El Efecto Andrew

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Incendios Forestales

El Efecto Andrew

Por Michele Steinberg

El efecto andrew

¿Qué hace falta para que los incendios forestales sean otra vez eventos naturales y no desastres naturales? 

Fue adecuado que la conferencia y exposición anual de NFPA de este año se hubiera programado para ser celebrada en Florida, un estado con muchas enseñanzas para nosotros acerca de cómo las acciones regulatorias pueden ayudar a ser resilientes a los desastres naturales. C&E ha sido cancelada, pero las lecciones de Florida siguen siendo especialmente valiosas para los funcionarios de California y de cualquier otro lugar, involucrados en complejas iniciativas para mitigar el impacto de un incendio forestal en sus comunidades.

Florida también tiene sus incendios forestales, pero los huracanes han sido históricamente las fuerzas más destructoras del estado—ninguno más que el Huracán Andrew, que azotó el Condado Miami-Dade en 1992. Alrededor de 65,000 estructuras fueron destruidas, miles de viviendas y comercios quedaron reducidos a losas de concreto—imágenes familiares para las víctimas de los recientes incendios forestales de California en comunidades como Paradise, Santa Rosa y muchas otras.

En retrospectiva, es fácil ver por qué la devastación fue tan severa. En 1992, el código de edificación aplicable en todo el estado de Florida ignoraba, en gran medida, parte de la nueva ciencia relacionada con la resistencia al viento para construcciones residenciales nuevas, y permitía que se construyeran estructuras inseguras en el estado. En paralelo, las aseguradoras subestimaron considerablemente la vulnerabilidad de las viviendas de Florida a los vientos huracanados. Andrew provocó pérdidas cubiertas por los seguros de alrededor de US$ 25 mil millones, o casi US$ 46 mil millones en dólares actuales. En su momento, fue una cifra impensable para un único incidente; 11 compañías de seguros cesaron sus actividades y otras se retiraron del mercado de Florida. Mucho de esto podría sonar familiar para cualquiera que haya seguido los recientes desastres por incendios forestales de California.

Y sin embargo, las consecuencias de Andrew se consideran un éxito resonante. Después del huracán, las autoridades regulatorias y las aseguradoras del estado iniciaron las obras de reparación de las que ahora son deficiencias obvias. Las autoridades regulatorias crearon un consorcio de seguros para daños por vientos (wind pool)—un programa estatal obligatorio de riesgos compartidos al que todas las aseguradoras aportan fondos—para garantizar una cobertura adecuada de los daños a las propiedades costeras de alto riesgo. Mientras tanto, las aseguradoras insistían en que el estado elaborara un código de edificación basado en riesgos para evitar el desprendimiento de los techos de los edificios. Al 2002, el nuevo código de edificación se aplicaba debidamente en todo el estado, junto con mapas de la velocidad de los vientos para garantizar las protecciones más fuertes en las áreas más vulnerables.

Casi 20 años después, los expertos en seguridad concuerdan en que el código ha marcado una diferencia en la reducción de pérdidas de propiedades por huracanes. En 2017, el Huracán Irma, con una potencia mayor que la de  Andrew, causó estragos en el Caribe y registró fuertes vientos cuando golpeó en Florida. Aún así, provocó un cuarto de las pérdidas que causó Andrew, lo que los expertos atribuyeron al hecho de que casi el 80 por ciento de las estructuras que recorrió el Huracán Irma habían sido construidas conforme a las disposiciones de los códigos más estrictos.

¿Qué significado tiene esto para un incendio forestal? Decir que la gestión de seguros y riesgos para incendios forestales es compleja sería una subestimación risible. Pero que en Florida pudo hacerse después del Huracán Andrew es una prueba de concepto. Luego de incomparables pérdidas, las autoridades regulatorias, aseguradoras y responsables de la elaboración de políticas de Florida se dieron cuenta que mantener el statu quo era una invitación a futuros desastres y pérdidas; absorbieron importantes lecciones y aplicaron los ajustes necesarios. Tres décadas después, el estado está hoy en un lugar significativamente mejor. No hay motivos para creer que los funcionarios de California y otros lugares vulnerables de todo el mundo no puedan aplicar un enfoque similar para los incendios forestales.

Por eventos como el de Camp Fire y los incendios forestales de Australia ocurridos este año, hemos sufrido la versión de Andrew en incendios forestales repetidamente en los últimos años. En algún punto, la comunidad de los incendios forestales necesita su momento Irma, cuando un incendio de grandes dimensiones arrase con el paisaje y sólo provoque daños limitados en las personas y las propiedades. No lograremos eso con códigos de edificación solamente, pero un sólido diseño y emplazamiento de los edificios son excelentes conceptos para el inicio. Si agregamos algo de voluntad política, colaboración entre las agencias y la ayuda de las tecnologías emergentes, podemos llegar a un punto donde los incendios forestales de 2040 serán simplemente eventos naturales, no desastres.

Michele Steinberg es directora de la División de Incendios Forestales de NFPA.

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