Como Testigo

Google Play

Apple Store

 

Lugares de Reunión Pública, Discotecas & Egreso

Como Testigo

Por Fred Durso, Jr.

Diez años después del incendio en la discoteca The Station, un sobreviviente, Robert Freeney, nos cuenta como se transformo en un defensor de rociadores automáticos.

station498x283Los restos de la estructura el día siguiente, cuando los investigadores examinan el lugar.

INCENDIO EN LA DISCOTECA THE STATION 2003-2013
Diez años después de que murieran 100 personas en la discoteca The Station de Rhode Island, uno de los sobrevivientes vuelve al lugar para recordar a su prometida y a amigas que perdió en la tragedia, y nos cuenta cómo se transformó en un acérrimo defensor de los rociadores de incendio.



 

INCENDIOS EN DISCOTECAS
NFPA tiene disponible recursos e información sobre el tema en susitio: nfpajla.org/discotecas.

En una nublada tarde de noviembre, Robert Feeney conduce su Toyota Camry hacia una playa de estacionamiento vacía, en la Avenida Cowesett, una concurrida zona comercial situada en West Warwick, Rhode Island. Sale del auto e inmediatamente arropa sus manos llenas de cicatrices en sus jeans para protegerlas del frío otoñal. El abrigo de polar negro demasiado grande y su media sonrisa no pueden ocultar su desasosiego mientras camina afligido desde la  playa de estacionamiento hacia una parcela de césped que fue una vez el lugar en el que estaba la discoteca The Station. El 20 de febrero de 2003, el club estaba abarrotado de personas ávidas por ver a la banda Great White. Transcurridos solo algunos momentos del show, sin embargo, el uso ilegal de pirotecnia en el interior del club provocó un incendio en el que murieron 100 personas, lo que hizo que este fuera el cuarto incendio de un club nocturno con más víctimas fatales en la historia de los Estados Unidos. Feeney y más de otras 200 personas sufrieron heridas por causa del fuego.

Se detiene frente a unas cruces de madera blanca que llevan los nombres de su prometida, Donna Mitchell, y dos amigas, Mary Baker y Pam Gruttadauria, que murieron en el incendio. Han pasado casi cuatro años desde que Feeney, 41, visitó por última vez el lugar; durante años estuvo atormentado por la culpa del sobreviviente, dice, y está intentando salir adelante. Apenas pudo escapar vivo del incendio, sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en su cabeza, en sus manos y en el hombro, aunque su pálido rostro, sus ojos celestes y su cabello castaño húmedo no muestran ninguna evidencia de las heridas. Sin embargo, dice, observen mis  órganos internos,  y verán  las cicatrices: sus pulmones, su córnea derecha, su tímpano derecho, su laringe y su esófago sufrieron lesiones permanentes en el incendio. Las manos de Feeney se han sanado bastante, así que puede desempeñarse en el lavado y la limpieza integral de autos en el negocio de un amigo, ubicado cerca de su vivienda, en Plymouth, Massachusetts. Más doloroso que su rehabilitación de todo un año, dice, fue perder a Mitchell, quien aún ocupa sus pensamientos una década después.

Feeney observa el resto del lugar, un desgarrador y deteriorado sitio conmemorativo para las otras víctimas. Una gran cantidad de pequeñas cruces tienen fotos, deterioradas por las condiciones climáticas, de sonrientes hombres y mujeres jóvenes; algunas en posición vertical, mientras que otras están dispersas sobre el terreno. Se observan recuerdos diseminados por todo el lugar: cascos de color azul y amarillo, collares de perlas de Mardi Gras, animalitos de peluche magullados por el duro clima de Nueva Inglaterra, junto con una pequeña cantidad de residuos dispersos. Es difícil una reflexión en paz en el lugar, debido al incesante y ruidoso tráfico de las inmediaciones. Feeney dice que ha escuchado el sonido de las sirenas todas las veces que visitó el lugar desde que ocurrió el incendio, y hoy no es la excepción.

 Como un sobreviviente que ha sufrido quemaduras, Feeney dice que ha aprendido a canalizar su pérdida y su dolor en un motor de cambio. Se ha unido a otras casi 70 víctimas, entre ellas algunos sobrevivientes de The Station, que han participado en la capacitación en defensa y promoción desarrollada por la Phoenix Society, una sociedad sin fines de lucro que ofrece apoyo y educación a toda persona que haya sufrido lesiones por quemaduras. (Amy Acton, Directora Ejecutiva de la organización, es miembro de la Junta Directiva de la NFPA). El apoyo se centra en la promoción del uso de rociadores de incendio en residencias y lugares de reunión pública. Los materiales de la capacitación utilizados por Feeney y otros para la difusión en los medios de comunicación y los testimonios obtenidos en las audiencias legislativas incluyen las estadísticas de NFPA y mensajes educativos en los que se remarca la efectividad de los rociadores en incendios domésticos en viviendas unifamiliares y bifamiliares.

Las esforzadas acciones de Feeney recientemente resultaron en una victoria clave para los rociadores. El año pasado, el municipio de Chattanooga, Tennessee, consideró la promulgación de una nueva ordenanza que requeriría la instalación de rociadores en todos los clubes nocturnos de la ciudad. Feeney asistió a una audiencia y dio testimonio sobre lo vivido la noche del incendio en The Station y sobre cómo los rociadores podrían haber salvado vidas. De solo algunos minutos, el conmovedor discurso de Feeney ayudó a convencer al consejo para que votara en favor de la adopción de NFPA 101®, Código de Seguridad Humana. La ordenanza requiere que todos los nuevos “locales de entretenimiento nocturno” y las instalaciones existentes que alberguen más de 100 personas instalen rociadores antes de que finalice el año 2013.

En el lugar en el que había estado The Statión,  Feeney habló con el NFPA Journalsobre el largo y doloroso camino hacia la recuperación y sobre cómo se ha transformado en un efectivo defensor de los rociadores de incendio.

¿Qué  se siente al volver a este lugar?
Es extraño. Se siente como si fuera la primera vez que regreso. Los recuerdos son sencillamente tan vívidos. Miro a mi alrededor y puedo imaginar los autos, todo lo que había aquí aquella noche.

¿Con quién estaba la noche del incendio?
Vine aquí con mi prometida, Donna, y sus amigas: Mary Baker, Pam Gruttadauria y Kathy Sullivan [Pelchat].

¿Cómo conoció a Donna?
En otro club, en 2002. Todos fuimos a ver a la misma banda. Había visto a Donna algunas veces en otros lugares, pero era simplemente demasiado tímido para saludarla. Esa noche, fui al bar y me di cuenta que ella estaba parada a mi lado. En ese momento ella fumaba. Fue a buscar un cenicero y me corrí un poquito. Se sorprendió porque creyó que me había quemado con el cigarrillo. Eso rompió el hielo. Luego fuimos a la casa de Kathy y nos quedamos hablando hasta las 4:30 de la mañana. De inmediato, supe que era la persona que había estado buscando. Nos comprometimos un mes antes del incendio en The Station. Reservamos todo para la boda tan pronto como pudimos y teníamos ya todo listo un par de noches antes del incendio.

¿Llegaron Donna y usted juntos esa noche?
Sí, llegamos alrededor de las 8:30 p.m. Estacionamos en una concesionaria cercana. Donna, Pam y yo fuimos a cenar. Kathy y Mary ingresaron a The Station. Estaba abarrotado, por eso estacionamos en la playa de la concesionaria. Entramos en el club alrededor de las 9:45 p.m. El lugar estaba repleto de gente, uno al lado del otro.

¿Dónde estaba cuando comenzó el show?
Estábamos a la derecha del escenario, a casi 12 pies (4 metros) atrás. Mary y Kathy no estaban con nosotros, pero sabíamos que estaban cerca. La banda salió al escenario e inmediatamente... se lanzó la pirotecnia. Miré a Donna y ambos nos reímos. Era tan de la década de los 80. Desde donde estábamos, pudimos ver que el muro situado a ambos lados del rincón del baterista se había prendido fuego. Miramos alrededor, esperando ver si alguien iba a apagar el fuego o si eso lo harían los rociadores. Supuse que había rociadores. El fuego se extendió hasta el cielorraso.

¿A qué  distancia estaban de la salida?
Estábamos muy cerca de la salida más próxima al escenario. Yo estaba a 12 pies (4 metros) de la esquina del escenario y en la antesala situada justo a la derecha había una salida. La entrada principal estaba a otros 20 pies (6 metros) detrás de mí. Mientras buscábamos la salida más próxima al escenario, el portero nos empujó de nuevo hacia la multitud y dijo: “Tienen que irse por [la salida] del frente”.   Decidimos  que no causaríamos un problema  mientras yo  seguía  pensando que extinguirían el incendio, así que nos pusimos en la fila como todos los demás y nos dirigimos hacia la puerta del frente. Seguíamos mirando hacia atrás, preguntándonos si no deberíamos correr hacia [la salida del escenario]. Tuvimos tal vez 30 segundos para siquiera pensar sobre ello. El cielo raso y los muros en los que tenían espuma de poliuretano [un material combustible que contribuyó en la rápida propagación del incendio] se habían prendido fuego. No había más opciones. No pudimos correr hacia la salida. Caímos al piso.

¿Qué hacían los demás?
Yo estaba sobre Donna y tenía gente encima, y solo tratábamos de sacar a todos los que estaban arriba de nosotros y volver a pararnos. No pude ver la salida que estaba detrás de nosotros [cerca del escenario] ya que solo había un muro de llamas. Le dije a Donna que correríamos hasta la salida del frente en tres segundos. Habremos caminado dos pasos cuando este humo gris nos golpeó. Literalmente se siente como si te golpean con un bate. Resultó en un calor tan intenso que te golpeaba tan duro que caías, y no podías levantarte. La gente se desmayaba por causa del humo, de las llamas. Había personas encendidas de fuego  que corrían hacia la multitud [que estaba en la salida principal].

¿Podían moverse?
Un objeto de metal del edificio cayó sobre mí y me hizo un corte transversal en la parte superior de mi cabeza. No sentía nada debajo de mis hombros. Solo estaba tirado allí y podía ver los cuerpos, y las llamas que caían del cielo raso. Podía ver las zapatillas de Donna e intentaba traerla hacia mí, pero ella estaba inconsciente. No mostraba ninguna señal de  respuesta. Creía que no me quedaba nada, así que solo me mantuve allí tirado.

¿Durante cuánto tiempo?
Diría que alrededor de un minuto. Había un silencio sepulcral —ya no sonaban las alarmas ni estallaban las luces. Luego escuché el chisporroteo de la madera que ardía. Comencé a arrastrarme nuevamente y caí al lado de un muro, en el que encontré un hueco que alguien había hecho pateando un fragmento de madera laminada. Me lancé a través del hueco y me encontré en la mitad del vestíbulo. A mi derecha había llamas y a mi izquierda luces intermitentes. Me arrastré para salir, me lancé hacia la playa de estacionamiento y me apoyé en un autobús turístico. Llegaron los bomberos y me abordaron —mi camisa y mi cabello ardían.

¿Dónde lo llevaron?
Comenzaron a arrastrarme hacia el otro lado de la calle, al sitio de clasificación de heridos (triage). Lo que más me preocupaba era Donna. En mi cabeza, ella me había seguido, y yo imaginaba que ella debería estar cerca del hueco del muro. Comencé a caminar para regresar al edificio, pero los bomberos me lo impidieron. Mientras me trasladaban al sitio de clasificación, podía ver el edificio. Apenas llegamos al extremo de la playa de estacionamiento, vi que el techo se derrumbaba —había salido del edificio hacía solo un minuto y medio. Me subieron a una ambulancia, donde cortaron mis ropas y me colocaron una máscara de oxígeno. Eso es lo último que recuerdo hasta que desperté 12 días después.

¿Cuándo se enteró que Donna había muerto?
Desperté dos veces [durante mi estadía en el hospital]. La última vez fue el día del funeral de mi prometida. Comencé a entrar en pánico porque ella no estaba en la habitación conmigo. Buscaba un teléfono. Nadie respondía mis preguntas. Fue probablemente dos o tres horas después que mis padres entraron en la habitación. Había enfermeras, médicos, asistentes sociales, probablemente alrededor de 12 personas allí adentro. Apenas entraron, no fue necesario que dijeran una palabra. Yo lo sabía.

¿Cuándo comenzó a abogar por el uso de rociadores?
En mayo o junio, después del incendio. Estaba en muy mal estado. En ese momento, Massachusetts había creado una coalición para abordar el tema del incendio y terminé hablando en una de las reuniones, a pedido de mi primo, un subcomandante de bomberos. La investigación sobre The Station estaba en curso, así que no había mucho que yo pudiera decir, pero sí ejercí presión sobre el tema de los rociadores. Esa fue mi primera vez. Poco después, me contacté con la Phoenix Society y no me detuve desde entonces.

¿Cree que su labor de promoción pudo contribuir aún más en su recuperación?
A pesar de mantenerme activo con mi labor en Phoenix, el trastorno de estrés postraumático siguió afectándome durante muchos años. Recuerdo una noche en la que estaba conduciendo hasta la punta de Cape Cod y de regreso a Plymouth. Ni siquiera sé el porqué. No soportaba ver a las personas, pero tampoco quería estar solo. Comencé a recibir asesoramiento terapéutico [hace tres años] y a hablar de lo que me había pasado de una manera diferente y a centrarme en mí, aunque no de un modo egoísta. Era un sobreviviente, pero todavía era una víctima. Aún seguía sintiendo culpa siete años después de la tragedia. Nunca me perdoné a mí mismo por haber sobrevivido. La búsqueda de asesoramiento terapéutico me permitió hacer otras cosas —me permitió abogar en favor de los rociadores.

¿Cómo se involucró en la audiencia de Chattanooga?
Me reuní con Vickie Pritchett [Directora de protección pública contra incendios en la National Fire Sprinkler Association (Asociación Nacional de Rociadores de Incendio)] en una de las World Burn Conferences (Conferencias Mundiales para Víctimas de Quemaduras) de la Phoenix Society. Le interesaba mi historia y el hecho de que haya asistido a las clases para actividades de defensa y promoción, impartidas por la Phoenix Society. Yo no era un orador público. Cuando Vickie me solicitó que me dirigiera  a Chattanooga y diera mi testimonio, escribí un discurso. Comenzaba diciendo: “Me están concediendo solamente tres minutos, pero lo irónico es que durante el incendio en [Station], en ese lapso de tiempo murieron 97 personas”. Estaba conforme de que me concedieran ese lapso de tiempo —quería que ellos pensaran sobre cuán rápido mueren las personas en un incendio si no hay rociadores.

Hay un video en YouTube de su discurso. ¿Estaba usted tan convencido como aparenta?
Estaba petrificado. Sin embargo, me sentí motivado luego de escuchar al abogado que representaba a los clubes nocturnos. Lo escuché decir: “Esto no es Rhode Island, es Tennessee —[un incendio como el ocurrido en The Station] no va a suceder aquí”. Me dije a mí mismo: “Solo déjenme que suba allí y haga callar a este abogado”.

¿Cuál fue su reacción cuando escuchó el voto del consejo?
Nos enteramos ese día. La ordenanza fue aprobada por un voto. El concejal, quien tenía el voto decisivo, se presentó luego y dijo: “Tengo el voto final y creo que hubiera votado en contra si usted no hubiera venido aquí y no hubiera hablado”. Eso fue un logro enorme —hizo que todo el dolor y el miedo que tuve al testificar valieran la pena. El alcalde también me agradeció por haber ido y me dijo: “Creo que usted acaba de salvar a mi ciudad”. Yo estaba muy emocionado.

¿Qué más está haciendo como defensor?
Colaboro con la Phoenix Society en todos los eventos a los que me piden que asista. Fui al Capitolio (en Washington) con Amy Acton y Vickie el año pasado para colaborar con los legisladores de cabildeo en la Fire Sprinkler Incentive Act (Ley de incentivos para la instalación de rociadores de incendio) [que ofrece incentivos impositivos para actualizaciones de rociadores]. Hablamos con el diputado de Rhode Island, Jim Langevin, quien ha patrocinado el proyecto de ley. Lo que dice un sobreviviente tiene mucho más valor que lo que dice un político. Sigo diciendo a otros sobrevivientes de qué modo pueden colaborar expresando sus propios testimonios.

¿Impulsa también la instalación de rociadores en viviendas unifamiliares y bifamiliares nuevas?
Sé que si alguna vez estoy en condiciones de adquirir o construir una vivienda, esta será construida con rociadores. Se espera que se instalen rociadores en edificios comerciales —¿por qué no instalarlos en su hogar, donde pasa la mayor parte de su tiempo? Todavía son muchas las muertes que ocurren en los hogares. Es algo pequeño que cuesta menos que alfombrar su vivienda y salvará las vidas de sus familiares.

The Station fue recientemente noticia en los titulares cuando el dueño original transfirió la propiedad a la Fundación Station Fire Memorial, que recauda fondos para la construcción de un sitio conmemorativo formal. ¿Apoya esta causa?
Para las familias que sienten que aún no han podido salir adelante, es realmente importante tener un lugar pacífico y respetuoso para recordar, y no llegar aquí y ver cruces hechas de una madera que era parte del edificio y todas estas conmemoraciones diferentes. Se asemeja  a un sepulcro, a un sepulcro muy antiguo. Es deprimente. Ojalá que un nuevo sitio conmemorativo los ayude a salir adelante.

Fred Durso, Jr. es redactor del NFPA Journal


¿Está la seguridad en primer lugar?
Una década después de que un incendio destruyera The Station, la seguridad sigue siendo un tema de preocupación en los clubes nocturnos de todo el mundo

Consulte con un experto en seguridad humana acerca de la mejora de las condiciones en clubes nocturnos y otros lugares de reunión pública, desde el incendio ocurrido en The Station hace una década, y la respuesta probablemente será una mezcla de contradicciones.

“El nivel de concientización de la necesidad de preparación —ya sea en el entrenamiento del personal encargado del manejo de multitudes o en los planes de acción para emergencias— ha crecido de un modo bastante considerable”, dice Harold Hansen, Director de Seguridad Humana y Seguridad Física de la International Association of Venue Managers (IAVM) (Asociación Internacional de Gerentes de Lugares de Eventos) y miembro del Comité de NFPA 101®, Código de Seguridad Humana, Ocupaciones de Reunión Pública. “Los lugares de eventos están mucho más a tono con los temas que preocupan y son conscientes de la posibilidad de que ocurra [un incidente]. Creo que todavía hay un cierto grado de complacencia de parte de ellas que sostiene: “Sabemos cómo llevar a cabo la evacuación”. La respuesta es que sí lo saben. Pero, ¿es el entrenamiento del personal suficientemente adecuado para hacerlo de una manera efectiva?”.

Para abordar este tema, IAVM se ha unido a algunos estados de los Estados Unidos que han creado versiones de programas de entrenamiento para el personal encargado del manejo de multitudes, vinculados a las disposiciones de los códigos de la NFPA. Los programas, desarrollados en respuesta al incendio ocurrido en The Station, requieren un “miembro del personal encargado del manejo de multitudes” por cada 250 personas en ocupaciones de reunión pública. Desde el comienzo, en 2010, casi 7,600 personas han asistido al curso de la IAVM (disponible en trainedcrowdmanager.com), que incluye un componente electrónico y una sesión de entrenamiento, de dos horas, específica para el lugar de eventos determinado. IAVM planea impartir, a fines del corriente año, un curso con dictado de clases, específico para cada región para los lugares que deseen capacitar a una gran cantidad de personas.

A pesar de estas acciones, los descuidos en los clubes nocturnos continúan, y han sido responsables de diversos trágicos incendios  e incidentes   con víctimas fatales, ocurridos en todo el mundo durante la última década. Entre algunos de ellos se incluyen:

Club nocturno Lame Horse
Perm, Rusia
4 de diciembre de 2009
Una exhibición de pirotecnia llevada a cabo durante un festejo en un club nocturno ruso sobrepoblado de gente  encendió el cielo raso de plástico y las decoraciones combustibles del edificio. Los clientes corrían desesperados hacia la única salida conocida, un acto que provocó aplastamientos por aglomeraciones y asfixias en algunos de ellos,  lo  que los llevó a la muerte, según expresa Reuters. Otros murieron en el incendio. En total, murieron casi 160 personas y hubo una gran cantidad de heridos.

Bar Santika
Bangkok, Tailandia
1 de enero de 2009
Minutos después de que en Tailandia sonara el Año Nuevo, y en coincidencia con el espectáculo brindado por una banda, se lanzó pirotecnia en el interior del Bar Santika. Las chispas encendieron el cielo raso, provocando la caída al piso de trozos de materiales combustibles y metales. A medida que el incendio se propagaba por el local sobrepoblado, que no tenía rociadores ni un sistema de alarma de incendio, los asistentes intentaban escapar, pero se vieron impedidos por una interrupción de la energía provocada por el incendio, que apagó toda la iluminación. Más de 400 clientes corrieron desesperados hacia la salida principal que, junto con las otras salidas de incendio del edificio, no tenían lugar suficiente para llevar a cabo una adecuada evacuación durante el incendio. Murieron casi 70 personas y más de 220 resultaron heridas, lo que hizo que el incidente fuera el peor incendio ocurrido en un club nocturno en la historia del país.

Club República de Cromañón
Buenos Aires, Argentina
30 de diciembre de 2004
Un concierto de rock llevado a cabo en el Club República de Cromañón se transformó en mortal cuando un cliente, presente en este local no provisto de rociadores, disparó una bengala hacia el cielo raso durante un concierto. La bengala provocó que la espuma y otros materiales combustibles del cielo raso se encendieran, forzando a los clientes del sobrepoblado club —tres veces superada la capacidad del lugar, según lo informado en las noticias— a intentar de manera desesperada llegar hacia las salidas, que habían sido cerradas por la gerencia para evitar que los clientes ingresaran sin pagar la entrada. El incendio fue el incidente con mayor cantidad de víctimas fatales ocurrido en la historia de la República Argentina —casi 200 personas, en su mayoría adolescentes, murieron y otros 1,400 resultaron heridos, según lo expresado en The Guardian.

Club nocturno E2
Chicago, Illinois
17 de febrero de 2003
Más de 1,100 clientes —casi cinco veces la capacidad del lugar— se agolparon en el club nocturno E2 cuando se desató un una pelea  en la concurrida pista de baile, la  que indujo al personal de seguridad a evitar poner fin a la controversia  mediante el uso de gas pimienta, de acuerdo con lo que sostiene Associated Press. Mientras los ventiladores del techo dispersaban el agente irritante, la multitud corría desesperada hacia las salidas en búsqueda de aire fresco, muchos de ellos se dirigían por una angosta escalera hacia la entrada del frente. Siguieron los empujones y codazos, que terminaron en una pila humana que alcanzó una altura de seis pies [2 metros], según lo informado en las noticias. La aglomeración de la multitud provocó 21 muertes y casi 60 heridos. Luego de ese incidente, y del incendio en la discoteca The Station, ocurrido tres días después, la NFPA intensificó y reforzó aún más una serie de disposiciones ya  estrictamente establecidas en los códigos, sobre control de multitudes, egreso e instalación de rociadores en ocupaciones de reunión pública, tanto nuevas como existentes.

Compartir:

Nosotros

Quiénes Somos

La National Fire Protection Association (NFPA) es la fuente de códigos y normas que gobiernan la industria de protección contra incendios y seguridad humana.

Suscripción al NFPA JLA
NFPA JLA E-Newsletter
Suscripción al Boletín

Hemos actualizado nuestra política de privacidad, que incluye como son recolectados, usados y compartidos sus datos personales. Al usar este sitio, usted acepta esta política y el uso de cookies