por el calor abrasador y los fuertes vientos, el Incendio de Richard Spring calcinó más de 170,000 acres de tierra cuando ardía en el sureste de Montana a mediados de agosto. Los afectados con especial dureza fueron los numerosos ganaderos de la zona, que suelen actuar como socorristas en los incendios forestales en sus propiedades. Aproximadamente un mes después del incendio, Jacqueline Wilmot, directora de proyectos de investigación de la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios (Fire Protection Research Foundation), habló con Clint McRae, ganadero desde hace mucho tiempo, sobre su experiencia al enfrentarse a ese incendio, y a los incendios forestales en general, en la finca Rocker Six Ranch, cerca de Colstrip, Montana. A continuación, un extracto editado de la entrevista de Wilmot a McRae.

He estado combatiendo incendios, yendo a los incendios con mi padre, desde que tenía unos 6 o 7 años. Así que los incendios forestales no son nada nuevo para mí. Aquí, en el condado de Rosebud, vivimos en una zona de incendios muy activa. El verano es árido y tenemos tormentas eléctricas con rayos que suelen provocar incendios.

Pero el incendio que ardió en agosto, ese fue terrible. He visto incendios graves antes. He visto condiciones de fuego extremas. Pero cuando empieza a amenazar tu vivienda y tus edificaciones anexas, eso crea una dinámica totalmente nueva. Esto fue personal. Por primera vez en mi vida, casi perdimos nuestra casa. Este fuego quemó 100,000 acres en un día. La temperatura era de 104 grados, con vientos de 50 millas por hora, y el porcentaje de humedad estaba cerca de un solo dígito. No había manera de detenerlo. Perdimos tres de nuestros seis corrales [de almacenamiento de heno] y unas 500 pacas de heno. Más del 90 por ciento de nuestra tierra se quemó.

Lo que mucha gente no sabe es que los ganaderos como yo solemos ser los primeros en responder a los incendios forestales en nuestra propiedad. De hecho, el estado nos provee autobombas para incendios forestales con tanques de agua de 500 galones. Cuando se produce un incendio forestal, la estrategia inicial es siempre salir con ese camión y ver si podemos atacar directamente las llamas. Si podemos sofocarlo con agua, lo haremos. Si es más extremo, si la altura de las llamas y el calor son demasiado, retrocederemos, usaremos equipos, como excavadoras, y haremos una franja cortafuego. Si es aún más extremo—y esto es lo que ocurrió en agosto—tendremos, entonces, que ser asistidos por los bomberos estatales y a veces federales, que intervienen con ataques aéreos y todos los juguetes de la caja de juguetes, por así decirlo.

Cuando por primera vez me permitieron empezar a responder a los incendios con mi padre, no teníamos un sistema como este ni herramientas como estas. Tal vez un ganadero tenía una pequeña excavadora [Caterpillar] y trazaba una franja en la tierra. Pero mirando hacia atrás, esos incendios tampoco eran tan devastadores como lo son ahora.

Estos incendios son cada vez más graves, cada vez dan más miedo. Creo que hay un par de razones para ello. La primera razón, creo, es que nuestro clima está cambiando. Creo que las personas que están en mi área de trabajo no siempre quieren admitirlo, pero he visto algunos cambios drásticos, así que eso es parte de ello. El otro problema son las cargas combustibles. No queremos un sobrepastoreo en nuestra finca, así que siempre tenemos algún área que se ha dejado descansar durante un año o dos, para que podamos llevar allí al ganado y pastorearlo. Pero el problema es que eso supone una enorme carga combustible, y cuando se incendia, es realmente difícil de detener. Este año hemos tenido alturas de llamas de cinco o seis pies en algunos de estos pastos, por lo que es imposible acercarse.

De cara al futuro, tras la devastación del incendio de agosto, hemos tenido que tomar la difícil decisión de vender todo nuestro ganado de tres años o más, tomar ese dinero y en los próximos dos años volver a comprar ganado. Es complejo, pero también nos consideramos afortunados de tener siquiera ganado que podamos vender. En 2012, tuvimos un año de incendios terrible, y un primo mío perdió 170 cabezas de ganado. Un vecino perdió 400 cabezas. Así que esta vez, sabíamos que teníamos que adelantarnos al fuego. Abrimos las tranqueras, cortamos los cercos y dejamos que el ganado se fuera. Siempre es un riesgo hacer eso, pero es mejor encontrar el ganado a 15 millas de distancia, pero vivo, que encontrarlo muerto. Después del incendio, el ganado se dispersó por todas partes. Todavía lo estamos recuperando.