Los primeros 12 minutos

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Los primeros 12 minutos

Por Jesse Roman

Según un gerente de emergencias, la mayor parte de la capacitación sobre cómo reaccionar ante un evento hostil está mal informada y está diseñada para fallar. Él cree que podría contar con una mejor manera de hacerlo.

ENTREVISTA REALIZADA Y EDITADA POR JESSE ROMAN

Durante una parte de la conferencia sobre capacitación liderada por Tom Polera sobre preparación para eventos de tiradores activos, una diapositiva en particular por lo general llama la atención de los asistentes con un peso agregado. Muestra un collage de rostros, muchos de ellos adolescentes con rostros aniñados – y todos ellos son asesinos en masa.

“Miren a estos niños,” le dice Polera a su cautivada audiencia. “Algunos de ellos podrían estar vinculados con ustedes. Podrían parecerse al niño que vive en la otra cuadra. Así es como se ven los asesinos”.

Polera, inspector del departamento de bomberos y gerente de emergencias en Falls Church, Virginia, conoce esta lección en primera persona. Su propia hija fue a una escuela secundaria con una de esas caras en la pantalla; además, dos de sus compañeros en la escuela fueron más adelante asesinados en los tiroteos de la Universidad Técnica de Virginia. El mensaje es certero. “Es necesario que la gente en su audiencia comprenda que no existe una burbuja que proteja a su comunidad”, me dijo Polera durante una reciente entrevista. “Hay que mostrarles que esto es real”.

La constante amenaza de violencia intencional en escuelas, lugares de culto y otros espacios de la comunidad forzó a Polera a crear “Los primeros 12 minutos”, un programa que lanzó el último año para capacitar a los ciudadanos sobre cómo sobrevivir a ataques de tiroteos activos. El programa enfatiza la independencia, incluso la creación de barreras para aislar una habitación, cómo aplicar torniquetes y apósito sobre heridas de armas, y cómo confrontar y desarmar a un agresor. Polera ha dictado el curso de tres horas de duración alrededor de 30 veces a casi 1000 profesores, líderes religiosos, y ciudadanos en diferentes lugares de Falls Church, una ciudad de aproximadamente 15,000.

Los fundamentos detrás del enfoque son simples, dice Polera: la gran mayoría de los tiroteos en masa finalizan en cuestión de minutos, antes de que los socorristas puedan incluso llegar a escena. La investigación ha demostrado que, cuando comienza el tiroteo, las acciones que toman los ciudadanos – o que no toman – afectan en gran medida el modo en que mucha gente muere en estos incidentes, un hecho que influye en el tiempo y nuevamente en los ejemplos que Polera repasa con los asistentes a su capacitación.

“Es en realidad un programa de educación pública que no difiere de lo que hemos realizado durante años en el cuerpo de bomberos”, dice Polera, que llegó a Falls Church en el 2012 después de una carrera profesional de 30 años en el Cuerpo de Bomberos del Condado de Arlington (Virginia). “Los servicios de emergencia se han siempre ajustado a lo que hacemos para cumplir con las necesidades de la comunidad. Desde el 2000 hasta la actualidad, estamos observando un promedio de un tirador activo cada 19 días. Desde ese punto de vista, esta es una significativa necesidad de la comunidad. No se puede decir que no ocurrirá aquí”.

Si bien el programa de Polera es hasta ahora un esfuerzo local, ha ganado la atención del Departamento de Justicia estadounidense y de las municipalidades en todo el país que intentan preparar mejor a los ciudadanos para niveles cada vez mayores de violencia con armas y otros actos hostiles. Polera ha conversado sobre “Los primeros 12 minutos” en conferencias profesionales en toda la nación, incluso en la Conferencia y Exposición de NFPA en San Antonio en junio. Él considera que el programa “es una de las cosas más gratificantes que he hecho en mis casi 40 años de carrera”.

NFPA Journal conversó con Polera sobre cómo fue la creación de “Los primeros 12 minutos”, por qué es necesario darle más énfasis a la capacitación de los ciudadanos sobre la respuesta ante tiradores activos, y cómo se adapta a la nueva NFPA 3000™ (PS), Norma para el Programa de Respuesta a Tiradores Activos/ Eventos Hostiles (ASHER).

¿Cuál fue su opinión sobre NFPA 3000 cuando fue publicada el año pasado, y cómo se integra su programa con las pautas en la norma?

Honestamente, cuando oí por primera vez sobre NFPA 3000, fue escéptico. Pero cuando la leí, encontré que es muy abierta a todo lo que estamos enfrentando, y que es realmente un buen mapa de ruta para la preparación contra tiradores activos. Nuestro programa se adapta bien a la educación pública y los capítulos de información de NFPA 3000. Mientras viajo dando presentaciones sobre nuestro programa, como lo que hice en San Antonio en la conferencia de NFPA, voy publicitando también NFPA 3000.

¿Cómo fue el nacimiento del programa “Los primeros 12 minutos”? ¿Qué lo llevó a creer que el público necesita una capacitación más práctica en esta área?

Cuando se produjo el tiroteo en la iglesia Emanuel en Charleston, Carolina del Sur, en 2015 [en el que se dio muerte a nueve personas], nuestras iglesias aquí comenzaron a solicitarnos capacitación sobre cómo protegerse. Busqué en el país ejemplos de programas de capacitación para ciudadanos y observé que la mayoría de las comunidades estaban simplemente diciéndoles a sus ciudadanos, “si desean recibir capacitación sobre tiroteos activos, miren este video y estarán listos”. La mayoría de los sitios Web municipales refería a las personas a un video creado en Houston titulado “Corre, Escóndete, Pelea” (“Run, Hide, Fight”), que lo consideramos excelente, pero me di cuenta que necesitábamos más. En el cuerpo de bomberos hemos aprendido que no se puede simplemente ver un video, es necesario también analizar los conceptos, comprender por qué se están realizando tales conceptos y luego realmente ponerlos en práctica. Pensé que nuestra comunidad necesitaba algún tipo de enfoque práctico. Entonces presencié un simulacro de cierre de emergencia en nuestra escuela secundaria, y me convencí aún más de que teníamos la necesidad real de prestar más atención en esta área.

¿Qué ocurrió con el simulacro que lo hizo sentir así?

Vi a niños capacitados con los métodos tradicionales de cierre de emergencia – apagando luces, cerrando puertas con traba, escondiéndose en una esquina alejada, sentándose en el piso hasta que el evento hubiera terminado. No se cuenta con preparación sobre qué hacer si el tirador ingresa al salón de clases. No se habla sobre cuál sería la respuesta. Durante años eso es en gran parte lo que le hemos estado diciendo a la gente que haga – simplemente esperar que el tirador no ingrese. Y como los niños han sido capacitados de ese modo, vemos ahora a algunas personas en la población activa hacerlo de esta manera en sus entornos empresariales. Lo único que estamos haciendo es agrupar a la gente y crear entornos llenos de oportunidades que no desafían al asesino. Simplemente le facilitan las cosas.

¿Cuál es la mejor alternativa?

Todo comienza con una buena conciencia situacional, y sabiendo dónde uno se encuentra en relación al tirador. Salir del edificio es siempre la primera opción. Si no se puede salir, entonces hay que contar con un plan para eludir al atacante, lo que podría incluir obstruir la puerta con una barrera. Esto es seguido de un plan sobre qué ocurrirá luego, lo que podría incluir confrontar al tirador. Hemos visto pruebas de que si se toma una posición proactiva, se puede hacer una diferencia. En abril, un estudiante llamado Riley Howell se lanzó sobre un hombre armado en la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte y lo enfrentó. El mismo mes, Oscar Stewart, un veterano de las Fuerzas Armadas, confrontó y detuvo a un tirador en una sinagoga en San Diego. En mayo, un entrenador de fútbol llamado Keanon Lowe enfrentó a un hombre armado en una escuela secundaria en Portland, Oregón antes de que pudiera disparar a alguien. Howell murió, pero todos estos individuos hicieron una diferencia. Salvaron vidas al tomar una postura proactiva al momento de responder. La clave aquí es no continuar haciendo lo que hemos estado haciendo.

¿Cómo llegó a determinar el período específico de 12 minutos?

La mayoría de estos eventos termina por lo general en menos de 12 minutos. La masacre de la escuela de Sandy Hook duró cinco minutos. Luego piensen en lo que sería considerado un buen tiempo de respuesta. Le llevará uno o dos minutos a alguien identificar que son disparos lo que está oyendo y hacer una llamada en pedido de ayuda. Luego el mensaje llega a los socorristas – eso lleva otros dos o tres minutos. Luego llega la fuerza policial, lo que podría llevar ocho minutos. Una vez en escena, tienen que identificar dónde se está produciendo el tiroteo y llegar allí. Doce minutos es en realidad un muy buen tiempo de respuesta, pero en áreas rurales podría llevar mucho más tiempo. La velocidad de la violencia es mucho más rápida. Por lo general para el momento en que llegan la policía, los bomberos y el servicio de emergencias médicas, ya resulta lamentablemente una operación de recuperación en ese momento, no una operación de rescate. De modo que deben entregarse los elementos necesarios para salvar una vida a los ciudadanos que estarán allí en el momento en que se produce el tiroteo.

¿Cómo sería la capacitación real?

La primera parte es una conferencia que por lo general dura alrededor de una hora. Repasamos los datos de tiradores activos, estadísticas actuales del FBI, y mostramos tendencias actuales sobre tiroteos y los lugares donde ocurren. También conversamos sobre el tiempo de respuesta y la velocidad de la violencia y la probabilidad en base a esto de que la gente pueda sufrir lesiones o morir.

Luego dividimos a los asistentes en tres grupos para sesiones de debate que duran alrededor de media hora cada una. En una, conversamos sobre cómo trabar una puerta si es necesario hacerlo y cómo se vería eso. En otra, conversamos sobre el control de un sangrado y nos concentramos en técnicas para torniquetes y apósitos no oclusivos. En la tercera, les mostramos el enfoque tradicional para el cierre de emergencia cuando uno se esconde en una esquina y lo que ocurriría si el tirador ingresara a la habitación. Y luego lo repetimos utilizando el enfoque más activo que les estamos enseñando.

¿Cómo recrean el escenario del tirador activo? ¿Qué ocurre en la habitación?

Hacemos que un tirador falso ingrese a la sala tirando estas pequeñas municiones de espuma Nerf mientras el grupo se amontona en una esquina de la habitación. Luego, interrogamos a los asistentes sobre su respuesta, lo que hicieron, y cómo se sintieron. La mayoría dice lo mismo: “No hice nada. Simplemente me senté allí y no tuve fuerza, ni control. Estaba allí sentado como una presa fácil”. Estas son sus frases. Les preguntamos qué hicieron para dificultar la acción del tirador y todos dicen lo mismo: “No hice nada”. Luego les enseñamos los métodos más proactivos y repetimos el ejercicio.

¿Qué métodos les enseñan y cómo es el segundo ejercicio?

Les enseñamos cómo arremolinarse alrededor del tirador, cómo distraerlo tirándole objetos, y cómo atraparlo. Antes de que el tirador ingrese a la habitación por segunda vez, trabajamos con ellos diciendo, “OK, hay un tirador del otro lado. ¿Qué harán si ingresa aquí? ¿Cuál es su plan? Ustedes deben conversar entre ustedes e idear algo”. Y es allí cuando empiezan a pensar. Es allí cuando se producen los cambios, y es allí cuando llega el momento revelador porque ven lo que habían hecho anteriormente y que resultó un completo fracaso. Cuando lo hacen por segunda vez, se dan cuenta, “Guau, creo que realmente podemos hacer algo para atacar al tirador”. Uno puede ver cómo aparece el empoderamiento y se crea una confianza cuando realmente lo hacen y trabajan como un equipo.

¿El enfoque proactivo logra por lo general un mejor resultado para las víctimas?

Una vez que atravesamos el segundo ejercicio utilizando estas técnicas proactivas, realizamos el inventario de cuántas personas fueron golpeadas por una pelotita de espuma. Por lo general, son una o dos personas en una habitación de alrededor de 15, y por lo general son golpeadas en una pierna o brazo en donde probablemente no se produciría una herida fatal. No digo que no existirán fatalidades o víctimas en ese escenario, pero sus posibilidades de sobrevivir son mucho mayores frente al hecho de quedarse sentados sin hacer nada.

Les enseña a los asistentes a trabar las puertas para mantener al tirador afuera. Ese tema ha generado controversia entre los defensores de la protección contra incendios en general porque podría presentar un problema para el egreso. Como inspector del cuerpo de bomberos, ¿Qué diría al respecto?

Sé que mis colegas y yo a veces no estamos de acuerdo sobre el tema de colocar trabas, y sé que NFPA es muy sensible en este tema también. La gente dice que no queremos que la gente use barreras para trabar puertas o ciertos mecanismos de traba porque entonces nos enfrentaríamos a un problema con la salida. Entiendo eso y lo comprendo totalmente. Queremos cumplir con los códigos de incendio, pero al mismo tiempo si hubiera un tirador del otro lado de ese muro con un arma AK-47, ¿cuál sería su reacción?

Tuvimos que mantener una conversación sobre esto porque no hemos perdido ninguna vida en un incendio en una escuela desde 1958 – pero cada vez mueren más niños a causa de tiroteos en escuelas. Mantuve conversaciones con mis colegas, a quienes podría llamar puristas del código o puritanos del código, que dicen que no podemos hacer nada con el hecho de bloquear las puertas con barreras – la idea es rápidamente descartada. En mi opinión, eso no tiene realmente ningún sentido y no resuelve el problema. Es necesario que continuemos con ese debate.

¿El hecho de haber viajado a escuelas y haber realizado estas capacitaciones lo ha ayudado a tener alguna otra percepción sobre el problema de los tiradores? ¿Hubo algo que lo haya sorprendido?

Lo que más me sorprendió ha sido la poca consideración que se le parecería dar a los tiradores activos al momento de diseñar y construir escuelas modernas y otros edificios. No está considerado en los códigos de construcción, de modo que rara vez es considerado por los arquitectos. En algunos casos, la mitigación del tirador podría discrepar con las características de diseño del entorno, tales como la cantidad de vidrio que se está utilizando. Esto es algo que escucho todo el tiempo de las personas durante mis capacitaciones. De hecho, he visitado una escuela en la que todos los muros de los salones de clase están construidos completamente de vidrio. Cuando uno considera los conceptos de cubrirse y ocultarse ante la presencia de un tirador activo, existen muy pocas alternativas positivas disponibles cuando a uno se lo puede ver a través del vidrio. Se requiere de mucho más trabajo para incorporar esfuerzos de mitigación en la construcción de edificios relacionados con la protección contra tiradores activos.    

Casi 1,000 ciudadanos de Falls Church han asistido a esta capacitación, y el público estuvo formado por maestros de la escuela media y secundaria. ¿Existen planes de incluir también en el programa a los estudiantes?

Cuando recibí la aprobación por parte de la dirección de la escuela para realizar este programa, en realidad dijeron que ellos solo consideraban que el programa funcionaría si capacitábamos a los estudiantes también. Me entusiasmé al oír eso ya que los estudiantes deben recibir la capacitación. Creo que de algún modo debería ser parte del programa curricular de la escuela media y escuela secundaria, ya sea dentro de la materia de educación física, educación para la salud, o alguna otra. Pero no lo hemos llevado adelante todavía. Esto es un gran desafío y no estoy seguro de cómo lo lograremos exactamente. Es una cuestión de fuerza laboral.

Pude ver cómo enseñarles a los niños – o a cualquiera – a confrontar a un tirador puede resultar controversial. ¿Ha encontrado cierta resistencia por parte de los maestros y del distrito escolar?

Tuve que dirigirme a la dirección de mi escuela dos veces para recibir la aprobación para este programa. Creo que la primera vez sirvió solo para describir el panorama, y la segunda vez fue para volver a describirlo porque creo que la primera vez no quisieron en realidad aceptar que se trataba de un problema. Pero la segunda vez logré realmente dejar las cosas claras. La realidad es que existen muchas cosas que pueden ponerle un fin a un programa como el nuestro. Digo con seguridad que no hemos registrado nunca una lesión, no hemos recibido nunca una mala revisión, y nunca nadie dijo, “Desearía no haber asistido a esta capacitación”. Ha sido siempre positivo. Parte del éxito, creo, es que uno debe ser consciente de a quién está capacitando – no son socorristas, y puede resultar una clase escalofriante. Cuando comienzo con la charla, puedo ver las reacciones de la gente cuando hablamos de estos eventos de tiroteos. Se observa tristeza. Recientemente hemos realizado la capacitación para nuestros maestros de jardín de infantes, lo que resultó realmente difícil porque estamos intentando enseñarles a los cuidadores qué hacer con sus pequeños alumnos de tres y cinco años para protegerlos si alguien entra e intenta matarlos. Somos muy conscientes de eso.

Es deprimente en realidad que tenga que existir un programa como este.

Has planteado un buen punto. Muchas veces diré durante una clase que tenemos que estar preparados porque esto es ahora lo normal. Pero mucha gente no quiere aceptarlo. Es triste tener que tener esa charla, y creo que muchas comunidades no desean hacerlo. Como resultado, no hacen nada al respecto. Pero esta charla resulta crítica para hacerlo mejor.

Cuando conversa con otros administradores de emergencias, ¿encuentra que más comunidades están comenzando a poner un mayor énfasis en la capacitación de los ciudadanos en lugar de poner todo el énfasis en la respuesta de emergencia?

Uno esperaría eso. El verdadero problema es, ¿quién se está ocupando de capacitar al público? Cuando se trata de las disciplinas sobre incendios, servicios de emergencias médicas y aplicación de la ley, incluso si les enseñan a la comunidad las mejores prácticas, en muchos casos están aún operando de forma aislada. Pero si pudiéramos trabajar juntos, es allí donde veremos una diferencia. No estoy seguro de haber llegado a eso todavía.

Nota del editor: NFPA no apoya específicamente éste ni ningún otro programa de capacitación para los ocupantes sobre incidentes con violencia dirigida. La información y opiniones aquí expresadas son únicamente aquellas del entrevistado y se publican en NFPA Journal a fin de ayudar a abrir un debate y promover un libre flujo de ideas sobre este importante tema.

 

JESSE ROMAN es editor asociado de NFPA Journal.

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