La calamidad que precede a la tormenta

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Manejo de Emergencias & Materiales Peligrosos

La calamidad que precede a la tormenta

Por Jesse Roman
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¿Qué sucede cuando desastres naturales de gran magnitud como huracanes e incendios forestales se topan de frente con la extensiva pandemia de COVID-19? Responsables del manejo de emergencias de todo el país trabajan horas extras para asegurarse de que las crisis complejas no sumen fuerzas y se conviertan en catástrofes descontroladas.
 

A medida que entramos en los meses finales de uno de los años más desafiantes de que se tenga memoria, los profesionales en manejo de emergencias se centran de manera obsesiva en las diversas formas en el que el 2020 podría, en realidad, ser aún mucho peor. Y no es difícil de imaginar.

Imagínese un artículo de prensa en el que se muestra la vista aérea de los que una vez fueron ordenados patios de localidades suburbanas enterrados debajo de viviendas derrumbadas y restos anegados después del paso de un potente huracán. Una nueva toma muestra una imagen de miles de personas amontonadas en el gimnasio de una escuela local, los catres estrechamente apretados entre sí para albergar a la gran cantidad de familias y personas mayores vulnerables sin ningún otro lugar donde ir. En otro plano, una imagen de trabajadores de ayuda humanitaria tratando de aislar a aquellos infectados con coronavirus a medida que ingresan. Y en una toma final, una imagen de un funcionario de salud pública lamentándose que, si el virus de COVID-19 no se ha propagado aún en todo el refugio, es solamente una cuestión de tiempo antes de que las dos crisis se fusionen en una nueva catástrofe compleja.
 

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Desde enero, innumerables agencias gubernamentales y organizaciones de ayuda han trabajado arduamente intentando evitar que esa hipótesis se convierta en realidad, y sus iniciativas pronto podrán ser examinadas. Basándonos en las recientes tendencias de incendios forestales, pronósticos de huracanes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration) y la imprevisibilidad general de tornados, inundaciones y terremotos, es muy posible que el 2020 no terminará sin que ocurra al menos una calamidad natural de gran magnitud, mientras los Estados Unidos esté aún atravesando el COVID-19. La mayoría de los observadores concuerdan en que es un tema de cuándo, no de si.

"Si nos preguntan acerca del peor escenario, creo que estamos prácticamente llegando ahí", dijo Richard Serino, ex administrador adjunto de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency o FEMA), con experiencia en docenas de catástrofes de grandes dimensiones. "Cualquier desastre natural o provocado por el hombre que ocurra, sumándose a esta pandemia, va a hacer que la tarea de quienes tienen responsabilidad en el manejo de emergencias sea aún peor de lo que ya es"

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EL EFECTO COVID Astrodome de Houston alberga a evacuados por el Huracán Katrina, en 2005. GETTY IMAGES

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EL EFECTO COVID Un estadio con medidas de distanciamiento social alberga a las víctimas de la inundación ocurrida en Japón, en julio. GETTY IMAGES

 

Con tanto aún sin someter a prueba e incierto, algunos observadores están preparados para lo peor. Alan Wallace, un investigador en recuperación de desastres del Instituto Politécnico de Rensselaer (RPI), del norte del Estado de Nueva York, ha modelizado lo que podría parecer la recuperación luego de un huracán durante una pandemia. Las especificidades de la fusión de crisis, dijo, harán que extensas secciones de los planes para emergencias se vuelvan obsoletas, desde la evacuación hasta el plan de refugio, hasta la manera en que funcionan los centros de operaciones de emergencia (COE). "Hay que volver a pensar muchas de las estrategias típicas de respuesta a desastres que aplicamos después de cualquiera de estos eventos", dijo. "Estoy preocupado porque no estamos listos y estamos viendo una enorme, muy enorme catástrofe".

Los funcionarios de la seguridad pública entrevistados para este artículo, sin embargo, se mostraron optimistas en cuanto a que, incluso en un breve plazo, cuentan con estrategias debidamente establecidas para mitigar cualquiera sea la situación que surja, incluso durante una pandemia. Prepararse para este "incidente sumado a un incidente" ha obligado a las agencias a comprometerse con socios de un amplio espectro—entre los que se incluyen aquellos con quienes pueden haber tenido escasa o nula interacción previamente—para responder a interrogantes y contingencias que nunca habían tenido que considerar. Por ejemplo: ¿Cómo trasladar poblaciones vulnerables como residentes de hogares de cuidados intermedios durante una pandemia? ¿Cómo se protege a potenciales miles de personas sin propagar un virus letal? ¿Cómo se administra un COE durante una pandemia?

Estos debates han generado una serie de nuevos enfoques y nuevas capacidades, muchos de los cuales podrían modificar la manera en que se gestiona el manejo de emergencias mucho tiempo después del término de la amenaza del actual COVID, dijeron los expertos.

"La situación ha reunido a una mayor cantidad de personas para hablar detenidamente sobre un sinnúmero de consideraciones de planificación que podemos emplear e impulsar otros aspectos que abordaremos más adelante", dijo Anna McRay, subdirectora de manejo de emergencias del Condado de New Hanover, en el litoral de Carolina del Norte. "Nos ha ayudado, por ejemplo, a identificar algunas maneras únicas de pensar acerca de cómo dar respaldo a algunas de nuestras poblaciones más frágiles, incluso diariamente—aspectos que trascienden todos los diferentes peligros que estamos aquí considerando".

Luke Beckman, director de relaciones estatales de la división de desastres de la División Pacífico de la Cruz Roja de los Estados Unidos, lo resumió de esta manera: "Con COVID, la misión no ha cambiado—ha cambiado la manera en que llevamos a cabo la misión".

Un nuevo tipo de refugio

Para la Cruz Roja, y para casi todas las agencias relacionadas con COVID, la pregunta sobre cómo evacuar y proveer refugio de manera segura a cientos o miles de víctimas de desastres ha sido el desafío más acuciante a resolver. Por razones obvias, la habitual estrategia de albergar evacuados en grandes, abiertos y densamente poblados gimnasios de escuelas y salones de convenciones—conocida como refugio congregado—está lejos de ser la ideal en esta temporada de desastres. En su lugar, FEMA y la Cruz Roja han incitado a las agencias locales a centrarse en garantizar alternativas no congregadas, como habitaciones de hoteles, dormitorios de universidades y espacios similares más pequeños, donde los evacuados pueden ser separados en unidades familiares, a fin de reducir una posible transmisión.

 

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Si bien el concepto de refugio no congregado es, en teoría, claro, "el cambio a no congregado ha sido, por mucho, el mayor ajuste que hemos tenido que hacer", dijo Beckman. "Durante los últimos seis meses, hemos estado trabajando 24/7, a fin de asegurarnos de que tenemos este tipo de recursos de refugio disponibles en todo el país".

El plan tuvo su primera gran prueba a principios de agosto, cuando se desató el Incendio Apple en las montañas de San Bernardino, al este de Los Ángeles. Al día siguiente, el incendio forestal de rápida propagación había obligado a los oficiales a ordenar a casi 8,000 residentes a dejar sus viviendas, y tuvo que intervenir la Cruz Roja. En lugar del típico centro de emergencias de la Cruz Roja, donde miles de personas desplazadas se reúnen en una instalación de gran tamaño, la Cruz Roja emplazó lo que se llama un "punto de evacuación temporal", esencialmente un amplio predio de estacionamiento. La mayoría de los evacuados llegaron en sus vehículos y los trabajadores de ayuda humanitaria "ayudaban a cada grupo familiar a dar ese siguiente paso en su recuperación, fuera lo que fuese, mientras todavía estaban en su automóvil", dijo Beckman. Al 6 de agosto, la Cruz Roja había provisto 327 estadías en hoteles a personas en búsqueda de un refugio por causa del Incendio Apple, así como 1,800 comidas y aperitivos, y más de 400 contactos médicos y de salud mental, dijo una vocera de la Cruz Roja. En su mayoría, todo esto fue provisto a través de la ventanilla de un automóvil o de una pantalla de computadora.

En el Condado de New Hanover de Carolina del Norte se hicieron preparaciones similares cuando el Huracán Isaías tocó tierra como tormenta de categoría 1, el 3 de agosto. Ante la proximidad del huracán, se estableció en el condado una línea telefónica para que se llamara si se necesitaba el traslado a un lugar seguro. Finalmente, sólo 11 personas tuvieron que ser alojadas en hoteles. "En general, las personas pudieron capear la tormenta esta vez, pero fue un buen primer paso para la prueba y resolución de los retos" dijo McRay, quien consideró que el primer ensayo había sido un éxito.

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Los cambios relacionados con COVID en los planes de ayuda para desastres de la Cruz Roja incluyen el uso de predios exteriores para brindar ayuda a las personas mientras permanecen en sus vehículos. AMERICAN RED CROSS

 

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Los cambios relacionados con COVID en los planes de ayuda para desastres de la Cruz Roja incluyen reemplazo de comidas bufet por comidas previamente envasadas en los refugios. AMERICAN RED CROSS

 

Mientras en la respuesta al Incendio Apple y al Huracán Isaías se ha acatado el compromiso de refugio no congregado, no todos los estados y organizaciones han tenido éxito en la obtención de espacios en hoteles, y algunos no están seguros de si pueden o de cómo van a abonar esos costos si obtienen esos lugares. FEMA no contempla la asignación de dinero específicamente para el alojamiento en hoteles ante una emergencia, aunque ha mencionado que planifica un reembolso a los gobiernos estatales y locales de hasta el 75 por ciento del costo haciendo uso de su fondo de ayuda para desastres de US$70 mil millones. Pero los gobiernos locales, ya con pocos recursos por la pandemia del coronavirus, están preocupados y temen que los fondos prometidos no van a estar disponibles cuando llegue el momento. Esos temores probablemente se intensificaron a mediados de agosto cuando el Presidente Trump emitió un memorando en el que anunciaba que su administración planifica el desvío de la suma de US$45 mil millones de esos fondos para desastres de FEMA para el pago de beneficios por desempleo.

Hay otros desafíos logísticos también, tales como la falta de lugar en los hoteles. "Para nosotros, incluso durante las temporadas habituales de huracanes, la mayoría de los hoteles ven colmada su capacidad rápidamente debido a la llegada del personal de las empresas de servicios públicos" para la preparación de la respuesta a las tormentas, dijo Hal Grieb, director de manejo de emergencias del Condado de Alachua, en el norte de Florida. La escasa capacidad disponible en los hoteles, dijo Grieb, podría ser prioritariamente asignada a las poblaciones más vulnerables, o incluso a personas que ya han tenido resultado positivo de COVID.

Serino recomienda a los funcionarios locales emplear su creatividad en la búsqueda de refugios no congregados, hoteles u otros lugares. Eso conlleva contactar a diversas agrupaciones de la región, incluso, y especialmente, a aquellas con quienes podrían aún no haber tenido relación. "Siempre hemos usado escuelas, aunque mayormente espacios de más grandes dimensiones (como gimnasios). ¿Podemos usar aulas individuales? ¿Podemos usar iglesias? ¿Edificios de oficinas desocupados? ¿Almacenes desocupados?", dijo. "¿Han contactado a los empresarios más importantes de la ciudad? ¿Qué disponibilidades tienen? Son muchas las opciones que tenemos que empezar a considerar".

En algunos escenarios, dijo, las ciudades podrían también contemplar el uso de espacios más grandes, adaptándolos de la manera en que los Cuerpos de Ingenieros del Ejército transformaron el Centro de Convenciones Jacob K. Javits de Nueva York como sitio de cuidados alternativos para pacientes durante el brote de coronavirus que hubo allí en abril. De manera similar, estos grandes espacios pueden ser divididos y segmentados con barreras, de manera que las familias pueden refugiarse en lugares separados para minimizar la posibilidad de un brote.

En algunos casos, sin embargo, los refugios congregados podrían ser inevitables a pesar de los riesgos, dicen los expertos. Si eso ocurre, estos refugios tendrán un aspecto y funcionarán de manera muy diferente que lo que lo han hecho en el pasado. "Va a tener que usar un tapaboca o mascarilla. Va a tener que dormir con un tapaboca. Va a tener que mantener el distanciamiento social. Vamos a tener gran cantidad de sanitizantes de manos, muchos puestos de lavado de manos. La alimentación no será de estilo bufet—necesitaremos comidas individualmente envasadas", dijo Grieb. "Muchas de esas cosas que dábamos por sentadas en la administración de un refugio tendrán que ser repensadas. Tenemos que centrarnos en todo lo que podemos hacer para mitigar y reducir las exposiciones".

La primera línea de defensa contra el virus será un conjunto de procedimientos de evaluación en la entrada, elaborados en colaboración con los departamentos de salud locales y federales. Esto, también, es más complicado que lo que en principio parece. "Las personas no ingresan en los refugios de a uno—a veces ingresan todos los pasajeros trasladados en autobús", dijo Serino. Las pruebas rápidas de detección de COVID-19 no están aún ampliamente disponibles, y los funcionarios no cuentan con que así será si efectivamente ocurre un desastre de magnitud. En su lugar, la evaluación muy probablemente incluirá una lectura rápida de la temperatura y un cuestionario para determinar si la persona tiene síntomas o podría haber estado expuesta. La Cruz Roja dice que se planifica emplazar un área separada de cuidados en aislamiento adyacente al refugio para evacuados con COVID positivo, o que tienen fiebre u otros síntomas del virus. Esta estrategia de refugio separado para evacuados enfermos y otras poblaciones vulnerables es una de las que adoptan la mayoría de las agencias.

A pesar de los planes mejor elaborados, los expertos admiten que no hay ninguna manera infalible de garantizar que los refugios puedan mantenerse libres del virus, y que hay una alta probabilidad de que surgirán situaciones que no fueron debatidas ni planificadas. Es por eso que es crucial incluir la flexibilidad y las contingencias en los planes existentes. Un recurso a considerar es NFPA 1616, Norma sobre Programas Masivos de Evacuación, Refugio y Reingreso, que incluye lineamiento detallados sobre cómo elaborar un programa de mantenimiento y mejora de refugios para contribuir con los funcionarios en la implementación de los cambios que pueden ser necesarios en función de estos nuevos riesgos.

Un significativo factor X en cualquier escenario de desastre es cómo las personas de un área afectada cumplen satisfactoriamente con las directivas, dijo Serino. "El público es probablemente el componente más importante de todo esto. Es más importante que nunca que el público sea un activo, no un pasivo", dijo. El uso de tapabocas, el distanciamiento, el lavado de manos y el asumir responsabilidades personales para prepararse como familia antes del desastre podría marcar la diferencia entre una catástrofe histórica o una interrupción temporal.

Una inquietud expresada por Serino y otros es que grandes cantidades de personas se negarán a evacuarse debido a su temor por el virus. Esto podría aumentar la cantidad de víctimas y poner a los socorristas en situaciones peligrosas. "Es un temor real que ya hemos observado durante los últimos cinco meses", dijo Serino, destacando que incluso personas con estados clínicos graves se han negado a visitar hospitales durante la pandemia. "¿Cómo abordamos ese temor de la gente? ¿Cómo lo hacemos para convencer a la gente que va a ser un lugar seguro?".

El factor humano

Además de los refugios, los funcionarios de la seguridad dicen que lo que más les preocupa es asegurarse de que haya suficientes trabajadores disponibles para responder a un desastre.

Cuando Alan Wallace, investigador del RPI, simuló cómo sería una recuperación si un huracán de categoría 3 azotara una ciudad costera de tamaño mediano durante la pandemia, se encontró con que la combinación de estas amenazas específicas llevaba a más cortes de los servicios de energía, agua y recolección de residuos, y alargaba dramáticamente los tiempos de recuperación. "Todos estos servicios—infraestructura civil, seguridad pública, servicios comunitarios—requieren de personas que los hagan funcionar", dijo Wallece. "Y tanto un huracán como una pandemia sacan a las personas de sus tareas".

No es solamente un tema del virus enfermando a personas—también está la amenaza de que el virus mantenga excluida a las personas que podrían haberse trasladado al sitio de un desastre para colaborar, dijo Wallace. Esto es especialmente cierto en el caso de los trabajadores de los servicios públicos, que normalmente recorren grandes distancias desde otros estados para prepararse antes de una tormenta. Los efectos de este agotamiento de la fuerza laboral pueden ser alarmantes. En las simulaciones de Wallace, con la pérdida de solamente un 25 por ciento de la fuerza laboral normal de actividades de recuperación, se observó como resultado un aumento de los tiempos tres veces mayor que el tiempo que le llevó a la ciudad recuperarse.

Los responsables del manejo de emergencias también están plenamente conscientes de que la pérdida de personal clave en sus COE o en campo podría tener un efecto devastador similar. Para los trabajadores esenciales, se requerirán pruebas de detección de COVID. "Necesitamos intervenir en estas operaciones críticas con una clara conciencia de que no haya nadie asintomático en nuestro COE que potencialmente podría infectar toda la operación", dijo Grieb.

Pero, como con todo lo concerniente al COVID, los detalles se complican precipitadamente. David McIntire, coordinador de emergencias de Gainesville, Florida, dijo que las declaraciones de un estado de emergencia que desencadenan la activación del COE generalmente ocurren alrededor de 72 horas antes de una tormenta. El personal habitualmente emplea parte de ese tiempo para ocuparse de las necesidades personales y de la familia, de manera que puedan centrarse en el trabajo sabiendo que sus seres queridos están seguros. Pero ese es también tiempo que la ciudad ha planificado emplear en las pruebas de detección de COVID del personal. "Lo último que queremos hacer es llevar a cabo las pruebas de detección de todo el personal para asegurarnos de que son negativas y que luego salgan a ocuparse de la preparación de sus familias y se infecten, y lleven el virus al COE inesperadamente", dijo.

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El centro de operaciones de emergencia del Condado de New Hanover, Carolina del Norte, cumpliendo con los protocolos de seguridad del COVID durante el Huracán Isaías. CORTESÍA DE NEW HANOVER COUNTY, NORTH CAROLINA


En al menos un aspecto clave, sin embargo, la actual pandemia le ha efectivamente dado ventaja a muchas de las operaciones de emergencia estatales y locales mientras se ingresa en la temporada de desastres. Por necesidad, la mayoría de las agencias han invertido en nuevos sistemas y capacitación para la conducción virtual de sus COE; casi todas estas operaciones virtuales han sido activadas y han estado en funcionamiento por meses. Durante una fuerte tormenta o incendio forestal, estas nuevas capacidades le darán a los COE más flexibilidad, mejor continuidad de las operaciones y probablemente implique una menor cantidad de personas en el cuarto, lo que disminuye el riesgo de contagio, dijo Grieb.

Si bien muchos COE han estado funcionando virtualmente casi en su totalidad durante la emergencia de COVID-19, eso probablemente no será posible durante un huracán u otro evento, que podrían interrumpir la energía y las comunicaciones. "Probablemente tendremos que volver a reunir a la banda, o a al menos a parte de la banda" nuevamente en el COE, que cuenta con energía de respaldo, dijo Grieb. Pero en este caso, el Condado de Alachua está trabajando para hacerlo de la manera más segura posible. Grieb está considerando algunas medidas, tales como la creación de dos COE—uno para el turno diurno y otro para la noche—a fin de mantener baja la rotación en cada uno. Está probando también reducir la cantidad de personas requeridas para las operaciones del COE, convocando solamente al enlace principal de cada área, no a todo el personal. Tapabocas, distanciamiento social e incluso, potencialmente, un rediseño general del espacio también podría estar incluido en las obras.

"Mis mesas del COE no se mueven. Son fijas, por el cableado", dijo, moviendo sus ojos hacia arriba. "Por eso ahora necesito pensar cómo resolver eso antes de la temporada alta de huracanes, de manera que pueda colaborar con la gente en el distanciamiento social".

Antes del Huracán Isaías, el Condado de Hanover adoptó un enfoque diferente. "No nos quedamos en nuestra cuarto COE tradicional. Nos trasladamos a nuestro nuevo edificio de servicios humanos y de salud, que tiene una superficie de planta mucho más grande", dijo McRay. El mayor espacio permitía al personal de emergencias distribuirse a hasta casi 10 pies (3 metros) de distancia, pero también "brindar mayor soporte a los miembros del departamento de salud en su edificio, donde tienen todos sus materiales".

‘Un nivel totalmente nuevo’: El futuro de la gestión de emergencias

Al inicio del año, pocas agencias, o ninguna, se pusieron a repensar todos los aspectos de sus operaciones, aunque gran parte del trabajo que han llevado a cabo desde el inicio del 2020 ha sido mucho más que solamente prepararse para el COVID, dicen los funcionarios.

"Cada desastre es único, pero al mismo tiempo surgen temas recurrentes que podemos aplicar en el futuro. Y generalmente no es solamente una cosa, sino una multitud de cosas", dijo Serino. "Creo que el COVID está incitando al manejo de emergencias a un nivel totalmente nuevo, por necesidad. Hemos aprendido tanto estos últimos cinco meses, y creo que, por eso, lo que vamos a observar es una gestión de las emergencias completamente diferente en el futuro".

Algunos de los logros obtenidos durante la pandemia de COVID incluyen una abundante cantidad de nuevas asociaciones y capacidades, desde nuevas opciones de refugio hasta operaciones más flexibles y adaptables. La mayor parte de este aprendizaje se ha obtenido orgánicamente en la lucha de los responsables del manejo de emergencias por resolver cada nuevo problema acuciante. "Al centrarnos solamente en cumplir con las necesidades del presente, cualesquiera que sean, donde sea que estén, estamos construyendo cimientos más firmes en la capacitación y disposición", dijo Beckman.

Por ejemplo, cuando la Cruz Roja trabajó para modificar su estrategia de refugio masivo de congregado a no congregado, emergió con diversos beneficios nuevos, además de un inventario más grande de habitaciones de hoteles. Para que todo esto funcione, la organización también tuvo que resolver cómo proveer eficazmente servicios a los evacuados ahora que se los refugiaría en la región, no en una ubicación centralizada. También tuvo que encontrar la manera de, en medio de una pandemia, capacitar velozmente a su amplia red de personal y voluntarios sobre cómo aplicar y gestionar esta nueva estrategia de refugio.

Ambos llevaron a la Cruz Roja a invertir en, y expandir, sus capacidades virtuales. Para la capacitación, la organización diseñó un sistema virtual, en línea, que reemplaza la mayoría de sus clases presenciales tradicionales. También creó una red virtual de trabajadores de ayuda humanitaria, posibilitando que servicios como asesoría en salud mental y exámenes médicos se hagan a través de la pantalla de una computadora, con médicos que pueden hablar con víctimas de tormentas o incendios desde el otro extremo del país.

Las nuevas capacidades alcanzaron sus objetivos, y también han demostrado ser valiosas de muchas otras maneras, lo que resulta en una Cruz Roja que avanza de modo más ágil y más adaptable, dijo Beckman.

"A medida que aprendemos algo nuevo sobre este virus, sobre qué es lo eficaz y las maneras de mitigarlo, hemos podido dar rápidamente impulso a esas capacitaciones remotas para la fuerza laboral", dijo. Y aunque la pandemia ha reducido la cantidad de trabajadores humanitarios en los sitios de desastres, "tenemos mucha más capacidad de distribución electrónica de apoyo a distancia (reach-back) que la que teníamos anteriormente, y eso nos permite escalar con mayor flexibilidad", dijo. "Si la cantidad de personas que necesitan nuestros servicios de salud aumenta rápidamente, tenemos ahora un equipo completo de personas virtualmente en todo el país y listo para actuar. Si las personas necesitan ayuda para encontrar los servicios, podemos brindarle apoyo mucho más rápidamente haciendo investigación online para que accedan a los recursos que necesitan para la recuperación".

Estando obligados a volver a concebir las opciones para refugio de emergencia le ayudará a su condado a mejorar lo que había antes del COVID, dijo McRay. "Nos hizo tomar más conciencia del concepto de higiene básica", dijo, y no hay realmente nada malo en dejar un poco de espacio extra entre las personas, en especial debido a la tensión que conlleva tener que recoger todo e ir a un refugio de emergencia".

Otro progreso alcanzado desde el inicio de la pandemia es menos visible, pero, con el transcurso del tiempo, podría demostrarse que tiene una importancia equivalente, mucho tiempo después de finalizada la pandemia. Un ejemplo notable es el fortalecimiento de las asociaciones comunitarias. Antes de la pandemia, por ejemplo, eran pocas las agencias de emergencia locales que tenían estrecha relación con los departamentos de salud pública, dijo Serino. Después de meses de coordinación de la respuesta a la pandemia, eso cambió radicalmente en la mayoría de las ciudades. "Cuando abrimos nuestro centro de operaciones de emergencia en marzo, fue para dar respaldo al departamento de salud, y eso fue algo relativamente nuevo para nosotros cuando se considera que, normalmente, el manejo de emergencias se construye para dar soporte a la seguridad pública", dijo McRay.

Grieb cree que la crisis del COVID también ha incrementado, la visibilidad general de lo que es el manejo de emergencias—especialmente con los gobiernos estatales y locales— al demostrarse claramente el valor de la profesión, que a su vez llevará al crecimiento de una profesión relativamente reciente. "Me hace muy feliz que, tanto aquí en Florida como nacionalmente, noto que hay una gran cantidad de nuevos puestos en el manejo de emergencias que se están incorporando", dijo Grieb, quien fue, él mismo, contratado recientemente, a fines de junio.

No faltará trabajo en el futuro. A fines de agosto, el Huracán Laura, una de las tormentas más potentes que ha azotado a los Estados Unidos, se dirigía hacia el norte, atravesando Louisiana y dejando a su paso una significativa destrucción. Mientras tanto, California continuaba lidiando contra una serie de incendios forestales históricos, en los que, hasta fines de agosto, se habían quemado 1.4 millones de acres y habían desplazado a decenas de miles de personas. Todo esto ocurría mientras el coronavirus continuaba representando una gran amenaza. Al 27 de agosto, en los Estados Unidos había cerca de 6 millones de casos confirmados, y California, asolada por el fuego, encabezaba el registro con 690,000 casos, entre ellos 90,000 nuevos casos en las dos semanas anteriores.

Cuando a principios de agosto se le pidió predecir cómo sería el resto de la temporada 2020 de desastres, Serino, que se autodescribió como optimista, reconoció que los meses por delante plantearían "un enorme desafío" y "algo que no hemos hecho antes".

También dijo, con entusiasmo, que tenía "casi más esperanza que nunca antes". "Nuestros peores días", dijo, "son esos en los que las personas que están en la seguridad pública, en el manejo de emergencias y en la salud hacen su mejor trabajo".

 

JESSE ROMAN es editor asociado en NFPA Journal.

 

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El aumento de los requerimientos de espacios para evacuados reduciría la capacidad de refugio y ejercería una presión adicional en las poblaciones vulnerables, entre las que se incluyen las personas discapacitadas y las personas de edad avanzada.AMERICAN RED CROSS

Escasez de espacio

Cómo el COVID está provocando la desaparición de los espacios de refugio

Para detener la propagación del coronavirus, la Cruz Roja ha emitido una recomendación en la que se establece que los refugios congregados provean un mínimo de 60 pies cuadrados (5.6 metros cuadrados) por evacuado, tres veces el lineamiento previo a la pandemia de COVID, de 20 pies cuadrados (1.9 metros cuadrados). Cumplir con esa recomendación, sin embargo, significa que la capacidad de refugio disponible en la mayoría de las comunidades se reduciría en más del 60 por ciento, con un drástico impacto en áreas como el sudeste de los Estados Unidos y regiones de Texas, donde el espacio para refugios ya es inadecuado, según informes publicados.

Aún en lugares como Florida, que en los últimos años ha hecho inversiones para incrementar su capacidad de refugio, adherirse a las nuevas recomendaciones de espacio sería problemático. En el Condado de Alachua, en el norte del estado, la capacidad de refugio total caería de aproximadamente 14,200 lugares a solamente 4,500 lugares si se cumple con el nuevo lineamiento, de acuerdo con las cifras informadas por la División de Manejo de Emergencias de Florida. Esa reducción hace que el condado pase de un excedente de refugios a casi 8,000 lugares menos que su necesidad estimada si azotara un potente huracán.

"[El lineamiento de la Cruz Roja] suena bien, y a veces los planes también suenan bien, pero cuando necesita evaluarlos con la realidad, es imposible", dijo Hal Grieb, director de manejo de emergencias del Condado de Alachua. El hecho es que, en Florida y en otros lugares, si ocurre un incidente de gran magnitud, los refugios congregados—donde los evacuados son albergados juntos, generalmente en grandes espacios abiertos— probablemente van a estar mucho más concurridos que lo que recomiendan los epidemiólogos. Eso es lo que sucede, a menos que los funcionarios de emergencia estén preparados para negarse a asistir a personas desesperadas, lo que es improbable.

"Un huracán es una amenaza muy inminente para la vida y la seguridad", dijo Zach Hood, director de manejo de emergencias del Condado de Baldwin, Alabama, a NPR en agosto. "Tenemos que mitigar la pérdida inmediata de la vida, aún si esto pone a todos en una posición comprometida con la que lidiar y contener al coronavirus".

Si van a ser necesarios refugios congregados más concurridos, los funcionarios responsables del manejo de emergencias cuentan con que los nuevos procedimientos, como la evaluación en la puerta, la limpieza frecuente, el distanciamiento social y otras medidas van a ser suficientes para mantener a los refugios libres del virus COVID-19.

"Lo que no queremos es que haya una falta de comunicación: si lo necesitan, hay un lugar para refugiarse", dijo Grieb. En todos los 67 condados del estado de Florida se trabaja diligentemente para proveer un lugar seguro y factible para quienes necesitan evacuarse". —JR

 

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