Construir. Quemar. Repetir?
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Incendios Forestales

Construir. Quemar. Repetir?

Por Jesse Roman
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La realidad histórica de la devastación provocada por los incendios forestales en 2017 muestra la imperativa necesidad de un nuevo enfoque en la creación de comunidades resistentes a incendios forestales. Los expertos sostienen que es posible crear esas comunidades hoy.

Si esto es verdad, ¿por qué resulta tan complejo realizarlo?

Por Jesse Roman

EN OCTUBRE DE 2017, INCENDIOS FORESTALES DE RÁPIDA PROPAGACIÓN azotaron vastas franjas de tierra vinícola en California del Norte, alimentados por las condiciones de extrema sequedad e inflamabilidad, e impulsados por los intensos vientos de Santa Ana. Uno de esos incendios, el incendio de Tubbs, asoló los vecindarios densamente poblados de los suburbios de la ciudad de Santa Rosa, reduciendo cuadra tras cuadra de viviendas a pilas de grises cenizas.

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A partir de las entrevistas con expertos en igniciones de viviendas, investigadores de incendios forestales y jefes de bomberos locales, así como de los materiales de los programas nacionales, entre ellos Firewise® de NFPA y Asistencia a la Planificación Comunitaria para Incendios Forestales, se incluye una lista de recomendaciones destinadas a reducir el avance de la destrucción por incendios forestales.

 

"Es esta nuestra única vida. Y ahora se ha desvanecido", dijo Veomany Thammsoth, residente de Coffey Park, al diario The Press Democrat, mientras uno de sus familiares llevaba en un carro una caja fuerte de metal rescatada de los restos de la vivienda familiar de 30 años de antigüedad.

Se quemaron al menos 1,400 viviendas de este idílico conglomerado de callejones sin salida del extremo norte de Santa Rosa, cerca de la mitad del total de toda la ciudad, destruidas por los incendios de Tubbs y Nuns, siendo estos solamente dos de las casi dos docenas de incendios forestales que causaron estragos en la tierra vinícola de California el pasado mes de octubre. En conjunto, los incendios destruyeron o dañaron más de 14,700 viviendas, 728 comercios y causaron la muerte de 44 personas.

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En la actualidad, a medida que los residentesse enfocan en la recuperación, diversas son las inquietudes que reclaman su atención. Las víctimas de incendios necesitan apoyo, albergue y eventualmente el dinero de los seguros.

Los líderes de la comunidad ahora deben decidir cómo reconstruir de manera inteligente y equitativa, a la vez que lidian con una crisis humanitaria y significativas pérdidas de ingresos por las recaudaciones tributarias de las propiedades. En medio de la inmensa pérdida personal, las víctimas deben hacer frente a complejos interrogantes acerca de si reconstruir o no, cómo reconstruir y si están, incluso, en condiciones de hacerlo.

Al acecho en el trasfondo, aunque clave para el futuro de los residentes, está el interrogante acerca de cómo Santa Rosa puede evitar que esto vuelva a ocurrir.

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No es la primera vez que la ciudad enfrenta estos interrogantes. En 1964, el incendio de Hanly asoló zonas de Santa Rosa con una impronta notablemente similar a la del incendio de Tubbs ocurrido en octubre. Sin embargo, mientras que Hanly azoló una región agrícola rural de 30,000 personas, el incendio de Tubbs se desató en un suburbio urbano de 175,000 residentes, con miles de estructuras vulnerables estrechamente agrupadas entre sí. Como resultado, la devastación fue de una magnitud mucho mayor a la de hace más de 50 años atrás.

¿Con qué se encontrará el próximo incendio forestal cuando inevitablemente avance por la línea de la cresta este hacia el nuevo Coffey Park? ¿Pueden las maltrechas comunidades de California del Norte protegerse a sí mismas o están destinadas a sufrir el mismo destino una y otra vez?

CUANDO ESOS INTERROGANTES se formulan a expertos en incendios forestales, las respuestas son alentadoras y a la vez dolorosamente frustrantes. Dicen que son muchas las cosas que las comunidades pueden hacer en la planificación del uso de la tierra y en la reglamentación de las construcciones para contribuir a erradicar el potencial destructivo de un incendio forestal. En realidad, muchos expertos creen que es suficiente lo que ya sabemos sobre la ciencia de ignición de viviendas para evitar, en gran medida, que se quemen viviendas y otras estructuras durante un incendio forestal.

"Creo y pienso que la mayoría de los profesionales en la materia creen, que en la actualidad podríamos construir comunidades resistentes a igniciones donde las personas incluso no tendrían que abandonar sus viviendas durante un incendio forestal –el incendio forestal podría atravesar el vecindario y no afectar a ninguna de las estructuras", dijo Gary Marshall, ex jefe de bomberos durante largo tiempo de Bend, Oregon, quien también dicta cursos sobre ignición de viviendas por incendios forestales en NFPA. "Todo el tiempo escuchamos que este problema de los incendios forestales es solamente un problema de sanidad forestal, pero no es así. Es un problema de las estructuras".

Jack Cohen, uno de los preeminentes expertos del país en ignición de estructuras por incendios forestales, se desempeñó durante 40 años como investigador en el Servicio Forestal de los Estados Unidos estudiando las diversas maneras en que los incendios forestales pueden incendiar las viviendas. En la gran mayoría de los casos, dice, las viviendas se encienden no por el contacto directo con el incendio forestal mismo, sino por las brasas que se desprenden del frente del fuego. Mediante el diseño de las viviendas y la selección de los materiales de construcción —techos de metal, malla sobre canaletas, grava en lugar de terrenos con mantillos, cubiertas hechas de materiales compuestos y no de madera—, las viviendas pueden estar suficientemente reforzadas para evitar que sean encendidas por las brasas candentes. Si el espacio de 100 pies que rodea la vivienda se mantiene libre de arbustos secos, pastos crecidos y cercas de madera, se pueden cortar otras vías que el fuego puede recorrer para llegar a la vivienda. Combinados, estos métodos han demostrado, en numerosos experimentos, la capacidad de reducir considerablemente la probabilidad de ignición de la vivienda, sostuvo Cohen. Y son todas medidas que los gobiernos locales pueden hacer cumplir obligatoriamente a través de códigos u ordenanzas durante el proceso de concesión de permisos para la construcción. Los lineamientos se describen en NFPA 1141, Norma para Infraestructura de Protección contra Incendios para Fomento de Tierras en Áreas Forestales, Rurales y Suburbanas, y en NFPA 1144, Norma para la Reducción de Riesgos de Ignición Estructural por Incendios Forestales.

"No vamos a considerar la probabilidad de reducir la ignición a cero, ya que no es factible prever que todos van a quitar las agujas de los pinos de sus canaletas de lluvia o dejar la leña alejada de las cubiertas, de la misma manera que los códigos de incendio no pueden evitar que las personas enciendan velas cerca de sus cortinas de lino", expresó Cohen. "Pero los hechos son claros, las condiciones que principalmente determinan la ignición de una vivienda ocurren dentro de los 100 pies de la vivienda, lo que incluye a la vivienda misma. Si tomamos esos recaudos, podremos evitar, en gran medida, las igniciones por incendios forestales".

En áreas más densamente pobladas, como Coffey Park, la situación es algo diferente —no son las brasas candentes las que causan la mayor parte de los daños directos, sino la ignición de las viviendas entre sí, en una reacción en cadena similar a la de las grandes conflagraciones urbanas del siglo XIX. Las brasas candentes solamente inician el efecto dominó. En estas áreas urbanas, las reglamentaciones para la construcción que limitan la ignición por brasas ardientes a viviendas individuales, así como las reglamentaciones que limitan lo que puede haber entre y alrededor de las viviendas, como tipos de plantas, mantillos, ventanas, refugios, cubiertas y cercas, pueden, en gran medida, prevenir el tipo de destrucción por propagación que ocurrió en Coffey Park, sostuvo Cohen.

Esas son las noticias alentadoras. Lo frustrante para quienes defienden esta postura desde hace largo tiempo es que, por diversas razones, demasiadas comunidades que enfrentan un signi-ficativo riesgo de incendios forestales no requieren que los propietarios de viviendas o constructoras implementen alguna de estas medidas. Incluso en lugares como Santa Rosa, donde los riesgos no podrían ser más evidentes que lo que lo son en la actualidad, Cohen cree que hay pocas probabilidades de que se adopten códigos o reglamentaciones adicionales para incendios forestales en áreas de elevado riesgo; claro está que sería esta la manera de reducir la chance de que la comunidad arda una vez más. "No tengo esperanzas de que vaya a haber un gran cambio", dijo sin rodeos. "Pero el motivo por el que les estoy hablando, y el motivo por el que aún me involucro y me centro en esto, aún después de haberme jubilado, es que tenemos el potencial de poder hacer algo al respecto. A veces, tengo que separar lo que es mi esperanza de lo que aspiro en pro de una sociedad racional".

Hace tiempo que en Santa Rosa hay señales de que el pesimismo de Cohen está justificado. Según los informes de los noticieros locales, el Concejo Municipal de Santa Rosa hasta ahora ha optado por apresurar los denodados trabajos de reconstruir mediante la aprobación de medidas de emergencia que aceleren la emisión de permisos para la construcción. Ello incluye exenciones en el pago de tasas y la cesión de gran parte de autoridades nuevas al personal del gobierno de la ciudad para aprobar permisos con rapidez, limitando la revisión pública. La esperanza está puesta en la construcción de nuevos edificios que deberá estar bastante avanzada antes de la primavera. Muchos funcionarios de la ciudad, entre ellos el alcalde, avalan este enfoque centrado en el apoyo a las víctimas.

Otros, sin embargo, han expresado su preocupación. La concejala de Santa Rosa, Julie Combs, en una reunión celebrada en octubre adujo que es tener poca visión de futuro permitir que las viviendas sean reconstruidas antes de considerar potenciales cambios en las normas para la seguridad contra incendios para protegerlas. "Me preocupa mucho que lugares que hace poco se han incendiado sean construidos en un área de riesgo de incendio y no cumplan con los nuevos códigos que surgen de lo que hemos aprendido de este incidente", dijo Combs, según The Press Democrat.

Los residentes han expresado inquietudes similares. "Poner a nuestra comunidad en un área propensa a incendios nos ha puesto en peligro a todos y nos aterroriza", dijo Marsha Taylor, al concejo municipal. "Necesitamos desacelerar, necesitamos reflexionar y necesitamos observar los errores en la planificación urbana que hemos cometido en el pasado y repensar sobre ellos ahora, y no repetir esos errores una y otra vez".

Pero las voces de cautela parecen estar perdiendo frente a aquellas que quieren que las cosas vuelvan a la normalidad con la mayor celeridad posible. El sentimiento por las víctimas y por facilitar su recorrido hacia la recuperación es altamente comprensible. "Deberíamos escuchar lo que quieren los [residentes], no decirles lo que es mejor para ellos", el concejal Tom Schwedhelm, residente de Coffey Park, dijo.

El director editorial de Press Democrat, Paul Gullixon, fue contundente en su reprimenda de cualquier argumento sobre códigos y reglamentaciones nuevas. "No, no ‘tenemos que resolver, planificar y poner en su lugar’ nuevas reglas para que sean cumplidas por las [víctimas de un incendio]. Tienen el derecho de construir sus viviendas de la manera en que estaban y… supongo que no necesitan que se les recuerden los peligros del fuego. No puedo imaginar nada más frustrante para estos residentes, después de todo lo que han pasado, que haya gente que se frote sus manos con la esperanza de usar este incendio para corregir algún error de planificación del pasado. Esta catástrofe implica muchas cosas. Pero no es una oportunidad para que la comunidad haga una nueva jugada".

AUMENTA EL CONOCIMIENTO DE LA CIENCIA respecto a los incendios forestales y las causas de ignición de viviendas y aun así, la cantidad de hogares destruidos por incendios forestales aumenta cada año.

No hay un método abarcativo para hacer el seguimiento de cuántas son las viviendas que se pierden cada año en los Estados Unidos, pero el Centro Nacional Interagencias contra Incendios o NIFC sí hace el rastreo de las cifras de pérdidas de los incidentes de incendios forestales de mayores dimensiones del país. El recuento de esas pérdidas permite tener una visión de una preocupante tendencia. Desde 1985 hasta 2000, los datos de NIFC indican que un promedio anual de 400 residencias fueron destruidas en grandes incendios forestales. Desde 2001 hasta 2011, la cifra trepó a 1,354 y durante los cinco años transcurridos entre 2012 y 2016, un promedio anual de 3,456 residencias fueron destruidas por incendios forestales. Con más de 6,000 viviendas destruidas en octubre pasado en California solamente, en el 2017 habrá nuevamente una suba en los promedios anuales.

PreocupantesTendencias

 

Los motivos de los fuertes incrementos son multifacéticos. Una historia de supresión agresiva de incendios forestales ocurridos naturalmente ha llevado a un excedente de combustible listo para arder en el ambiente. Un clima cálido seca ese exceso de combustible, incitando a que los incendios se inicien más fácilmente y se propaguen con mayor rapidez, a la vez que hace que sea más complejo extinguirlos. Mientras tanto, las personas construyen más y más estructuras en áreas propensas a incendios, lo que habitualmente se conoce como límite de separación entre un incendio forestal y un incendio urbano o interfaz urbano/forestal o WUI.

Las tendencias de la construcción indican que el hallazgo y promulgación de estrategias para reducir las pérdidas por incendios forestales es especialmente crítica. El Servicio Forestal de los Estados Unidos ha estimado que hubo alrededor de 45 millones de viviendas en la WUI en 2005, y se proyecta que esa cifra aumentará en un 40 por ciento para el año 2030. Headwater Economics, un grupo de investigación con sede en Montana que estudia los incendios forestales y el fomento de tierras, ha informado que vastas extensiones de tierras aptas para desarrollo en los Estados Unidos son también áreas propensas a incendios, lo que significa que existe el potencial de otra escalada de impacto de incendios forestales en la WUI. Todo indica que en un futuro no tan distante, si no corregimos nuestra trayectoria actual, podríamos tener un problema mucho más grande en nuestras manos.

Cómo se desarrolle dependerá, en gran medida, de las comunidades locales, que son las principales reguladoras del desarrollo de la construcción y el fomento de tierras en la WUI, según Ray Rasker, director ejecutivo de Headwaters. Además de la investigación, el grupo también administra el programa de Asistencia a la Planificación Comunitaria para Incendios Forestales financiado con fondos federales, que ofrece a determinadas comunidades asistencia sin costo para la planificación del uso de la tierra en relación con los incendios forestales. Rasker cree que uno de los factores más importantes que obstaculiza el arraigo de prácticas más inteligentes para el manejo de tierras —"la deficiencia fundamental de todo el sistema", según lo describe— es una desconexión entre las decisiones tomadas por los gobiernos municipales sobre el fomento de tierras y las consecuencias de esas decisiones.

"Hay un fuerte incentivo para que los comisionados de los condados locales autoricen sin cuestionamientos casi todas las subdivisiones —incluso las propuestas en áreas muy peligrosas propensas a incendios— para incrementar los ingresos por impuestos a las propiedades, explicó. "Cuando las cosas salen mal, son los bomberos los que pagan por ello, a veces con sus vidas, y son los contribuyentes federales y estatales quienes pagan los millones de dólares que se requieren para defender estas viviendas. Tiene que haber algún vínculo directo entre los gobiernos locales que deciden permitir que haya viviendas en áreas propensas a incendios y aquellos gobiernos locales que pagan al menos una parte de las consecuencias de esas decisiones. No hay una solución milagrosa [para inculcar políticas un uso más inteligente de la tierra en las comunidades], pero esa está cerca de serlo. Si puedes resolver eso, puedes resolver muchos de estos problemas".

Rasker no cree que haya mucho apetito legislativo para penalizar a las comunidades que recientemente han sufrido pérdidas por incendios forestales haciendo que paguen incluso más dinero, pero sí cree que el gobierno federal podría comenzar a hacer que el otorgamiento de subsidios de dinero dependa del cumplimiento de las reglas sobre uso de la tierra, de manera similar a como regula hospitales, subsidios para viviendas y fondos para construcción de autopistas. "En Montana no había reglamentaciones sobre límite de velocidad y se podía tener envases de bebidas alcohólicas abiertos en el auto", dijo. "Entonces el gobierno federal amenazó con suspender el envío de fondos federales para autopistas. Ahora rige una ley sobre envases de bebidas alcohólicas abiertos y un límite de velocidad. Fuimos alineados. ¿Hay alguna manera para que podamos incentivar una buena planificación del uso de la tierra?"

Los expertos sostienen, que además de la promesa de dólares adicionales por impuestos, sigue habiendo impedimentos que pueden evitar que las comunidades promulguen principios más inteligentes sobre el uso de la tierra. La hostilidad a las reglamentaciones, las preocupaciones con respecto a los costos y una escasa comprensión acerca de cómo y por qué se queman viviendas en incendios forestales son todas significativas barreras. "El tema crucial es que necesitamos cambiar nuestros comportamientos y eso comienza con educación", dice Marshall, ex jefe de bomberos de Bend, Oregon. "Tenemos que contar con la gente correcta en los puestos correctos para comprender los hechos, de manera que podamos comenzar a avanzar sobre este asunto. Los legisladores también son propietarios de viviendas".

Bend es un ejemplo de una historia exitosa. Paulatinamente, durante los últimos 40 años, la ciudad ha promulgado una serie de medidas de mitigación de incendios forestales, transformándose de una comunidad que una vez requirió tejas de madera por razones estéticas a una que las prohíbe por motivos de seguridad. También ha adoptado una ordenanza que restringe los tipos de vegetación que pueden plantarse alrededor de las estructuras y multa a los residentes que no cumplen. Marshall dijo que los ciudadanos que defienden la seguridad contra incendios forestales, en gran medida, han logrado aumentar la seguridad, a través de la difusión pública, después de las duras lecciones que han rescatado de los incendios ocurridos en el pasado; y también trabajando directamente con los residentes y con los legisladores para que comprendan cuáles son las consecuencias de la falta de acciones. La ciudad también ha trabajado con el programa Firewise® de NFPA para obtener recursos educacionales sobre la construcción de comunidades adaptadas a incendios.

"Creo que quienes estamos en el servicio de bomberos debemos ser muy honestos con nuestros residentes", dijo Marshall. "Hicimos una campaña en Bend en la que claramente les decíamos a los residentes que no podemos proteger todas estas viviendas durante estos incidentes de [incendio] a tan gran escala. Les dijimos que vamos a categorizar las viviendas basándonos en el mantenimiento que hacen de sus propiedades. Si hacen que sean seguras para nosotros, haremos todo lo que esté a nuestro alcance para proteger esa estructura. Si cuando arribamos nos encontramos con la vivienda cubierta por árboles y agujas de pinos sobre el techo, vamos a pasar de largo".

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Poco tiempo después de la campaña, Marshall dijo que se encontró con un hombre que podaba la vegetación de alrededor de su vivienda. "Yo no estaba en servicio, usaba vestimenta de civil, y le pregunté: ‘¿Por qué está haciendo esto?’. Me respondió: ‘¿No ha escuchado? El cuerpo de bomberos no va a proteger su vivienda si no hace estas tareas de limpieza’", dijo Marshall.

TAL VEZ, LA comparación histórica más cercana con los incendios forestales de la actualidad, en términos de destrucción y frecuencia, son las grandes conflagraciones urbanas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, que sistemáticamente destruyeron ciudades como Boston, Chicago, Londres y muchas otras. El Gran Incendio de Chicago, ocurrido en 1871, por ejemplo, provocó pérdidas por US$ 3.3 mil millones en dólares 2015, según informa el departamento de investigación de NFPA. En comparación, las pérdidas totales cubiertas por los seguros, provocadas por los incendios ocurridos en California del Norte en octubre pasado ascienden ahora a más de US$ 9 mil millones, según el Departamento de Seguros de California. El problema de los incendios urbanos fue resuelto paulatinamente mediante investigación, educación pública, una normativa inteligente y nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas maneras de hacer las cosas. Quienes sostienen esta postura esperan que podamos seguir un camino similar con los incendios forestales.

Visto de esa manera, parece que estamos progresando. Los científicos expertos en incendios forestales confían en que ya tenemos los conocimientos necesarios para hacer que las viviendas nuevas sean resistentes al fuego y reducir sustancialmente la destrucción que causan los incendios forestales. Defensores como Marshall y Rasker, y organizaciones que van desde cuerpos de bomberos locales hasta NFPA, trabajan en todo el país para instruir a propietarios de viviendas y legisladores sobre cómo construir comunidades más seguras.

El gran componente del cambio desconocido, sin embargo, y quizás el más crítico, es si la sociedad misma podrá y desea adaptarse —concretamente, si puede aceptar que los incendios forestales son una característica inevitable del paisaje, y si puede centrarse en el fortalecimiento de las estructuras para resistir a los incendios forestales, y no en políticas y prácticas para suprimirlos.

Cohen ha defendido este cambio de perspectiva desde hace tiempo y cree que es, finalmente, el paso más importante en la eventual reducción de pérdidas por incendios forestales. El logro de tal cambio cultural, sin embargo, requerirá más que razón y voluntad, dijo. Va a implicar conquistar lo que él llama un temor "psicológico social" a los incendios forestales mismos.

"Aborrecemos absolutamente los incendios de paisajes de combustión libre —simplemente no podemos lidiar con eso", dijo Cohen. "Cuando vemos las condiciones extremas del comportamiento del fuego, la escala y la dimensión de las llamas, la amplitud del frente de llamas, la altura de la columna de humo y la velocidad de crecimiento del fuego, es más que emocionalmente desestabilizante para las personas".

Como resultado, durante décadas la política predominante contra incendios forestales del país ha sido la de extinguir los incendios tan pronto como se desataban, sin considerar el hecho de que los incendios forestales han sido desde millones de años, un componente necesario de un ecosistema saludable y natural. Cohen y otros ven esta política como un absoluto fracaso; sin embargo, las estadísticas, que muestran cuantiosos aumentos, tanto en las pérdidas de propiedades como en los costos de supresión durante la última década, hacen que sea complejo discutir sobre el tema. Si bien el enfoque de supresión a cualquier costo, en cierta medida, se ha desvanecido en los últimos años, la estrategia se mantiene arraigada en la psiquis tanto de las instituciones como de los ciudadanos, argumenta Cohen, y desarraigarla en procura de otras estrategias posiblemente mejores resulta ser una abrumadora tarea. Lo que la gente espera es que el gobierno haga todo lo que pueda para extinguir los incendios, sea lo que sea.

"Sabemos que no podemos controlar a los huracanes o tornados, pero tenemos la falsa creencia de que podemos y deberíamos controlar los incendios forestales", dice Cohen. "La perspectiva es que si los bomberos o el gobierno estuvieran haciendo su tarea y empleando el dinero recaudado con los impuestos apropiadamente, podrían haber detenido un incendio forestal inmediatamente después del impacto del rayo que lo desató — no importa dónde o cuántos impactos de rayos hubo, el sentimiento siempre es que ‘deberían haberlo detenido’. No hay absolutamente ningún reconocimiento que contemple las realidades naturales.

Para Cohen y otros, los incendios forestales no son un problema a conquistar, sino un elemento natural que debemos aceptar y al que debemos adaptarnos. Ver este asunto a través de ese prisma es esencial, si tenemos la esperanza de superar nuestra obsesión con la supresión y comenzar a construir de manera más inteligente para resistir un incidente natural inevitable. Durante siglos hemos visto a los incendios forestales como el problema, cuando en realidad el problema ha sido nuestro.

"Los incendios forestales son inevitables. Los incendios forestales en condiciones extremas son inevitables. Eso no significa que la destrucción sea inevitable", dijo Cohen. "Esa premisa está completamente ausente de casi todas nuestras políticas y actividades en torno a los incendios forestales. En lugar de ello, nos centramos en aquello sobre lo que tenemos escaso control y este enfoque nos desvía totalmente de poder hacer algo productivo".

JESSE ROMANasesor asociado del NFPA Journal.
 
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POCAS PERSONAS COMPRENDEN las políticas de las medidas de mitigación de incendios forestales mejor que el Jefe de Bomberos de Colorado Springs, Brett Lacey.

En 2012, el incendio del Cañón de Waldo avanzó a gran velocidad por una cadena montañosa hacia Mountain Shadows, un vecindario de Colorado Springs. La comunidad no estaba preparada para el impacto de un incendio forestal, que desató una conflagración urbana similar a la ocurrida en octubre en Santa Rosa, California, donde ardieron más de 3,000 viviendas. En Mountain Shadows, el fuego diezmó 344 viviendas en aproximadamente cinco horas —a una velocidad de más de una vivienda por minuto— y provocó daños en otras cien. En ese momento, fue el incendio más destructivo en la historia del estado.

Lacey, que se había desempeñado como jefe de bomberos durante casi dos décadas y como miembro del servicio de bomberos aún durante más tiempo, describía a Mountain Shadows como una comunidad que ya en el año 2012 tenía numerosas vulnerabilidades que la hacía proclive a incendios. Muchas de las viviendas tenían revestimientos de madera y tejas de madera. El área estaba densamente plantada de sabinas — "gasolina en palo", como el personal de Lacey las llamaba— y muchas viviendas tenían material orgánico o mantillos en sus perímetros. A las brasas no les faltaron oportunidades de desatar igniciones.

"Sabíamos todos esto y teníamos una buena idea de lo que sucedería si un incendio asolaba esa área", dijo Lacey en una entrevista. "Pero en Colorado Springs, gran parte de la población desconfía del gobierno y no le agradan las normativas. Como jefe de bomberos he tenido que aguardar los momentos oportunos donde las palabras que pronunciaba pudieran ser validadas por lo que el público podía ver, sentir y tocar".

En sí misma, la aprobación de cambios en los códigos de incendio para hacer que Mountain Shadows y otras comunidades sean más seguras era lenta y gradual, y avanzaba en la medida que los dirigentes políticos y la opinión pública lo permitían. La ciudad aprobó sus primeros códigos de edificación para incendios forestales en 1993; incluían requisitos mínimos que restringían el crecimiento excesivo de la vegetación alrededor de las viviendas. En 2002, después de que el incendio de Hayman quemara 133 viviendas a solamente 25 millas hacia el noroeste de la ciudad, los promotores de la seguridad contra incendios de Colorado Springs reunieron el apoyo suficiente como para promulgar una ordenanza que requería que todas las viviendas nuevas tuvieran techos de Clase A, que son resistentes al fuego y generalmente de metal.

No se requirió que las viviendas construidas antes de 2002 hicieran los cambios, a menos que se estuviera reemplazando más del 25 por ciento de un techo.

Lacey sabía que todavía necesitaba hacerse más, y durante su mandato se presentó un proyecto de una ordenanza sustancialmente más integral que incluía reglamentaciones más estrictas para las viviendas construidas a lo largo de las laderas de la ciudad propensas a incendios, entre las que se incluían restricciones en los materiales de construcción, la vegetación y el paisajismo. Después de que azotara el incendio del Cañón de Waldo, el nuevo documento estaba listo para ser aplicado.

Dentro de las dos semanas de ocurrido el incendio, Lacey se reunió con una asociación local de constructores cuyo aval, sabía, era esencial para la promulgación de una nueva ordenanza sobre incendios forestales. De las batallas pasadas, Lacey sabía que el tema de los costos podía fácilmente frustrar el esfuerzo, de manera que le solicitó a la asociación la recopilación de múltiples estimaciones de costos para nuevas viviendas de diferentes tamaños, con y sin materiales ignífugos. Los cálculos que recibió indicaban que la adopción de medidas de resistencia al fuego sumaba solamente alrededor de US$2,000-US$5,000 al costo de la vivienda promedio.

"Creo que contar con las cifras que nos suministró la asociación realmente disipó muchas de las preocupaciones", dijo.

Posteriormente, Lacey y su personal lanzaron una campaña pública para disertar sobre el incendio, el motivo por el que se incendiaron las viviendas y sobre qué medidas podrían tomarse para evitar que incidentes de incendio similarmente catastróficos vuelvan a ocurrir. Después de seis meses de reuniones y difusión pública, la ordenanza fue aprobada.

Hoy, casi todas las viviendas de Mountain Shadows han sido reconstruidas con materiales y diseños de paisajismo resistentes al fuego. Los costos y la oposición general a la idea de reglamentaciones adicionales fueron los principales temas cuestionados, pero Lacey dijo que cinco años después la ordenanza ha obtenido una aceptación generalizada.

"Creo que están muy conformes con la ordenanza", dijo. "Nunca se va a obtener el acuerdo de todos — lo mejor que puede esperarse es que, a regañadientes, la gente se adhiera. Pero no es que tienen que sentirse felices por esto. Simplemente tienen que hacerlo".

EL ÉXITO CON LA POLÍTICA DE INCENDIOS FORESTALES solamente tiene alcance dentro de una jurisdicción —todo puede cambiar considerablemente cuando se cruza la frontera. En ningún otro lugar es este contraste más claro que entre Colorado Springs y su jurisdicción vecina, el Condado El Paso.

Un año después del incendio del Cañón de Waldo, el incendio del Bosque Negro ocupó su lugar como el más destructivo del estado, azotando las áreas rurales no incorporadas del condado, situadas a solamente 20 millas de Colorado Springs. Aunque casi 500 viviendas fueron destruidas en el incendio, poco se ha hecho desde entonces para abordar las preocupaciones sobre los continuos incendios forestales. Poco tiempo después del incendio, en un denodado intento por acelerar la recuperación, los comisionados del Condado El Paso optaron por eliminar el requisito de contar con rociadores en viviendas de mayores dimensiones, una medida que se había aprobado en 2006. En la actualidad, las viviendas individuales no están sujetas a ninguna restricción sobre cómo o dónde pueden ser construidas, y según The Colorado Springs Gazette, los planes maestros del condado para el desarrollo de la construcción no mencionan a los incendios forestales.

Uno de los principales motivos de los diferentes enfoques entre el condado y la ciudad más grande del condado es la diferencia de recursos, la demografía y la estructura gubernamental.

A diferencia de Colorado Springs, el condado no cuenta con un código de incendios universal y comprende más de 26 distritos de cuerpos de bomberos que se extienden desde las estribaciones occidentales hasta las llanuras del este. Con tantas entidades políticas e intereses en competencia es complejo implementar un código de incendios universal, dijo Dennis Hisey, Comisionado del condado, a The Gazette en 2015.

"Sí debatimos sobre un código de incendios de alcance en todo el condado (después del incendio del Bosque Negro)… aunque finalmente decidimos que no íbamos a llegar hasta ese punto", dijo. "Había demasiadas diferencias —era un caso en el que una única talla no sirve para todos".

Marla Novack, directora de Asuntos Gubernamentales de la Asociación de la Vivienda y la Construcción de Colorado Springs, asistió a esos debates después de ocurrido el incendio. Dijo que los distritos de los cuerpos de bomberos del condado impulsaban la aplicación de una ordenanza similar a la aprobada en Colorado Springs, pero como un mandato global para todo el condado, no solamente en las áreas de laderas como se había hecho en la ciudad. Finalmente, los esfuerzos fracasaron, dijo, porque fue visto como extralimitado y no fue respaldado por los residentes.

"Los residentes del condado no son iguales a los residentes de la ciudad de Colorado Springs", dijo Novack. "Se mudan aquí porque quieren vivir en el bosque y no les gusta que les digan lo que tienen que hacer. Quieren que los dejen en paz".

Según The Gazette, en lo que respecta a incendios forestales, reglamentar y monitorear el desarrollo en el Condado de El Paso es una tarea que la gobernación del condado comparte con más de dos docenas de distritos de cuerpos de bomberos, sin que ninguno sea ideal para el rol. "No es el rol del condado ser el bombero o el perito técnico, pero contamos con cuerpos de bomberos con más de 20 voluntarios… pero ¿es ese realmente su rol?, preguntaba Mark Gebhart, subdirector del Departamento de Servicios de Desarrollo del Condado de El Paso, en un artículo de Gazette. "Realmente no hay una persona o entidad dominante con autoridad sobre esos distritos de cuerpos de bomberos. Ellos son sus propios pequeños gobiernos y muchos de ellos tienen sus propios grupos de cuerpos de bomberos o reglamentaciones para el distrito que no están vinculadas con los códigos zonales".

Lacey dijo que, aún con sus décadas de experiencia y la profesionalidad del personal que tenía a su cargo, la promulgación de la ordenanza en Colorado Springs requirió de un esfuerzo masivo. Se identifica con los pequeños cuerpos de bomberos voluntarios con menos recursos. "El proceso público es extenuante e intensivo —no es tan sencillo como programar una reunión de dos horas en una escuela un jueves a la noche", sostuvo. "Nos llevó seis meses lograr la aprobación de la ordenanza. Estas reuniones se programan para las 24 horas del día, sin descanso, y muchas personas, llegado ese punto, realmente ya no escuchan".

Lacey enfatiza que el éxito en Colorado Springs no necesariamente sirve como modelo para otras comunidades. "El mensaje debe estar específicamente adaptado a su comunidad", dijo. "Tienes diferentes demografías, niveles de educación, factores de miedo, niveles de motivación. No puedes llevar a cabo un proceso de adaptación y llevarlo a otro lugar. Si hubiéramos intentado hacer esto en algún otro lugar, hubiéramos sido expulsados de la ciudad". —J.R.

Grandes y pequeñas soluciones

A partir de las entrevistas con expertos en igniciones de viviendas, investigadores de incendios forestales y jefes de bomberos locales, así como de los materiales de los programas nacionales, entre ellos Firewise® de NFPA y Asistencia a la Planificación Comunitaria para Incendios Forestales, se incluye una lista de recomendaciones destinadas a reducir el avance de la destrucción por incendios forestales.

 

NIVEL NACIONAL

  • Incentivar a las comunidades a adoptar una planificación inteligente para el fomento y uso de la tierra haciendo que el otorgamiento de subsidios federales dependa del cumplimiento de las reglas.
  • Cambiar las prioridades de las políticas nacionales para incendios forestales, de la supresión a una mejor planificación del uso de la tierra y la construcción de edificios resistentes a las igniciones.
  • Emplear la educación para cambiar la perspectiva sobre incendios forestales de la sociedad, de un problema a la conquista de un elemento natural que debemos aceptar y al que debemos adaptarnos.

NIVEL CIUDAD/CONDADO

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  1. Requerir a los propietarios el control de la vegetación peligrosa y el mantenimiento de sus propiedades.
  2. Reducir la presencia de combustibles alrededor de las viviendas y dentro del límite de separación entre un incendio forestal y un incendio urbano o interfaz urbano/forestal (WUI) mediante programas comunitarios de mitigación e instruyendo a los residentes sobre los peligros.
  3. Requerir materiales de construcción ignífugos para nuevos desarrollos y renovaciones.
  4. Restringir el desarrollo de las construcciones dentro de áreas de riesgo elevado de incendios forestales, tales como laderas empinadas.
  5. Incentivar a las constructoras a la planificación de espacios abiertos y senderos recreativos, que pueden actuar como franjas cortafuego ante un incendio forestal.
  6. Fomentar la creación de terrenos agrícolas para amortiguar el impacto de los incendios forestales en las construcciones.
  7. Requerir características de reducción de riesgos en las nuevas subdivisiones, tales como ancho mínimo de carreteras, acceso secundario y suministro de agua adecuado.

NIVEL ESTRUCTURAL

StructureLevelWildfireThreats

La difusión pública y las acciones para la educación, tales como el programa Firewise® de NFPA (firewise.org), instruyen a los propietarios acerca de lo que pueden hacer para proteger mejor sus viviendas contra la ignición durante un incendio forestal.

  1. Cortar las ramas que cuelgan sobre la vivienda, podar arbustos crecidos y mantener el crecimiento de árboles alejado de la vivienda.
  2. Rastrillar hojas secas, podar pastos altos y eliminar ramas de árboles y otros residuos en un área que esté dentro de los 100 pies de la vivienda.
  3. Mantener las canaletas libres de hojas secas, agujas de pinos y otros residuos inflamables; reemplazar o reparar las tejas o losas de techos sueltas o faltantes para evitar el ingreso de brasas; reducir las brasas que podrían atravesar ventilaciones de aleros mediante la instalación de filtros de malla de metal de ocho pulgadas; limpiar los residuos de ventilaciones de áticos exteriores e instalar mallas de alambre.
  4. Reparar o reemplazar persianas de ventanas dañadas o sueltas y todas las ventanas rotas.
  5. No almacenar nunca materiales inflamables debajo de cubiertas o porches y eliminar vegetación seca y residuos de debajo de cubiertas/porches y en uniones de paneles de cubiertas.
  6. Mover cualquier material inflamable lejos de exteriores de muros, entre los que se incluyen mantillos, plantas inflamables, hojas y agujas, y pilas de leña—cualquier elemento que pueda arder.

 

 

 

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La National Fire Protection Association (NFPA) es la fuente de códigos y normas que gobiernan la industria de protección contra incendios y seguridad humana.

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