Que suene la alarma
      Olvido su clave?  

 

Alarma, Detección, Notificación & Señalización

Que suene la alarma

Por
alarmas contra incendios
 
Cómo un proyecto para instalar alarmas de incendio en viviendas informales en Sudáfrica promete un futuro más seguro para el país—y para millones de personas en todo el mundo
 

Por Angelo Verzoni

Las antenas parabólicas salpican una sorprendente cantidad de techos en Wallacedene, un asentamiento informal en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Los platos grises, tal como los muestra la vista satelital de Google Maps, son una de las pocas señales de modernidad en un área densamente poblada que de otro modo parece un barrio marginal.

Ubicado en el borde oriental de Ciudad del Cabo, a unas 15 millas de las costas oceánicas del Atlántico Sur, Wallacedene es el hogar de unas 36,000 personas. El asentamiento abarca un área equivalente a 100 canchas de futbol, y resulta en una densidad poblacional seis veces y media mayor que la de la ciudad de Nueva York. Las viviendas y negocios son apenas más que chozas rudimentarias, construidas con láminas de metal corrugado, tableros de fibra orientada, lona plastificada y otros materiales chatarra. Los residuos se esparcen en terrenos baldíos y en las angostas calles del asentamiento.

Asentamientos informales como el de Wallacedene se encuentran en todo el mundo, mayormente en los países en vía de desarrollo pero también en el mundo desarrollado, como resultado de la pobreza y la sobrepoblación de aéreas urbanas. En un artículo del año 2009 publicado en Planning Theory, la informalidad es definida como un "estado de desregularización, uno en el que la propiedad, uso y propósito de la tierra no pueden ser determinados ni trazados según un conjunto de reglamentaciones prescritas ni según la ley."

Las multitudinarias y precarias condiciones de vivienda en asentamientos informales crean riesgos de incendio significativos. Datos censales indican que, mientras que menos del 20 por ciento de la población de ciudad el cabo vive en asentamientos informales, más de la mitad de los incendios de la ciudad ocurren en aquellas áreas, según fuentes publicadas. Los riesgos asociados con el entorno construido están compuestos por la ausencia de reglamentación y por comportamientos humanos peligrosos tales como el fumar en la cama, dejar hornallas prendidas desatendidas, y sobrecargar los circuitos eléctricos.

Esto da por resultado incendios frecuentes que pueden salirse rápidamente de control y arrasar con asentamientos enteros, destruyendo miles de hogares y desplazando a miles de residentes. Un incendio como estos el año pasado, en un asentamiento conocido como ImizamoYethu en Ciudad del Cabo, dio muerte a cuatro personas, destruyó cerca de 2,200 viviendas y desplazó a 9,700 residentes. El incendio, que costó a la ciudad aproximadamente 100 millones de rands sudafricanos o unos US$6.7 millones, fue uno de los peores de la historia de la ciudad. La División de Investigación de NFPA está ayudando a la Universidad de Edimburgo y de Stellenbosch, en la provincia Occidental del Cabo donde está emplazada la Ciudad del Cabo, con un proyecto para estudiar el modo en que el fuego se propaga en estos asentamientos de modo que sus efectos puedan ser mitigados con mayor eficacia.


IMÁGENES DESDE UN INCENDIO En el año 2017, un incendio en el asentamiento ImizamoYethu en Ciudad del Cabo dio muerte a cuatro personas, destruyó cerca de 2,200 viviendas, desplazó a 9,700 residentes, y produjo una pérdida equivalente a casi $7 millones. Las imágenes capturadas durante el evento por un bombero/productor ilustran los desafíos generados por el fuego en asentamientos informales. Fotos: Justin Sullivan.IMÁGENES DESDE UN INCENDIO. En el año 2017, un incendio en el asentamiento ImizamoYethu en Ciudad del Cabo dio muerte a cuatro personas, destruyó cerca de 2,200 viviendas, desplazó a 9,700 residentes, y produjo una pérdida equivalente a casi $7 millones. Las imágenes capturadas durante el evento por un bombero/productor ilustran los desafíos generados por el fuego en asentamientos informales. Fotos: Justin Sullivan.


Las conflagraciones en asentamientos informales amenazan no sólo a los residentes sino también a bomberos y a otro personal de emergencias. Los resiadentes que pueden no comprender las tácticas para el combate de incendios en ocasiones intentan arrancar las mangueras de incendio a los socorristas redirigiendo el agua hacia sus propias viviendas. Ha habido casos en incendios de asentamientos informales en Ciudad del Cabo de residentes que cortaban las mangueras con cuchillos para redirigir el agua. "Cuando se originan incendios en estos entornos, los socorristas se exponen a riesgos innecesarios," cuenta Rodney Eksteen, director adjunto anterior de los servicios para el manejo de desastres y rescate de incendios en la provincia Occidental del Cabo. "Este es un problema aún más grave que el riesgo de incendio y de muertes por incendio en asentamientos informales."

Impulsado por el problema de los incendios en asentamientos informales, el índice de muertes por incendio en Sudáfrica por cada 100,000 personas era de 4.87 en el año 2016, comparado con el 1.29 de los Estados Unidos. Si bien las estadísticas integrales que comparan los índices de incendio y de muertes por incendio en los asentamientos informales de Ciudad del Cabo con los índices de la ciudad, la provincia y el país no han sido recogidas, los residentes de estas áreas pueden hablar de lo terrible que es la situación. En Fire From the Dragon, (Fuego del Dragón) un cortometraje emitido en Julio que arroja luz sobre el problema de los incendios en los asentamientos informales de Ciudad del Cabo—el corto fue dirigido por Justin Sullivan, un bombero voluntario que contribuyó con fotografías para esta historia—una mujer llamada Hazel comparte su historia tras haber sobrevivido a cuatro incendios, el más reciente y mortal incendio de ImizamoYethu que destruyó su hogar. "Las personas gritaban y se alejaban con sus cosas. [Las llamas] se propagaron muy muy rápido. Aún me siento muy movilizada con todo esto," cuenta Hazel, mientras comienza a llorar. Otra mujer, Veliswa, una residente del asentamiento de Wallacedene, dice a los realizadores del corto "Las personas se están muriendo… gritan dentro de las casas [en llamas]. No está bien."

No obstante, en al menos una parte de Wallacedene, se ha progresado utilizando una única y simple pieza de tecnología: la alarma de humo. El Área Reasentamiento Temporario de Wallacedene (TRA)—un barrio de 16 acres con una población de apenas 4,500 personas y una historia de incendios frecuentes y otros riesgos de seguridad tales como inundaciones—fue el sitio en que el año pasado se llevó a cabo un proyecto liderado por el gobierno mediante el cual se instalaron miles de alarmas de incendio alimentadas a batería en las viviendas de los residentes. Según los organizadores del proyecto, los resultados han sido nada menos que sorprendentes.

"Redujo las muertes a cero," cuenta Eksteen, quien coordinó el proceso de instalación de las alarmas de incendio. "En todos los incidentes de incendio que ocurrieron en esa comunidad [en el tiempo en que los investigadores monitoreaban los incendios], no hubo muertes. Cero."

PANORAMA GENERAL El Área de Reasentamiento Temporario de Wallacedene, señalada en color rojo, fue el foco de un proyecto liderado por el gobierno para instalar alarmas de incendio alimentadas a batería (abajo) en cada vivienda para proteger a los casi 4,500 habitantes. Los investigadores sostienen que este esfuerzo redujo a cero las muertes relacionadas a incendios en el área.PANORAMA GENERAL. El Área de Reasentamiento Temporario de Wallacedene, señalada en color rojo, fue el foco de un proyecto liderado por el gobierno para instalar alarmas de incendio alimentadas a batería (abajo) en cada vivienda para proteger a los casi 4,500 habitantes. Los investigadores sostienen que este esfuerzo redujo a cero las muertes relacionadas a incendios en el área.


Algunos dijeron que no podía hacerse

En Wallacedene, la mayoría de los residentes aún calefaccionan sus hogares con dispositivos tradicionales llamados mbawulas, latas metálicas de 25 litros con orificios de ventilación que se llenan de brasas encendidas. Para cocinar, es común el uso de pequeñas estufas de kerosén, a menudo conocidas como estufas de parafina. Tanto las mbawulas como las estufas funcionan con fuego que emite chispas; la Paraffin Safety Association of South Africa (Asociación de Seguridad de la Parafina de Sudáfrica) estima que más de 200,000 sudafricanos se lesionan o pierden sus propiedades en incendios relacionados con la parafina cada año.

Pero la electricidad, ingresada recientemente a Wallacedene como parte de un esfuerzo gubernamental que comenzó en los 90 para brindarle a los asentamientos informales energía eléctrica legal, también plantea sus riesgos. Datos del gobierno de la Ciudad del Cabo muestra que la electrificación en asentamientos informales como el de Wallacedene ha coincidido con un salto del 335 por ciento en incendios eléctricos en estas áreas, muchos de ellos relacionados con circuitos sobrecargados a medida que los residentes llenan de artefactos—refrigeradores, estufas y, en apariencia, televisores y antenas parabólicas— los pequeños espacios. Un informe publicado en mayo en el proyecto de instalación de alarmas de incendio de Wallacedene indica que los residentes del TRA de Wallacedene consideran que los artefactos eléctricos tales como las estufas eléctricas son más seguros que las estufas a gas, lo cual podría crear un falso sentido de la seguridad y resultar en más incendios que comienzan en la desatención al cocinar.

Durante años, la solución a los incendios en asentamientos informales como el de Wallacedene llegó a través de diversos productos de detección y supresión de incendios vendidos a los residentes y municipios por fabricantes, algunos más interesados en generar ganancias que en ofrecer soluciones legítimas, dice Eksteend. Los productos eran raramente respaldados por alguna ciencia que pudiera probar que en realidad sí funcionaban.

En países desarrollados tales como los Estados Unidos y el Reino Unido, las alarmas de incendio operadas a batería constituyen tecnología comprobada y veraz. Son generalmente requeridas en ubicaciones múltiples en las viviendas, y organizaciones tales como NFPA han proclamado su importancia durante décadas. En los países desarrollados, no obstante, puede haber una historia completamente diferente —Sudáfrica, por ejemplo, no cuenta con requisitos de alarmas de incendio en viviendas, ni formales ni de ningún otro tipo. Aún con la tecnología arraigada en la cultura de seguridad contra incendios del mundo desarrollado, las alarmas de incendio continúan siendo una herramienta que no es utilizada de manera suficiente. Datos de NFPA dan cuenta de que las alarmas de incendio se encuentran ausentes o inactivas en tres de cada cinco muertes por incendio residencial en los EEUU. A menudo, las alarmas indeseadas o instancias en las que las alarmas se activan por actividades de la vida diaria tales como cocinar, hacen que la gente las desconecte.

En el año 2017, un incendio en el asentamiento ImizamoYethu en Ciudad del Cabo dio muerte a cuatro personas, destruyó cerca de 2,200 viviendas, desplazó a 9,700 residentes, y produjo una pérdida equivalente a casi $7 millones. Las imágenes capturadas durante el evento por un bombero/productor ilustran los desafíos generados por el fuego en asentamientos informales. De izquierda a derecha: los incendios en viviendas sin rociadores pueden alcanzar la combustión súbita generalizada en segundos. Los incendios en áreas densamente pobladas a menudo crean escenas caóticas a medida que los residentes intentan escapar. Los bomberos quedan envueltos en ese caos a la vez que los residentes pretenden direccionar el agua hacia sus propiedades. Los incendios pueden crecer en dimensión e intensidad muy rápidamente, superando la capacidad de los bomberos y poniendo en grave peligro la vida de los residentes y de los socorristas.

No resulta llamativo, en consecuencia, que cuando Eksteen y otros del gobierno de la provincia del Cabo Occidental, así como investigadores de la Universidad de Stellenbosch, diseñaron un plan hace unos dos años, para presentar los dispositivos en los asentamientos informales, muchos dijeron simplemente que no podía hacerse. "Existía esta creencia de que porque se trataba de asentamientos informales y porque la gente utilizaba llamas abiertas para calefaccionar y cocinar en sus viviendas, iba a producirse humo en todo el lugar, y estos dispositivos se activarían todo el tiempo, y simplemente no iba a funcionar," cuenta Eksteen a NFPA Journal en una entrevista llevada a cabo en septiembre. Incuso algunos departamentos de bomberos locales dudaban acerca de las alarmas de incendio y su uso en viviendas informales, cuenta.

Pero Eksteen había visto investigaciones que respaldaban su efectividad en espacios pequeños similares tales como casas rodantes y remolques, y se preguntaba por qué no podrían utilizarse de manera efectiva en las chozas que pueblan los asentamientos informales del Cabo Occidental. Eventualmente, un departamento de bomberos—el de Breede Valley, al cual Eksteen describió como "muy progresista"—estuvo de acuerdo, y en la primavera del año 2016 trabajó junto al gobierno y los investigadores en la instalación de 200 alarmas de incendio operadas a batería en viviendas informales en dos asentamientos, Zwelethemba y Avian Park. El proyecto resultó un éxito instantáneo. Las alarmas inmediatamente comenzaron a alertar a los residentes sobre incendios potencialmente peligrosos para la vida, cuenta Eksteen, y los residentes a quienes no se les había entregado el dispositivo se acercaban a pedirlo.

La investigación allanó el camino para un proyecto más importante en el TRA de Wallacedene que comenzó unos 10 meses después, en febrero del año 2017. Sin embargo, los líderes del proyecto aún sentían cierta desconfianza e incertidumbre y dudaban de que el éxito que había tenido el anterior proyecto a menor escala pudiera traducirse a una escala mayor. Aún así, se compraron unas 2,000 alarmas fotoeléctricas listas para ser utilizadas, con baterías de litioion de larga duración para el proyecto de Wallacedene. Los investigadores habían determinado a través del anterior proyecto y de la investigación subsiguiente que las alarmas de incendio fotoeléctricas— en contraposición con las alarmas de incendio iónicas y los detectores de calor de velocidad de aumento — se adecuaban mejor para detectar el tipo de incendio incandescente que atormenta a las viviendas informales de Sudáfrica.

Al igual que en el proyecto preliminar, los resultados en el TRA de Wallacedene fueron inmediatos y positivos. Durante el período de casi un año de duración en el que los investigadores monitorearon los incendios en el asentamiento que ahora contaba con todo un nuevo sistema de alarmas de incendio, se produjeron ocho incendios en los que no hubo muertos ni heridos de gravedad. "Sabemos que se han salvado vidas," dice Eksteen. "De modo que ese aspecto del proyecto, tomando en cuenta la capacidad de las alarmas de incendio de reducir los índices de muertes y lesiones por incendio, fue un completo éxito."

Al comienzo del proyecto de Wallacedene, Eksteen comenzó a escuchar historias sobre cómo los residentes escapaban de la muerte o de las heridas gracias a las alarmas. Una de las primeras historias giraba en torno a un hombre mayor que regresaba a su casa luego de una noche en la que había bebido en un sitio de encuentro local llamado shebeen. Comenzó a cocinar pero se quedó dormido. El artefacto de cocina comenzó a incendiarse y la alarma de humo se activó, impulsando a los vecinos a correr hacia la vivienda, abrir la puerta a patadas, y sacar el artefacto de la vivienda. El incidente convenció al puñado de residentes del TRA de Wallacedene quienes en un principio se habían rehusado a aceptar las alarmas de incendio, a pedir por ellas.

En otro incidente, otro hombre mayor que también había estado bebiendo en un shebeen se durmió en la cama fumando un cigarrillo. Cuando su cama se prendió fuego y se activó la alarma, los vecinos respondieron y pudieron sacarlo del lugar. A medida que las llamas envolvían la choza, los residentes que respondieron tiraron abajo las cuatro paredes y sofocaron el incendio evitando que se propagara a las viviendas vecinas. El hombre que rescataron presentó solo quemaduras menores.

"Ese fue el momento en que me di cuenta del potencial de estos dispositivos, viendo la respuesta de la comunidad," cuenta Eksteen. "Dado que estas chozas están tan cerca unas de otras, cuando se activa la alarma, el vecino responde. Y ese tiempo entre la activación y la respuesta es a menudo muy corto. Aún en situaciones en que la propia cama se incendia, y uno se encuentra en una íntima relación con el fuego, es literalmente el equivalente [para la gente acostumbrada a viviendas formales de mayores proporciones] de alguien que viene de la habitación de al lado para ayudar." Además, cuenta, las alarmas de incendio "también pueden evitar que los bomberos se expongan al tipo de situaciones hostiles" que pueden encontrar cuando residentes desesperados intentan salvar sus propiedades de un incendio bien desarrollado.

Un problema en aumento en todo el mundo

Los esfuerzos de los investigadores para educar a los residentes sobre la importancia y éxito comprobado de las alarmas de incendio utilizando materiales de organizaciones como NFPA, fueron la clave del éxito de las alarmas de incendio en Wallacedene.

"Es necesario conseguir el compromiso de la comunidad," dice Patricia Zweig de la Alianza de Investigación para Desastres & Reducción del Riesgo de la Universidad de Stellenbosch en Fire From the Dragon. "No se puede imponer un proyecto en la gente. Se necesita de la aceptación, y para que la gente lo acepte, es necesario que comprendan de qué se trata. Y para ayudar a que comprendan de qué se trata, es necesario incluirlos en el proyecto. Y entonces sí pueden colaborar. Para mí, cualquier proyecto en el que yo intervengo, tiene que contar con esa colaboración."

056

056 01

Los investigadores colaboraron con la comunidad empleando residentes, en su mayoría personas jóvenes que necesitaban trabajar, para que fueran puerta por puerta educando residentes y transmitiendo la importancia de las alarmas de incendio, así como instalando dispositivos. Trabajando de a pares, una persona educaba y la otra instalaba, cuenta Eksteen. Ellos utilizaron el slogan de NFPA de la campaña de la Semana de Prevención de Incendios del año 2015—"Escucha la alarma allí donde duermes"—para persuadir a los residentes a instalar las alarmas cerca de sus camas.

Todos los resultados positivos que emergieron del proyecto, atravesaron sus desafíos. Tal como fuera anticipado, las alarmas indeseadas se activaron en algunos casos en los que los residentes cocinaban—especialmente carnes, que producían humo—o cuando utilizaban mbawulas para calefaccionarse. Algunos residentes encontraron soluciones inteligentes para este problema. Un residente, por ejemplo, removía la alarma y la envolvía en género cada vez que encendía su mbawula, cuenta Eksteen, permitiendo que el humo se disipara antes de reinstalar la alarma. Otras alarmas indeseadas, sin embargo, no fueron fáciles de evitar. Los investigadores creen que los insectos que ingresan—y anidan y defecan —en las alarmas de incendio causan una cantidad significativa de alarmas indeseadas.

Sobre todo, Eksteen dice que cree que el uso de las alarmas de incendio en los asentamientos informales de Sudáfrica promete un futuro más seguro no sólo para ese país, sino también para tantas otras naciones en el mundo que albergan asentamientos informales, barrios pobres y marginales. Él estima que mil millones de personas—más del 10 por ciento de la población mundial—viven en áreas como esas, y otras fuentes corroboran estas cifras. "Aumenta día a día," agrega Eksteen. "Este no es sólo un problema de Sudáfrica. Es un problema en aumento en todo el mundo."

Los expertos en reglamentación edilicia dicen que tanto como el 80 por ciento del entorno construido en los países en vía de desarrollo fue creado sin herramientas de reglamentación tales como códigos y normas. "Una parte muy significativa del entorno construido es informal, lo que significa que no se beneficia de la regulación del uso de la tierra o edilicia en lo que concierne a la seguridad," dice Fred Krimgold, consultor senior de Reglamentaciones Edilicias para el Programa de Resiliencia del Grupo del Banco Mundial. Esto significa que una enorme cantidad de personas se encuentran en riesgo de morir en incendios. Más de 300,000 personas en todo el mundo mueren cada año en incendios, y alrededor del 95 por ciento de esas muertes ocurren en países con bajos y medios ingresos, mientras que millones más resultan gravemente lesionadas, según un estudio publicado el año pasado en el International Journal of Environmental Research and Public Health (Publicación Internacional de Investigaciones Medioambientales y Salud Pública).

El proyecto de Wallacedene y otros esfuerzos similares son esperanzadores. Históricamente, dice Krimgold, las investigaciones sobre cómo mejorar la seguridad de los asentamientos informales se ha enfocado en la amenaza producida por desastres agudos y masivos tales como huracanes y terremotos—eventos que generan dramáticos titulares pero que no necesariamente son una representación acertada de las amenazas más consistentes enfrentadas por las personas que viven en estas áreas. En cambio, el foco puesto sobre las amenazas crónicas del día a día como los incendios, es un mejor enfoque para crear un entorno más seguro, dice, razón por la cual las Reglamentaciones Edilicias para el Programa de Resiliencia se enfocan en aprender sobre tales amenazas.

"El origen de exitosas reglamentaciones edilicias en el mundo desarrollado ha comenzado habitualmente con temas tales como incendios y salud, los riesgos más distribuidos, extensivos y crónicos, en lugar de riesgos catastróficos agudos," sostiene Krimgold. "De modo que si vamos a desarrollar respuestas de políticas consistentes e instituciones que puedan enfrentar el riesgo a niveles de la comunidad [en el mundo desarrollado], necesitamos dar abordaje a estos riesgos distribuidos, extensivos y crónicos, de modo que las investigaciones y las soluciones al riesgo de incendio se convierten en algo sumamente importante." (Para más información sobre el trabajo que está realizando el Grupo del Banco Mundial para que los asentamientos informales sean más seguros, lea "Un mundo desregulado".)

A pesar de que Eksteen recientemente ha salido del gobierno de la provincia Occidental del Cabo en busca de un Ph.D. en los EEUU, él espera que continúen las investigaciones sobre incendios en asentamientos informales en la provincia. "Aprendimos muchísimo del proyecto en Wallacedene, cuenta Eksteen. "Y algunos de esos aprendizajes serán utilizados en investigaciones futuras, entre ellas diseños y cerramientos que ayuden a las alarmas de incendio a ser más resistentes a la infestación por insectos. Deseamos reducir la cantidad de alarmas no deseadas que se activarán en este tipo de entornos."

ANGELO VERZONI es redactor del NFPA Journal.

 054Las consecuencias de un incendio en un barrio marginal de Manila, Filipinas.

 

Un mundo desregulado 

En los países en vía de desarrollo, las reglamentaciones edilicias casi no existen. ¿Podría un impulso en la investigación y educación modificar esta situación?

EN FEBRERO DEL 2017, UN INCENDIO MASIVO se desató en un barrio marginal de Manila, la capital de Filipinas y una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Según informes publicados, si bien el incendio desplazó a una abrumadora cantidad de 15,000 residentes, no hubo víctimas fatales.

Según Reuters, el incendio fue uno de los 2,200 incendios que ocurren en Manila cada año, en donde cientos de miles de pobres viven en barrios marginales que abarcan vastas y densas secciones de chozas construidas con extrema precariedad. La mayoría de los incendios de la ciudad ocurren en los barrios bajos, donde las reglamentaciones edilicias no existen; los equipos de cocina y calefacción son a menudo instalados de manera descuidada, y el expuesto cableado eléctrico serpentea entre las viviendas, hasta enredarse en manojos del tamaño de una pelota de básquet.

Los barrios marginales de Manila indican un creciente problema global. Según investigaciones del Grupo del Banco Mundial, que brinda financiamiento a países en vía de desarrollo, el 80 por ciento del entorno construido en las naciones en vía de desarrollo de todo el mundo es considerado informal—esto significa que es construido sin reglamentaciones oficiales sobre el uso de la tierra ni reglamentaciones de seguridad. Expertos del Banco Mundial y de organizaciones tales como NFPA coinciden en que crear un sistema regulatorio en estos países sería uno de los medios más efectivos para reducir las muertes en los asentamientos informales que resultan de los incendios y otros riesgos. Es mucho pedir en áreas en las que la falta de dinero y otros recursos es muy severa, pero esto puede lograrse de manera realista a través de la investigación y de la educación.

Tal como ha sido demostrado en el mundo desarrollado, la creación de exitosos sistemas de reglamentación comienza con la comprensión de los riesgos particulares que enfrenta una comunidad, dice Thomas Moullier, coordinador global de Reglamentaciones Edilicias para el Programa de Resiliencia del Grupo del Banco Mundial. Más o menos en la última década, no obstante, las investigaciones sobre los riesgos que enfrentan los pobres asentamientos informales se han enfocado en gran medida en eventos generadores de titulares tales como huracanes y terremotos, cuenta Moullier.

"Pero en algunas regiones tales como África Subsahariana, existe evidencia de que el daño producido por riesgos crónicos, extensivos y más distribuidos [como los incendios] es de hecho mayor que aquel que resulta de riegos agudos [como los huracanes o terremotos]," agrega Moullier. "En este sentido, hay mucho que debemos hacer para redirigir la atención de la comunidad para el manejo de riesgos de desastre sobre este tipo de riesgos." Proyectos como el que instaló alarmas de incendio en un asentamiento informal en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el año pasado, sugieren que esto está comenzando a suceder.

Luego de que se lleve a cabo una mayor investigación para comprender estos riesgos crónicos a nivel de la comunidad, los expertos imaginan a la educación como el próximo paso en la creación de un sistema reglamentario exitoso. "La lucha efectiva cosiste en educar a los políticos y a los líderes de la comunidad," dice Moullier "de modo que una vez que se cuenta con todos los hechos, se cuenta con un argumento más convincente para presentar a los lideres. [La regulación] No comienza con los tecnicismos de contar con un buen código, comienza con ese nivel de conciencia."

Mayores niveles de educación implican la capacitación de bomberos profesionales e ingenieros para construir, mantener e inspeccionar propiedades seguras, esfuerzos en los que NFPA ha participado en países como Sudáfrica y Jamaica. "Es necesaria la capacitación de bomberos y especialistas en protección contra incendios en todos los niveles, revisores de planos, inspectores, administradores," dice Fred Krimgold, consultor senior de Reglamentaciones Edilicias para el Programa de Resiliencia. Es necesaria la creación de una estructura institucional adecuada y factible para la reducción del riesgo de incendios." —A.V.

AL LÍMITE

A medida que crece el porcentaje de población que vive en las ciudades, también crece el número de personas que viven en los barrios marginales o asentamientos informales en los que el fuego es una amenaza siempre presente.

qAgSyeiM

 

 

 

 

Compartir:

Nosotros

Quiénes Somos

La National Fire Protection Association (NFPA) es la fuente de códigos y normas que gobiernan la industria de protección contra incendios y seguridad humana.

Suscripción al NFPA JLA
NFPA JLA E-Newsletter

Hemos actualizado nuestra política de privacidad, que incluye como son recolectados, usados y compartidos sus datos personales. Al usar este sitio, usted acepta esta política y el uso de cookies