El 16 de mayo, se desató un incendio en la distribuidora mayorista Smoke Tokes Wholesale Distributor, una compañía al este de Los Ángeles que vendía productos derivados del cannabis. Las grabaciones televisadas por las estaciones de noticias de la televisión local y otros medios capturaron el desafío enfrentado por los bomberos socorristas. Con un incendio que ya emanaba desde el frente del edificio comercial de un único piso, los bomberos comenzaron a descender desde el techo por una escalera de altura que se posaba por encima de las llamas. En un instante, el incendio que emanaba del edificio cuadriplicó su dimensión, envolviendo a los bomberos que intentaban emprender su retirada. "Algunos de ellos… corrieron hacia la vereda, en donde se quitaron su equipo de protección en llamas, incluso los cascos derretidos", reportó Fire Engineering. Doce bomberos resultaron heridos, entre ellos varios con quemaduras severas. Un reporte del incidente desde el Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles (LAFD) informó asimismo que los camiones, herramientas y equipos habían sufrido importantes daños.

La ciudad inició una investigación penal para determinar qué causó el incidente, pero muchos han especulado que éste incluyó butano después de que los bomberos reportaron haber visto pequeñas latas de butano vacías afuera del edificio. El butano, un gas inodoro, de fácil ignición, puede ser utilizado para extraer compuestos específicos de la flor de la marihuana, creando potentes y cada vez más populares aceites de THC o CBD. Por lo general, las latas como estas encontradas en la escena del incendio son utilizadas en un peligroso proceso de extracción ilegal conocido como explosión abierta. 

A pesar de lo dañino que resultó el incendio, podría haber sido incluso peor si se descubriera que se estaban realizando actividades ilegales en las instalaciones. En años recientes, dicen los expertos, la industria se ha esforzado mucho por mejorar la seguridad a través de la presentación de estrictas reglamentaciones y al distanciarse de prácticas como las explosiones abiertas. Los defensores temen que el incendio en Smoke Tokes podría manchar el récord de seguridad de la industria y terminar con la benevolencia alcanzada en estados que podrían haberse presentado reacios a acoger el negocio legal del cannabis.

"Es una mala reputación en toda la industria", dijo Dustin Mahon, director de servicios de asesoría para ExtractionTek Solutions, una compañía con sede en Colorado que fabrica equipos de extracción. "Resulta realmente importante para las personas en nuestra industria comprender que cosas como éstas aún ocurren y hacer lo que esté a su alcance para impedirlas".

Superando un contratiempo

Pocas industrias han crecido tanto como la industria legal del cannabis en las últimas dos décadas. En el año 2000, solo siete estados en toda la nación permitían el uso de la marihuana medicinal. En la actualidad, esa cifra ha ascendido a 33, y 12 de esos estados, incluso California, han legalizado totalmente la marihuana para su uso recreativo. Las estimaciones colocan a la industria legal del cannabis en Estados Unidos en aproximadamente $20 mil millones en el 2020.

Una de las áreas de crecimiento más repentino ha sido la aparición de los extractos de cannabis, entre ellos, los productos de TCH así como los productos de CBD no psicoactivo; una gama de ofertas de CBD está comenzando a aparecer en las góndolas de almacenes, entre éstas, aceites, lociones y chupetines. A nivel mundial, se espera que la industria de extractos de cannabis crezca alrededor de un 17 por ciento durante los próximos siete años, según un informe de análisis del mercado publicado a principios de este año.

Desde un comienzo, la extracción ha estado entre las principales preocupaciones de los funcionarios en seguridad contra incendios – y con razón. En el 2011, cuando Mahon se mudó a Colorado desde su estado original de Wyoming para unirse a la floreciente industria de la marihuana medicinal, comenzó a realizar la extracción utilizando la explosión abierta. Básicamente, la técnica incluye llenar un tubo o tubería con la flor de la marihuana y hacer explotar los contenidos con butano u otros solventes para hacer salir el aceite. Es un proceso peligroso que puede fácilmente originar una explosión, pero "así es como todos lo hacían en ese entonces", dijo Mahon.

Desde entonces, con la maduración de la industria, sus procesos se han perfeccionado. Ahora los operadores como Mahon anhelan las reglamentaciones. "Ahora lucho cuando llego a un nuevo estado y me muestran un libro de reglamentaciones de tan solo 30 páginas, cuando estoy acostumbrado a 300 páginas", dijo.

La compañía para la que trabaja Mahon, ExtractionTek Solutions, ha sido de gran importancia en la promoción de métodos de extracción seguros en particular, vendiendo equipos que extraen marihuana a través de lo que se conoce como un sistema de circuito cerrado. "El gas se recicla, y es un método de operación mucho más seguro y eficiente", dijo Mahon.

Incluso así, la explosión abierta, a la que Mahon hace referencia como un "enfoque de extracción del Lejano Oeste", no ha sido erradicada por completo. "Es inevitable", dijo. "Al igual que aún existen personas fabricando alcohol destilado ilegalmente, existirá siempre gente que intente eludir las reglas. La explosión abierta es una manera rápida y económica de obtener un producto de alta potencia".

No queda claro si el incendio en Smokes Tokes fue originado por una explosión abierta, un inadecuado almacenamiento de butano, o una sumatoria de otros factores. De cualquier modo, el incidente ya ha sido rotulado como una consecuencia de la industria legal del cannabis.

"La normalización y legalización avivan la demanda, y la demanda aviva este tipo de sucesos", escribió durante los días posteriores al incendio en la red social Twitter Kevin Sabet, autor de un libro en el 2003 que argumenta contra la legalización de la marihuana. "Ningún traficante de drogas inventó este creciente apetito por los absurdos productos de THC – el viejo y conocido capitalismo americano lo hizo".

Los informes de los medios también identificaron a Smokes Tokes como un productor de aceite de cannabis, lo que sugiere que la empresa era parte de la industria legal del cannabis en California. Pero según un artículo publicado en Forbes dos días después del incendio, un vocero de la Agencia de Control del Cannabis estatal confirmó que no existía ninguna compañía de la industria del cannabis con licencia estatal en ese domicilio. En otras palabras, si se estaba realizando alguna extracción de cualquier tipo en las instalaciones, ésta no era legal.

Este hecho les quita el sueño a los representantes de la industria legal del cannabis. "A pesar de que pueden transcurrir semanas o incluso más tiempo hasta que los investigadores del incendio definan la causa real, la lección para los defensores de la reforma de las políticas sobre drogas y para cualquiera en la industria del cannabis es que llevará mucho más tiempo que eso lograr eliminar los prejuicios anti drogas ya gestados", escribió en el artículo de Forbes el periodista de la industria del cannabis Chris Roberts. "Uno puede hacer todo bien e incluso sufrir un contratiempo en las guerras de la información".

Según Ray Bizal, los malos entendidos sobre la industria legal del cannabis han existido entre los funcionarios de seguridad pública y hacedores de política desde antes del incendio en Los Ángeles. Bizal, director de operaciones regionales para NFPA, resaltó ese punto en un reciente episodio del Podcast de NFPA, en donde fue entrevistado justo días antes del incendio en Smoke Tokes. Mucha gente sin conocimientos de la industria asume que la extracción y otros procesos se realizan de manera no profesional, dijo Bizal en la entrevista. "Y yo creo que eso es un concepto erróneo", agregó. "La industria del cannabis quiere hacer un buen trabajo. Quieren trabajar de forma segura… no quieren poner en riesgo su negocio y crear problemas".

Para Mahon, la mejor manera de que las partes intervinientes de la industria superen cualquier obstáculo presentado por el incidente en Smokes Tokes será al continuar adoptando las reglamentaciones de la misma manera en que él y muchos otros lo han hecho en años recientes. "Necesitamos ser los líderes. Necesitamos autorregularnos", dijo. "La única manera en que esta industria puede sobrevivir es con reglamentaciones y uniformidad en todos los frentes".

En el 2018, se agregó un nuevo capítulo sobre instalaciones de cultivo y procesamiento de marihuana en NFPA 1, Código de Incendios. Mahon describió el agregado como "un gran paso hacia la dirección correcta", e instó a cualquiera en la industria legal del cannabis que no estuviera familiarizado con el capítulo a estudiarlo. (Se puede leer el capítulo, junto con NFPA 1 en su totalidad, de forma gratuita en línea en nfpa.org/1).

Mientras que los cultivadores y extractores pueden trabajar para conocer los recursos regulatorios actuales, es también de suma importancia para las autoridades competentes aprender más sobre la industria e intentar evitar futuros incidentes como el ocurrido en Los Ángeles.

"La industria del cannabis cambia con rapidez", le dijo Bizal a NFPA Journal. "Es importante inspeccionar estas instalaciones, asegurarse de que cumplan con el código, y observar lo que están haciendo ahora como un punto de referencia para la siguiente inspección".

 

Angelo Verzoni es redactor del NFPA Journal