Cuando se trata de explicar el sufrimiento humano y el impacto de los desastrosos siniestros de los incendios forestales en la salud pública, es escasa la investigación que encontramos. Esto contrasta con otras áreas del estudio de los incendios forestales donde la investigación es abundante. Impulsados por el acaecimiento de incendios que destruyen cientos o miles de viviendas y se cobran la vida de bomberos y residentes, los investigadores y reporteros ahondan en temas tan variados como la detección, las causas, la dinámica de propagación del fuego, las rutas de evacuación, los materiales de construcción y los costos de los seguros, recopilando y analizando estadísticas sobre pérdidas de propiedades, tiempos de respuesta, costes de supresión, etc.

Es momento de prestar más atención al impacto en la salud pública, especialmente en nuestra salud psicológica. Un reciente estudio de investigación (en inglés) en California Health Report, elaborado por el Centro para la Integridad Pública (Center for Public Integrity) e Investigaciones Periodísticas de Columbia (Columbia Journalism Investigations), declaró que los desastres, incluidos los incendios forestales, están llevando a una crisis de la salud mental en el país. Un artículo reciente de Outside (en inglés) destacaba los intentos de los investigadores por cuantificar la cantidad de sobrevivientes de incendios forestales. Ambos artículos refuerzan la idea de que es necesario trabajar mucho más para entender el impacto y la escala temporal de los traumas inducidos por los desastres y la recuperación emocional, y ambos demuestran la incapacidad de nuestra sociedad de abordar adecuadamente las necesidades de la salud pública posteriores a un incendio forestal. Tan importante como entender qué les ocurre a los supervivientes de los incendios forestales es el desarrollo de maneras eficaces de ayudarlos en el tratamiento de los efectos postraumáticos de sus vivencias.

Las pocas investigaciones que existen sugieren que el trauma permanece con los sobrevivientes de incendios forestales durante años. Observé ese fenómeno de cerca hace casi una década, cuando el personal de NFPA se reunió con estudiantes de establecimientos de educación media y sus padres en Colorado y Texas para hablar de sus experiencias con los incendios forestales. Recuerdo a una mujer que habló conmigo en la sala comunitaria de una estación de bomberos en las afueras de Austin, Texas. Menos de un año antes, el incendio del complejo del condado de Bastrop había ardido durante más de tres semanas, destruyendo 1,700 viviendas, provocando la muerte de cuatro personas y reduciendo el bosque estatal de Bastrop a una ruina humeante. "Mi hija tiene miedo", me dijo la mujer. "En nuestro recorrido hacia su jardín de infantes pasamos por el bosque estatal. Llora y se esconde sobre el piso del automóvil cuando pasamos. No quiere mirar los árboles muertos ni las cenizas".

No era la primera vez que escuchaba una historia emotiva de un superviviente de un incendio forestal, pero lo que me conmovió fue que esta familia no había sufrido pérdidas directas en el incendio—aun así, el trauma residual del siniestro era palpable y real. Todos los estudiantes con los que hablamos ese verano habían sufrido incendios forestales en sus comunidades en los dos años anteriores, incendios que habían ocurrido durante el año escolar. En casi todos los casos, los impactos de esos incendios no fueron abordados en sus aulas; en un distrito hasta se llegó a prohibir que se hablara de los incendios en sus escuelas, creyendo que ello reanudaría el trauma en los estudiantes que habían perdido sus hogares o a sus seres queridos. Incluso personas que, en apariencia, quedaron ilesas expresaban sentimientos de culpa, dolor, miedo e ira por lo que había sucedido en su comunidad y a sus vecinos.

Nuestro trabajo en Colorado y Texas ha dado lugar a dos informes sobre los jóvenes y los incendios forestales, y aún queda mucho por hacer. No se nos ocurriría ignorar el impacto de los incendios forestales en la destrucción de viviendas, y seríamos negligentes si no hiciéramos un seguimiento de los costos de la supresión de incendios. Aún así, nuestra sociedad ignora los muy reales y dañinos impactos de los incendios forestales en la salud física y mental de decenas de miles de estadounidenses. Avalados por una sólida investigación, debemos esforzarnos por lograr una comprensión mucho mejor y más amplia de los impactos en la salud pública y sus necesidades. Mientras reaccionamos al incremento de los costos de los desastres por incendios forestales con más estudios y más estrategias, es necesario que recordemos que no todo lo que cuenta puede contarse.

MICHELE STEINBERG es directora de la División de Incendios Forestales de NFPA.